Oscar Cruz y su Maestranza

Oscar Cruz y su Maestranza

  • Ilustración de La Maestranza de Oscar Cruz.
    Ilustración de La Maestranza de Oscar Cruz.

Finalizar la lectura de un libro como La Maestranza de Oscar Cruz, poemario que nos ofrece Ediciones UNIÓN en su Colección Manjuarí, nos deja ciertamente complacidos. Este poeta, que ostenta los premios David 2006, Dador y Pinos nuevos (ambos en el año 2009) y el premio La Gaceta de Cuba 2010 entre otros, entrega una poesía ríspida y directa que muy fácilmente conectará con las vivencias de cualquier lector actual.

Desde que Oscar Cruz, muy dado a declarar principios, nos advierte que dura es la moldura de mis manos, y duros son también mis argumentos”, vamos ya conociendo su juego. Antonio Maceo, Fernando Ortiz y José Lezama Lima son varios de los fantasmas que, sin ser objetos de tranquila veneración, le asisten. Santiago es su locus vital y literario. Y Oscar Cruz es, sobre todas las cosas, un poeta profundamente cubano, un dador de versos a tiempo.

Los días que corren son crudos y veloces. La sociedad muestra cambios de valores y en ciertas cúpulas se legitiman tendencias que entorpecen todo proceso creativo. El autor de La Maestranza sabe de estos embrollos y se manifiesta. Más adelante se le hace necesario declarar su papel: “la función de los poemas es en mucho semejante a la función del intestino”. Oscar Cruz es, en la línea maldita de cierta tradición cubana, un poeta de punzón escatológico, atento a las cotidianas asperezas, pero sobre todo a la hedionda verdad que chilla en los escombros de la historia. Leyéndolo vienen a la mente aquellos versos de César Vallejo donde “un hombre pasa con un pan al hombro”, otros“matan pulgas” o “caen de los andamios” mientras el poeta se debate entre los posibles caminos que ha de tomar su discurso. Leyéndolo viene a la cabeza “La gran puta” de Piñera.

Para Oscar Cruz no es tiempo de “versitos lindos”, sino de saetas de clara certeza y precisión. Su discurso —todo una ascética—, no busca la innovación, no propone o sigue modelos de aparatosa construcción lingüística; más bien en sus versos, el poeta reafirma y legitima el habla coloquial que, unida a situaciones y hechos de la cotidianidad, le aportan al poema un tinte veraz, y una credibilidad a toda prueba. Porque en la obra de Oscar no es posible hallar hojarascas, toda vez que sus argumentos y motivos directamente nos aluden y conciernen. Este poeta de “piso-e-tierra” nos habla mirándonos a los ojos,  mientras denuncia, critica, advierte (y divierte) con una escritura descarnada, tácita y definitiva. No se diga entonces que no es alto su vuelo poético o que no muestra elaboración. Dígase lo contrario. Y además, siéntase el marcado ritmo y, en consecuencia, la efectividad sentenciosa de sus postulados.

Su poética va siendo expuesta a lo largo del cuaderno y su actitud ante la escritura aflora en el segundo de los tres momentos en que se divide el poemario. Sobre la página ochentidos, en el poema “Céline”, Oscar nos muestra de qué se trata su ars poética. Luego, en la página siguiente, desde el primer verso del poema “Campaña”, toma partido como todo un proletario. Entonces, su punto de vista sobre el entorno santiaguero y las instituciones culturales quedan claros en este, su quinto libro de poemas.

…dicen mis amigos que soy un asesino,

que no entienden cómo encuentro placer

haciéndole eso a nuestras ratas.

ratas que llevan una vida consagrada a la belleza.

ratas que llenan de prestigio y hermosura

a la ciudad. solo puedo adelantarles una cosa:

estad alertas.

no conozco el corazón del asesino.

conozco el mío y es horrible.

Leer y constatar cuan necesario es lo que leemos proporciona alivio y tranquilidad. Es este un libro que se agradece y que es digno de celebrarse. Tenemos en Santiago de Cuba un poeta que combustiona y fustiga, un artista que sabe lo que hay que tener para que no te muela la rueda del inmovilismo cultural. Nos habla de igual a igual, transgrede lo bello, penetra en lo sucio y desde allí se despide, letánico pero cierto, Oscar Cruz desde su “Maestranza”:

“y yo sé…

y yo sé…

y yo sé… (bis, hasta el cansancio)