Un Premio de la Crítica muy merecido

Un Premio de la Crítica muy merecido

  • Cubierta del volumen premiado en el concurso Casa de las Américas. Foto tomada de Internet
    Cubierta del volumen premiado en el concurso Casa de las Américas. Foto tomada de Internet

Se está arraigado cuando se trata de resistir. Este aserto de Henri Michaux me convida y me sirve de estímulo para adentrarme en la obra de uno de los poetas más prolíficos de mi generación, de un creador que deja al auditorio conmovido y dando palmas cuando lee, y, curiosamente, uno de los menos estudiados por la crítica. Me refiero a Reynaldo García Blanco, que ha ganado, para alegría de muchos, el Premio Casa de las Américas con el libro Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa [1] y hace sólo unos días el de la Crítica Literaria.

En el siguiente acercamiento me referiré a esta, su más reciente entrega, y, aprovechando la ocasión que ello me brinda, al resto de sus libros, de manera general. Hablo de arraigo y resistencia pues su poesía, de hermosos textos memorables, de alabanza a la patria [2], ha reflejado distendidamente en sus últimos libros, con un lenguaje irónico, aparentemente ligero y rejuego coloquial, propio de la antipoesía, conflictos insalvables de nuestra sociedad, como es el caso de la falta de espíritu crítico a todos los niveles, y la necesidad de ver al hecho de practicar la crítica no como una ofensa al sistema, sino como algo utilísimo, si queremos que mejoren sus desaciertos:

Ese gran pudor shegeliano que nos ronda

 

Antes de entrar a las clase de Filosofía

Nos quitaron el Winchester

Y las ganas de polemizar.

Me sentí soldado raso

Como un Aristóteles cualquiera

Que le faltan tres días para el cobro.

Entonces me acuerdo de Buda

Y aquello de que los carpinteros dan forma a la madera

Y que los flecheros dan forma a las flechas

Y que los sabios, mejor dicho, los soldados rasos

Tienen que darse forma a sí mismos.

Favor devolverme el Winchester. [3]

 

En tal sentido en toda su obra se aprecian las influencias de la antipoesía cultivada por Nicanor Parra o Roque Dalton, hasta el punto que estos autores y otros afines son mencionados en el cuerpo o en los títulos de los poemas[4]. Así, entre un tono irónico y simpático, y un uso desenfadado de la cita, acontecen los goznes de esta escritura, donde a partir de dicha corriente literaria, ubicada dentro de la postvanguardia, que expresa, en sus mejores cultores, las vivencias del hombre masa o el hombre de la clase media en el sistema capitalista, fustiga nuestros males y los desmanes del mundo contemporáneo. Es una poesía que, de un libro a otro, ha ido despojándose del carácter solemne y grave, y ha apostado por desacralizar la realidad mediante un lenguaje cotidiano, burlesco, irónico. Así hay un fundamento y una enunciación ligeros que toman como laboratorio de pruebas a la historia, particularmente las complejas realidades que han implicado nuestras relaciones sociales y sicológicas con la antigua Unión Soviética:

Evstuchenco cae la nieve

 

Desde esta ventana no podemos ver a Lenin.

Los muchachos han llegado con botellas

Y algo de blues.

En la mañana

Los despreciables profetas del pesimismo

Intentaron una cabeza de playa en esta parte de la ciudad.

No fue suficiente leer a Horacio.

A Esenin, Mayakovski ni al viejito Fiódorov.

Ignoro la fecha y el oprobio

Que es escribir para el viento.

Eso bien lo sabes, Evgueni,

Evgueni Evstushenko ahora que cae la nieve

Y tal vez nos toque morir con las botas puestas.[5]

 

Es un poemario, como algunos de los ya publicados, para dar fundamento a las dudas y pareceres del ciudadano contemporáneo, donde el afán coloquialista resalta de un texto a otro [6]. Donde se refleja una contemporaneidad galopante, escindida y mezclada con el afán fanático de las ideologías, o se dibuja la insospechada u oculta gravedad que persigue a la ligereza. Se describe una vida que se organiza inevitablemente alrededor de los poderes político, religioso, la vida del ciudadano de a pie:

Cervesatorio (revisitado)

 

Ayer en la tarde

Mi mujer y yo

Dejamos a un lado la Biblia

Y nos fuimos a la puta e inmunda ciudad

Por unas cervezas.

Ella habló mal del poder eclesial

Y yo del poder político.

