Pura mecánica

Pura mecánica

  • El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
    El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
  • El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
    El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
  • El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
    El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones. Fotos Maité Barroso
  • Jeosviel Abstengo Haciendo Radio. De la Serie Mecánica Popular. Fotos Maité Barroso
    Jeosviel Abstengo Haciendo Radio. De la Serie Mecánica Popular. Fotos Maité Barroso

Resulta proverbial la capacidad de inventiva de los cubanos. Protagonistas de una historia signada por múltiples carencias, no hay problema o dificultad que se nos resista. “Resolver” se ha convertido, para muchos, en el verbo del día, de la semana, del año, de la vida misma. Y en nuestra lucha por subsistir ideamos mil y un métodos que nos permitan satisfacer las necesidades impuestas por el día a día.

El Período Especial devino prueba de fuego para nuestra creatividad. Ya han quedado atrás los tiempos del jabón fabricado con maguey o hidróxido de sodio (sosa cáustica), el picadillo de cáscara de plátano, la natilla de chícharos y la generación de electricidad utilizando una bicicleta. Pero la bola pica y se extiende. Basta salir a la calle e indagar un poco para “descubrir” nuevas fórmulas o estrategias de supervivencia que obtendrían el Gran Premio en un Fórum de Ciencia y Técnica. Han cambiado algunos intereses, mejoró el soporte tecnológico, pero ese derroche de originalidad sigue manifestándose en todo su esplendor.

A nuestra particular capacidad de invención tributan los dibujos reunidos en Mecánica Popular, exposición personal del joven artista avileño Jeosviel Abstengo Chaviano, que por estos días acoge la capitalina galería Villa Manuela.

Jeosviel toma como referencia la conocida revista estadounidense Popular Mechanics, publicada en 1902 por Henry Haven Windsor (y vertida al español en su versión latinoamericana cuarenta y cinco años después) para ofrecernos varios algoritmos, fáciles de reproducir y al alcance de todos, que nos permitan sacar de dónde no hay, camuflar mercancías, trasegar materiales, defendernos en el mercado negro. En una palabra: resolver, infinitivo que, ya sabemos, nos saca del apuro, aunque colinde con otros, más terribles y preocupantes: mentir, estafar, delinquir.

¿No ha podido vender los mameyes que recogió anteayer porque no se maduraron? Páselos por la olla de presión y verá lo blanditos que quedan. ¿La cifra en la factura del consumo eléctrico le provocó un principio de infarto? Enloquezca al metro contador colocándole encima un trozo de imán. ¿Necesita transportar sin riesgos esas libritas de «tilapia de potrero» que consiguió por debajo del telón? Utilice la carcasa de un radio VEF. ¿Quiere que sus quesos artesanales le proporcionen más dinero? Al confeccionarlos, póngales dentro un bloque de madera. ¿No tiene presupuesto para conectarse a Internet? Olvídese de las bandejas de aluminio, las tarjetas nauta, contraseñas y parques, y construya una antena wi-fi utilizando un sartén.

No hay objetos que usted no pueda manipular en función de sus intereses; no hay obstáculos o estrategias de control que usted no pueda sortear con un poco de paciencia e inventiva. Al menos, eso nos asegura Jeosviel mediante sus dibujos “científico-técnicos”, fieles reflejos de una praxis investigada a fondo, lo cual presupone un estudio de campo nada desdeñable. Este método de trabajo le ha permitido articular una suerte de Ingeniería del Invento que revela nuevas facetas del surrealismo nacional, sin fin ni parangón a nivel mundial.

El artista no aborda las causas de los problemas; por el contrario, se concentra en sus posibles soluciones, reflejándolas con un humor cáustico que al principio nos divierte, luego nos asombra y al final termina por incomodarnos, pues cuestiona nuestras eticidades, personales o colectivas, poniendo el dedo sobre múltiples llagas. ¿El fin realmente justifica los medios? En la carrera por sobrevivir, ¿todo es válido? ¿Aunque traicionemos nuestro sistema de valores? ¿Aunque incurramos en una ilegalidad? ¿Quedan ya valores que traicionar, límites que no hayamos cruzado, delitos por idear?

Bajo la sonrisa epidérmica y la jocosa sorpresa que provocan los dibujos de Abstengo subyace el valor real de la exposición: ese cuestionamiento directo, mordaz, doloroso, a comportamientos diarios sin los cuales, muchas veces, no podríamos enfrentar un nuevo amanecer. Comportamientos que no pueden ser ignorados, pues basta con desplazarse por el espacio público para enfrentarnos a ellos, beneficiarnos con ellos o hacernos los de la vista gorda y asumir el silencio cómplice. De nosotros (incluso, en contra de nosotros) depende que la carne llegue al plato, que el café nos despabile por las mañanas, que nos llenemos los bolsillos sin medir las consecuencias. Al final, la conciencia nos pasa la cuenta, y terminamos por saldarla o aprendemos a vivir con ella. A cada quién, según le corresponda.       

“Lo que se le ocurre a un cubano no se le ocurre a nadie”, reza la sabiduría popular. Y es verdad que nada se nos resiste, que nos colamos por el hueco de una aguja, que montamos un negocio en una cuarta de tierra. Estas máximas toman cuerpo en Mecánica Popular, exposición sugerente, simpática, crítica, conectada con nuestra realidad inmediata, con la que se vive todos los días en la acera, en el barrio, en “la concreta”. De paso, es una muestra que devela aspectos polémicos de nuestra identidad, de nuestras formas de ser y comportarnos, lo cual contribuye sustancialmente a su valor simbólico.

La culpa será de Jeosviel si, a partir de ahora, empezamos a mirar con sospecha los radios VEF, las gomas de automóvil, los tanques de agua, las parillas de las bicicletas, Ah, y en especial, los mameyes “maduros”.