Terrorismo codificado en espacios de entonación

Carlos Augusto Alfonso más allá de Cerval y El rey sastre

Terrorismo codificado en espacios de entonación

  • Carlos Augusto Alfonso en sus libros lleva al extremo la desarticulación lingüística.
    Carlos Augusto Alfonso en sus libros lleva al extremo la desarticulación lingüística.

…la única manera de interpretar una obra de arte es haciendo arte.

Steiner

Bájame el referente teocrático del rasta surrealista.

Lástima lastima Lezama con su sierpe un ensayo menor tubo de essay,

Si martí no es moderno que se fuga ah que tu escapes ah,

sufre Madame Blavatski bla bla bla OuLiPo de metarrestricciones.

Derrida derribándose no cree en géneros degenerado él

de heurística limítrofe correcto éticamente pero sordo en potajes follebá…

C.A.A: “Revisión de la DEA” InéditoI

Fugado del proceso (in)civilizatorio me (a) vengo hasta Gibara, ciudadela norteña, 800 kilómetros, aproximadamente, al este de La Habana, aunque tirando al sur, para poner a prueba —solo por si resiste— los contradiscursivos volúmenes de Carlos Augusto Alfonso (C.A.A.). Pido una Coca Cola, que no cívicos rones de travesía frecuente, para sortear el tráfago de invisible provincia, y escudriño una mesa de plástico en rincón anodino para (re)sumergirme en páginas desérticas. Me digo que muy pocos cometen semejantes diligencia y albur, en tiempos apoéticos, promóviles, pro, sobre todo si libros como este otros los excomulgan para materias primas ensanchar… pero respiro el vaho del playazo eremita y franqueo el vademécum como aíslan sus valvas las criaturas bentónicas.

II

Decir que Carlos Augusto Alfonso Barroso (La Habana, 1963) es uno de los poetas más importantes de la historia de la literatura cubana pudiera parecer un exceso, en tiempos excesivamente dados al elogio, sin embargo si quien hace la afirmación es alguien que durante años ha seguido atentamente los rumbos de la poesía insular y de su obra sostenida, de intensidad ascendente desde la década de 1980 hasta el segundo decenio de la centuria XXI,[1] no puedo hacer otra cosa que realizar el desmontaje de sus textos, con el auxilio de una metodología hermenéutica transdisciplinar, terminología incómoda, aunque necesaria, proveniente de los diseños universitarios de investigación, para comprender y explicar qué es lo diferente en este volcánico e impredecible tejido mental vaciado en páginas que es la concreción en versos del sorprendente poeta.

III

Craquear obras-destrucciones de un demoledor de evidencias que en el exordio piensa no pensar, hace lecturas (muchas), construye su catedral colona, forma binaria de conversar, porque ya le es imposible construir oraciones, C.A.A viaja, de pie, artillado con inusitados presupuestos, en época en que los vocablos excepción, originalidad, etc., son absurdos depósitos.

Cerval y El rey sastre son, hasta la fecha, los libros donde llevó al extremo la desarticulación lingüística. Tempranamente el éxodo emprendido hacia la ilogicidad, atropellar las conectivos, desestabilizar los átomos de la mixtura, son algunos principios de que se ha valido para coser –literalmente– objetos culturales y disimular al máximo los costurones.

Si el aguardiente monta su estética de sátrapa paso al anonimato.

Bretón no es irrastreable roba con las (con) comitancias ingenuas

/en el ómphalo.

Si nadie aúpa chirimbolos de la (no) men-klatura dimes que te dirés

/galvanizantes.

no sé cómo abstergerle los cigarros a la abuelita cíngara.

Lector de chotacabras mercachifle señor salga del cuadro &,

ya lo enhebró un turista visigodo de los lémures,

pero si lo encapsulan en corporeidades de clústeres innúmeros,

que me canten plácido Plácido contra la incertidumbre del principio

/popscorn del hueco de gusano.

El comando virtual ya peligra por la mente del muerto

que me habló en la tecné.

(“No me tires el muerto de Boscán”)

IV

Subversor por naturaleza, C.A.A. invierte la gramática, destruye la sintaxis, descoloca los módulos de significación y suprime todo empaste con las runas causales. Aparenta que algo inicia el relato, pero no ocurre nada. Quita los cortafuegos para que el “verso” escale su condición limítrofe y crea una atmósfera de asfixia por bombardeo endodérmico.

Al engarzar los segmentos de una realidad ázima sin aparentes nexos con lo real, el poeta propone el total despalabro, la muerte de los símbolos y signos, la absoluta carnavalización. Todo es pura dinámica. Ola sobre ola en desenfoque permanente. Virtual espuma. Desgaste de la materia hasta el estatus de arenisca. Reseca resaca res ak. Ulcerar los grafemas. Reprimir los vocablos. Pecado por exceso. Que las medidas pierdan la mensura, la contención del continente que refrenaba, otrora.

Sustantivos metamorfoseados en verbos, reiteraciones sin sentido, variaciones en círculo de reiteraciones, variaciones de variaciones... Expresividad seudo-paranoica, recovequismo fraseológico, verbos sustantivizados, neologismos en propulsión a chorro, integran estos “cantos rapso-armatostes” destribalizados y destribalizantes.