Para relajar la reunión

Conté el chiste aquel

De que para reunir a Los Beatles se necesitan tres

                                                             / disparos más

Y los amigos rieron hasta el desastre.

Pasada la media noche

Como dos tórtolos heroicos

Regresamos a nuestra casa detrás de las colinas

Y fuimos felices

Porque vimos a Dios dos veces. [6]

 

El poder de lo intrascendente y de las imposibilidades cotidianas, que vuelven irracional una especie de aviesa voluntad que ha pretendido abolir las costumbres del cubano: tomar un trago, hacer un chiste, relajarse [7]. Esta es una poesía que aposta por la ingeniosidad, por la asociación inesperada, consiguiendo un poco de humor para el desastre, por una especie de postestimonio donde se ficcionan las vetas de la realidad, en tal sentido el poeta se nos muestra como “el ser que vive detrás de las colinas”, algo que sabemos cierto. Lo cual no se limita a nuestra nación cuando aplica los recursos del cine de ciencia ficción al propio elucubrar e imaginar en el poema, donde refleja el peculiar impacto en un país pequeño de los grandes sucesos políticos y científicos del gran mundo, llevados a cabo por países poderosos: la manera, unas veces ingenua, u otras veces impotente, de asumirlo. [8]

Así, como deudor de la antipoesía, asume su retórica: es  decir, resulta fácil detectar cuáles son los mecanismos que componen su estilo, ya sea en el terreno del lenguaje, en la visión del mundo y en la idea del poeta —hace uso y abuso de ella— . Se pretende con ligereza tocar los resortes de lo profundo, lo que en algunos casos se consigue con ingenio y gracia, en otros, no se rebasa la intención de juego: es solo el efecto de la ironía saltarina, seduciéndonos un poco cuando se habla de nuestros males cotidianos, de nuestras mínimas grandezas cotidianas, pero luego sentimos que el estremecimiento sólo se quedó en la sensación.

En este libro, organizado como un disco, con su cara A y su cara B, me seducen dos poemas, uno por cada cara, para ser armónica y justa: “Cremaster” por la cara A, donde el poeta se despoja de la ironía, sin reflejar la incongruencia del mundo cotidiano, e irrumpe su dolor, muchas veces rumiado. Y por la cara B, “Como decía Bolaño la vida es un poco más dura que la literatura”, que se constituye en una efectiva enumeración del caos, más que caótica. [9] En esa tesitura le hace guiños a la idea de Wordsworth de que la poesía es la autobiografía de la conciencia del hombre, y en toda su obra echa mano a lo que para Auden son las claves para escribir: la manipulación de la memoria y de la identidad.

 

Notas:

[1] Reynaldo García Blanco: Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2017. El autor ha publicado Casa del fabulador (1989), Larguísimo elogio (1990), Abaixar las velas (1991) (Premio Pinos Nuevos), Textos para elogiar a la novia y al país (1991), Advertencias (in)fieles para escuchar el pájaro de Stravinsky (1992), Perros blancos de la aurora (1994), Adiós, naves de Tarsis (1995), Reverso de foto & dossier (2000) (Premio Calendario), Artefactos (2002), País de hojaldre (2004), Campos de belleza armada (2007), Opus ciudad (2013) y Otros campos de belleza armada (2013) (Premio Milanés).

[2] Véase su poema “Larguísimo elogio”, uno de sus textos más recordados, donde, a diferencia de este último libro, se asumían las maneras de lo coloquial, pero con empleo de un mayor número de metáforas, derrochando más nostalgia, sin ironía, con dolor:

 

Un país es como una novia /  Uno ama sus precipicios / Y todos los días conoce un poco más de sus aguas

 

Una novia es como un país / te siembras y no pones en peligro su perfume

 

Y es aquí donde radica el misterio / la casa es larga y viene a la deriva. De un machetazo / han muerto al bandido que asustaba a bichos y perros / que perdían el sentido de ladrar. Yo estoy desde siempre en esa foto. Veo flotar la bandera, al parecer le han /  comido dos puntas, pero es el viento que mezcla las

 cosas malas con las buenas /  A la novia le han hecho unos tajos / ni el zumo de la verdolaga cura estas diatribas / de la guerra

 

