Plantas invasoras: del origen de las especies y el hombre

Plantas invasoras: del origen de las especies y el hombre

  • Portada del libro. Foto: cortesía del autor
    Portada del libro. Foto: cortesía del autor

La poesía cubana actual puede describirse en un estado de concurrencia poética, definición lezamiana que engloba las diferentes generaciones, poéticas, grupos, creadores… que la integran. Es un espacio de confluencia donde cada nueva voz encuentra su lugar, aunque el coro sea nutrido y afinado.

De esa manera podemos seguir el rumbo de las nuevas entradas y hacerle un seguimiento. Realizar una disección a su obra y establecer puntos de contacto, rupturas, golpes propios y otros efectos que pueden estar presente en los textos.

Algunas de estas ideas se fueron agolpando a medida que transitaba las páginas de Plantas invasoras (Casa Editora Abril, 2016) libro que mereció el Premio Calendario. En este cuaderno, Antonio Herrada (Holguín, 1992), su autor, explora hacia una línea discursiva que engloba lo poético, pero tratado desde una aparente sencillez, que se convierte en el principal recurso del libro.

El tratamiento al hecho poético parte de esa lectura del entorno y de una extraña relación con el espacio natural, porque la correspondencia entre la geografía y la poesía adquiere para Herrada una significación que lo distingue. Su formación en una le ha permitido nutrir la otra, de tal manera que el conocimiento geográfico de los espacios y de los elementos que lo componen, aportan para la elaboración de este testimonio poético que se basa en una experiencia sensorial, pero al mismo tiempo, cuestionadora.

Las relaciones entre lo sensitivo y lo cuestionador, van a caracterizar este cuaderno. Los árboles que menciona forman parte de un decorado natural, pero el peso de la historia ha caído sobre ellos, desde la referencia martiana a los jóvenes como los pinos nuevos, hasta la lucha del árbol, donde lo único que lo diferencia de un hombre es la lucidez.

Pero es también el nacimiento del árbol, una casuarina: “endémica del Pacifico / distribuido en las costas tropicales del mundo / especie introducida / indeseada / invasora…” especie que se disemina junto a otros árboles que crecen sin pedir permiso, casi sin sitio y terminan erguidos en el tiempo, a veces, marcando una huella de soledad, de abandono, como las plantas invasoras que crecen en los muros de casas antiguas, donde la humedad permite que esas semillas terminen germinando. Son testimonio potente de la fuerza de la naturaleza, del ímpetu conque crecen y dejan grietas en el cemento.

Desde la portada se resume uno de los ejemplos, el árbol a orillas de la costa, es casi un árbol dentro de un lingote de tierra muy cercano al mar. Cuando repasamos en la memoria esa vista, un regalo desde la ciudad de Gibara al mar Atlántico, uno se convence de la potencia de ciertas plantas invasoras. Que no detienen su paso, que olvidan las inclemencias del tiempo y son capaces de crecer encima de la piedra, donde las raíces deben romper intensamente para afianzarse a algo, para sostenerse.

El autor, realmente ha cumplido una función como cronista, ha contado parte de la historia de ciertos árboles y ha sido generoso en sus descripciones, no ha olvidado detalles, ha logrado atrapar el tiempo de vida, el instante que salva, el último minuto de estas plantas invasoras, antes que sea demasiado tarde.