Digo mesa del rey Arturo con un normando palafrén

que toca los nenúfares/ el banjo/

encostrados sobre los Apalaches aparatchiks mediúmnicos,

rey Jerjes en salmuera tráfico de bostas en vinagre veneno de quién.

Descalzo ríe el ergotaxativopostanático frente a victrola wiskilandia

que me trago me trasgo la espelunca nubiola,

mujercita de Nubia cabeza de guisante

mesando (remeciendo) al alpinista outsider performático.

Al expandir cableado del abeto a ver qué le depara el traumatismo

si te vas a reír ve ascendiendo en apnea

con los agrimensores interpuestos entre la arena eurítmica de Gales

y unos tics que le roncan

ten en cuenta rucios polilumbares bifor crismas… 

(“El tululú de los que hablan en lenguas”)

V

Un motivo (no tema) central en apariencia arroja sus cableados (submotivos) alternos que se despliegan o hinchan como balsa de goma inflable y se dispersan por un período de (a) significación y crean los soportales del constructo, objeto de trasbordo adjunto a nave principal, módulo de descenso de ergonómico challenger.

Para C.A.A. es imposible la lógica tradicional porque el lenguaje es un fantasma, un fardo sobredimensionado, un lastre sin sentido porque sus degluciones son máquinas mutantes arrojadas contra el fondo de un telón incoloro que invisibilizando invisibiliza a la obra y al sujeto.

A la hora en que bajan con el plectro los yumas yermos “yasabetú”

ni en Tanzania les ven-den las criaturas del miedo huanlong donde

/ingresan los plásticos

de la avana con espejuelo afro luyanó el quitamaquillaje del charco

/que no ve

con el cráneo en dos tapas tápame tápame tupamaru en las ingles,

sube a la maquinona cigarros joligud y abanaclú en los clústeres…

(“Casa con paredes de goma [dagaskar]”)

No creo en la interpretación como manejo de una clave significante que resolvería un supuesto matema del inconsciente. Más bien la percibo como un trabajo que consiste en situar los diversos sistemas de referencia de la persona frente a la cual nos encontramos…, leo en Micropolítica,[2] y por semejante intelección, en estas páginas prefiero no formular ninguna propuesta que bordee posibles develaciones, sino intentar, en la medida de mis posibilidades, desplegar mi instrumentología para apropiarme del ADN de esta escriptura poliédrica, filo jerga obturada por quien practica muchas herejías como la de apropiarse hasta de términos provenientes de otros idiomas que luego aplasta.

Vengo a la bocacalle (boca) calle calle boca desboquiando ansiolíticos

que en Lezama era mérito y plastrón en Sicilia,

un judío anapéstico y yambo desvencijado en aura y cuerpo

(C) mental alambique de toldos contra toldos

con himnos necionales y polacos entrándome a puntadas.

Deus deseoso en mesita que refunfuña sin

por ese mismo nescafé do la estuve esperando

y me re-signaron las mucamas sirviéndole a turistas “elantesqué”. Mesa

/del rey Arturo con judíos estafándole

maldita cucaracha cha cha cha tropeloso ve a colgarte del breker

en la noche cachonda de la posmodern fábrica que se quedó

/chiquita.

(“Saca el pie chakespiare”)

VI

C.A.A. jamás ha trabajado con sensibilidades ni emociones de la manera en que lo hizo la promoción de los ochenta. La suya es ardua obra de anonadamiento, perturbación, desentono, (des)(canon)ización de los sentidos, el énfasis, la representación. La soledad del ser humano desvalido, el ente de la mugre que (re)visita gustosamente los depósitos de basura, la incomunicabilidad con quienes le rodean (“Día mundial de las gentes que no me ven”), la obsesión derivante en monomanía, los desastres personales pese a la perseverancia sin límites, la invalidez ante fronteras y disturbios, todo entra y se metamorfosea en la cámara del hombre que camina Alfonso. Intifada filosimbólica que un día decidió, a cuenta y riesgo, no simbolizar más. Traducibilidad intraducible ad libitum. Crematorio de la objetuaria cultural y plurívoca. Formular no-palabras. Masacre del lector. The Great Blackout.

Notas:

[1] Hasta el 2016, fecha en que se escribe este texto, los libros publicados por Carlos Augusto Alfonso son El Segundo Aire. Premio David de la UNEAC, 1986; Colección David, Ediciones Unión, La Habana, 1987; Población Flotante. Colección La Rueda Dentada, Editorial Letras Cubanas y Ediciones Unión, La Habana, 1994; La Oración de Letrán. Premio Pinos Nuevos 1995. Colección Pinos Nuevos, Casa Editora Abril, La Habana, 1996; Fast Delivery. Premio Abril 1994, Casa Editora Abril, Ediciones Poramor, 1996; El Ladrón de Licario. Premio Proyecto de Creación Dador, 1997; Cabeza Abajo. Premio Julián del Casal de la UNEAC 1996 y Premio de la Crítica, 1997; Ediciones UNIÓN, La Habana, 1997; Cerval. Premio Internacional de Poesía Raúl Hernández Novás 2001 y Premio de la Crítica, 2004; Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004; El rey sastre. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010; Protestante. Prólogo Reina María Rodríguez, Colección Contemporáneos, Ediciones Unión, La Habana, 2014.

[2] Guattari, Félix y Suely Robik, “Interpretación: el analista y el pianista” en Micropolítica; cartografías del deseo. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2015, p. 339.