Tengo el país a un soplo de la mano / y hablo con los héroes / Martí dice la palabra exilio y se queda mirando las / tablas de mi casa que ya dije era larga y viene a la / deriva. Yo sigo en esa foto, me rodean unas frutas, / algo milagroso va a caer del techo. Mi padre enseña / unas revistas: Este es Máximo Gómez, éste es el Che  / y los caballos pasan sin otro ademán que poner los / puntos sobre las íes o el mapa que cuelga de mi cuarto

 

Cuando la novia no está / anochece del país para adentro. Ella no sabe / las comidas que hicieron posible al calígrafo / que en 1940 mandó postales por encima del mar

 

País Novia, largo y acomodado, te amaso con los / dedos y escucho el sonido de los jinetes que ya han / puesto los puntos sobre las íes y el mapa no resiste

tanta quietud

 

Novia / estás condenadas a esos ríos que al llegar a la ciudad / son turbios pero inseparables. Te elogio como a este / país que me gano todos los días y ya sabrás

la circunstancia en que uno detesta la sal / y el almanaque

 

Sigues con esos tajos y el mejunje que puede salvar / no está en los que al otro lado se retratan orondos y no / han paseado por un camino de vaca escapada de los / corrales y las mieles

 

Novia hasta los huesos / País mío por siempre / quisiera para ustedes un larguísimo elogio que diga / de la carne el silencio y el metal, abuelos y dictaduras

 

Los amo tanto que los confundo

 

País – Novia

Novia – País

 

Éste

Mi larguísimo elogio.

 

En Instrucciones para matar a un colibrí, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2002, pp. 15 y 16.

[3] Reynaldo García Blanco. Ob. Cit, p. 24.

[4] Véanse como ejemplos los poemas  “Carta a Roque Dalton”, “nicanorparra@terra.cl” y Gelman salutación”, pertenecientes a Campos de belleza armada, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2007, aunque este recurso aparece también en el libro recientemente premiado.

[5] Reynaldo García Blanco. Ob. Cit, p. 15.

[6] La coloquialidad aflora, incluso, en los títulos del libro premiado, a veces utilizados como caprichosas “intertextualidades”: “Tenías razón Ernesto Cardenal”, p. 16, “Evstuchenco cae la nieve”, p. 15,”Pensándolo bien, Silvio Plath y tú merecen una mejor resurrección”, p. 21, “Antonio, Antonio, se robaron el oso hormiguero”, p. 43. En tal sentido véase el poema “Dilecto Roque Dalton (Revisitado)”, perteneciente al libro Otros campos de belleza armada, donde reflejacómo la vida del hombre común va atada por invisibles, pero poderosos hilos al fanatismo de las ideologías, y otros en que aborda los males cotidianos cantados con ligereza irónica, el desaliento, el desencanto, la incertidumbre ante los males del país, al hombre de a pie con sus miserias, sus misiones, su ética, que, aunque viene de otro tiempo, lo salva. 

Léanse los poemas “No hay que exagerar”, “Con letra de Gastón Baquero y música de Thelonius Monk “, “Mi tío el empleado y “Mi tío el desempleado”, estos dos últimos donde el yo lírico es el propio poeta, todos pertenecientes también al libro Otros campos de belleza armada, Ediciones Matanzas, 2014.

[7] Reynaldo García Blanco. Ob. Cit, p. 22.

[8] Véase en este sentido el poema “Vodka nacional”, Ob. Cit, p. 23.

[9] Consultar en este sentido “Canción en inglés para escuchar  en ruso”, texto que cierra el poemario. Ob. cit, p. 55.

[10] Igual rescato de toda su poesía el texto “Cortar árboles como monjes trapenses”, donde la efusión emotiva en la evocación narrativa de un hecho profundo “conspiran” en el logro de la eficacia poética:

 

Mis padres construyeron una casa con maderas ilícitas. Una vez llegaron los de la poesía forestal y ellos explicaron que era una construcción de la época de la Colonia y les creyeron. Del bosque profundo llegaban los golpes de hacha. Con bueyes casi muertos arrastraban como lingotes de oro los cedros que luego se convirtieron en ventanas y puertas. Escondidos, bebiendo agua, miel, limón, café y lonjas  de queso terminaron la faena.  Fue un verano largo. Cortaron árboles como monjes trapenses. Ya la casa no existe.

 

Otros campos de belleza armada, Ediciones Matanzas, 2014, p. 39.

Con este sentido antológico puede consultarse igualmente “Farewell y bienvenida” en  el que asistimos a una singular historia de la nación. Ob. Cit, p. 73.