Tomás Sánchez: Notas tomadas a propósito de su obra

Tomás Sánchez: Notas tomadas a propósito de su obra

  • Tomás Sánchez
    Tomás Sánchez
  • Tomás Sánchez, Relación
    Tomás Sánchez, Relación

“En los objetos que aparecen en una fotografía lo que varía es la intensidad con la cual se nos hacen presentes los polos de ausencia y presencia”.

            John Berger

 

Ante la espiritualidad sobrecogedora de la naturaleza, la mirada humana queda impávida y la mente encuentra asidero en la conexión espiritual con el universo, eso parece decirnos Tomás Sánchez (Aguada de Pasajeros, Cienfuegos, 1948) mientras aferra su mirada a la naturaleza, guiándose y buscando asidero en las respuestas que encontrara el músico, filósofo y pintor John Cage (1912–1992) a sus dudas existenciales: la obra de la cantante hindú Gita Sarabhai donde se asegura que “el propósito de la música es moderar y aquietar la mente, disponiéndolas así para las influencias divinas”, y los escritos del representante de la llamada filosofía perenne Ananda K. Coomaraswamy (1877–1947) al manifestar que “la responsabilidad del artista es imitar a la naturaleza en su modo de actuar”.

Vale la pena acercarnos a la obra del reconocido artista cubano, cuyas más recientes exposiciones en la Isla han sido Paisajes, inaugurada en el Museo Nacional de Bellas Artes como parte de la 12 Bienal de La Habana, y Notas al paso, muestra fotográfica exhibida en varias partes del país, entre ellas el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, en La Habana, el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín y su homólogo en Bayamo, durante la Fiesta de la Cubanía. Antes de su periplo insular esta muestra fotográfica se expuso en Casa de Vacas, en el Parque del Buen Retiro, en Madrid, España.

Tomás Sánchez es conocido en el ámbito nacional e internacional por sus monumentales representaciones de la naturaleza: imágenes en quietud ingrávida o en arremolinado y armónico movimiento, donde el equilibrio y la paz dominan el paisaje en equidistante asombro de luces y colores; pero también es admirado por la que quizá sea su obra más conocida: Relación, pieza de 1986 expuesta de manera permanente en la Sala de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Pocos pintores gozan en vida esa extraña suerte de que se identifique su obra, tanto con el Museo como institución, como con la plástica nacional, pues Relación es parte identitaria de Bellas Artes, como de la plástica cubana en su sentido más abarcador y expresivo.

Treinta años atrás, el mismo museo que acogió Paisajes fue sede de una amplia exposición retrospectiva de la obra del pintor, bajo el nombre Tomás Sánchez. Retrospectiva, reseñada en el libro–catálogo de esta última muestra, que incluye además un ensayo de la curadora Hortensia Montero y una entrevista al artista, a cargo de Clara Astiasarán. “Estamos hablando de un creador que ostenta y utiliza lo que pudiera denominarse una sensibilidad inteligente, es decir, la armoniosa combinación de un espíritu sensible y delicado, fino y sutil, con una gran capacidad intelectual nutrida de numerosas lecturas y meditaciones o, lo que es casi igual, una espesa cultura acumulada”, señaló entonces el reconocido crítico e investigador Rafael Acosta de Arriba en la presentación del catálogo.

Sobre los intereses que le motivaron Paisajes, Tomás Sánchez afirmó durante el conversatorio con el público: “No es que vaya a haber una ruptura en mi producción sino que miro las cosas de un modo diferente y me apropio de la realidad, sin prejuicios, con toda la intensidad posible y a partir de mi propia experiencia vital. Eso comencé a comprobarlo cuando hace unos años sufrí un infarto, que me había sido pronosticado. Un astrologo me dijo, con décadas de antelación, que en determinada fecha llegaba el fin del camino, pero sobreviví. Parece que no era un anuncio de muerte sino de renovación, el comienzo de una nueva vida que se va reflejando en mi obra y en los intereses que voy abordando. Le doy un valor mucho mayor al ser humano, al milagro de la propia existencia, a la relación con la naturaleza. Ahora veo lo que me rodea de un modo más cercano”.

El artista cienfueguero –cuya obra se expuso en el Museum of Art, Ft. Lauderdale, Florida, Estados Unidos, 1996, bajo el título Tomás Sánchez. Different Worlds– partió inicialmente de la fotografía para captar y mostrarnos la imagen de la naturaleza, como lo demuestra en la propia Relación y otras obras de los ochenta y noventa. “Son innegables, sin duda, los puntos de contacto de la fotografía con la pintura: su carácter bidimensional; el uso de elementos formales relativamente similares, como la incidencia de la luz, los planos estructurales y el color; las temáticas en determinados momentos favorecidas como significantes socialmente validas, las líneas de estilo, etc...”, añade la crítica e historiadora del arte Adelaida de Juan, en su libro Abriendo ventanas. Textos críticos (Letras cubanas, 2006). Tomás Sánchez, subraya Adelaida de Juan, utiliza la fotografía “para recrear pictóricamente nuestro cambiante paisaje rural”.

La obra de Sánchez se inscribe en esa relación de la fotografía de mostrar los polos de “ausencia” y “presencia” de los que hablaba el crítico inglés John Berger, de cercanía y distanciamiento, de la inacabable espiritualidad que puede captar la mirada fotográfica cuando es, en cierto sentido, diferente a las demás. Pues “la fotografía –escribe Adelaida de Juan– para “ser”, ha de “ser diferente”. No basta con señalar la intervención del aparato mecánico en la fotografía, tanto en su consideración negativa (...) como en su apropiación positiva. Ambos planteos son hipertrofias de una realidad que se remite, “sobre todo”, al uso que de este instrumental haga el hombre: tanto con su imaginación como con el ojo, los cuales, a su manera, selecciona y componen lo que la máquina ha de registrar”.

Notas al paso la componen 16 obras fotográficas de gran formato, tomadas en la Isla de Guanacaste (Costa Rica) y en Cuba: imágenes que “juegan con una luz libre, contrastada, alejada de cualquier estereotipo, porque ella es quien marca el ritmo de la composición. Estas piezas responden a una acción de exorcismo y experimentación con el medio de creación, aunque nos haga saber que solo del virtuosismo técnico no emergen las sensaciones. Hay que comprender que el arte es también una actitud y una postura ante la vida”, escribe Jorge Fernández Torres en el catálogo de la exposición, bajo el título “Tomás Sánchez y los estados de la mente”.

El mismo artista ha asegurado la importancia de la meditación en su vida y por consiguiente en su trabajo artístico: “La experiencia de la meditación ha marcado definitivamente mi vida y la forma en que percibo el mundo influye en mi arte. La forma de meditación que practico está llena de devoción por Dios y por el Ser, la conciencia-energía que dio forma a ese mundo, fuerza que reside en nosotros como nuestra alma o ser interior”, asegura Fernando Castro Flórez en el ensayo que acompaña el catálogo, “El testigo de la belleza. Una aproximación a los “estados de la mente” de Tomás Sánchez”.

Bien podrían componer la exposición Notas al paso dos partes, dos miradas que se tornan una sola: la mirada primigenia, pasiva e inquietante del génesis creador, donde le es permitido observar al artista, captar la escena/esencia con su lente; adentrarse en esos “estados de la mente” que componen la percepción de la imagen fotográfica en su forma más pura. Pues “su proceso creativo se desliza como un mantra en la compasión, la meditación y el pensamiento. La fuerza le viene desde adentro con ese sonido estremecedor pero imperceptible a su vez del “om nacmach shivai” de los cultos hindúes”, escribe Fernández Torres.

Y añade a continuación: “Tomás Sánchez conoce del protagonismo de las imágenes y de todos los objetos que nos rodean y que nos colocan en una invención aleada del mundo sensible. Crear necesidades materiales desde el artificio abarca esa obsesión por lo simbólico de esta llamada tardomodernidad. Por eso, obras como esta trascienden la noción de arte corporativo con la que convivimos en la actualidad [...] Este artista no necesita traer elementos reales a los elementos reales a los lugares de exposición, lo que pretende es que desde lo abstracto volvamos sobre el detalle. Lo telúrico es resaltado por encima de lo analógico. La motivación esencial de Sánchez no es transformar nuestros conceptos, si no que nos enseña cómo volver a interpretarlos”.

La primera mirada la integran imágenes de riscos, rocas, peñascos... imponentes piedras en tierra firme, rodeados en parte por vegetación, monumentos naturales de la quietud a los que se adentra Tomás Sánchez: “Roca que sabe mirar”, “El fraile”, “Gratitud”, “Expresionista” y “Éxtasis de roca”.

La otra mirada —que es en realidad una sola— viene a captar la infinitud del mar, la pasividad de las olas y las tormentas que ellas mismas pueden generar de manera casi dramática, el golpear de la marea enfurecida en las rocas de la costa; imágenes en las cuales se alzan, como punto de equilibrio, las islas de rocas, los peñascos, las piedras en el mar... La componen las obras: “La ilusión de creerse mascarón de proa”, “Vertical”, “Olas y reflejos”, “Ir y venir”, “Sonido de ola en vertical”, “Roca bruja”, “Drama”, “Inquieto aquí, sereno allá”, “Isla lejana”, “Misterio de isla y rocas” y “El hechizo”.

No casualmente el Nobel colombiano Gabriel García Márquez afirmó que “mientras más conocemos su obra más la amamos, y más seguro estamos que de si de veras el mundo merece ser hecho de nuevo es porque se parezca lo más posible a su pintura”.

La obra del cubano Tomás Sánchez Requeiro —entre ejercicio pictórico e imagen fotográfica— muestra que el ojo expectante es además ojo surreal y creativo: ojo maravillado por la creación, ojo imagen/vida, pupila palpitante de quieto asombro y de honda reflexión ante la pequeñez del hombre frente al universo. Y al mismo tiempo: aproximación pensativa a los estados puros de la naturaleza en las infinitudes de la mente, notas al paso del hombre por los paisajes de la vida, por los diferentes estados del “samsara”.