Un recuerdo de Carlos Ruiz de la Tejera

Un recuerdo de Carlos Ruiz de la Tejera

  • Sus medios expresivos y su efectiva mímica, lograron actuaciones singulares.
    Sus medios expresivos y su efectiva mímica, lograron actuaciones singulares.

Compartí con él muchas conversaciones, tertulias, almuerzos, paseos por La Habana Vieja —por supuesto— y, hasta un muy divertido recorrido que hicimos por Recife y varias ciudades del estado nordestino de Pernambuco, Brasil, en 2001.

Actor tanto de sólida formación como de oficio, desde joven tuvo conciencia de ello, un actor tiene que ser culto, leer, tener cultura, saber qué sucede en su país y en el mundo y en ese aspecto Carlos me recordaba a Vicente Revuelta, Abelardo Estorino y otros teatristas cubanos que sabían que dramaturgia, escena y actuación se nutren del entorno, de la calle.  

Profundamente, amplio conocedor de la obra martiana, José Martí fue siempre fuente y ejemplo de su trabajo y, a propósito, inolvidable es aquella tarde (20 febrero del 2009) durante el almuerzo que nos brindó Teresita Aguilera —viuda del director Raúl Lima— en su casa de la Víbora donde, también contábamos con la agradable compañía de su fiel escudero y guitarrista Tatica (Jesús del Valle) y Zaida Castro, amiga venezolana de la anfitriona que, dándole por la vena del gusto al actor y comediante, le pidió dijera algunos poemas de Martí y, Carlos, ni corto ni perezoso, comenzó a recitar los versos martianos con el fluido, ameno y concentrado dominio que le hizo famoso en escenarios del mundo.

Igual, de los versos del Maestro pasaba a la vida del poeta rociando la tertulia con interesantes anécdotas y conocimientos, así como la relación orgánica de Martí con la poesía y los con y sin versos.

Hablamos de poetas, cubanos como Enrique Hernández Miyares, Mercedes

Matamoros, José Joaquín Palma, del venezolano Cecilio Acosta Martínez, del cual se quejaba Martí “no se preocupó de conservar y publicar sus versos”, de los mexicanos Manuel Gutiérrez Nájera, Juan de Dios Peza y de Homero, José María Heredia, Víctor Hugo, Helen Hunt Jackson, que el apóstol admiraba fervorosamente y, obviamente, del Walt Whitman, retratado por Martí en genial crónica, entre otros muchos.

Lógicamente, compartir mesa y tertulia con una venezolana (Zaida Castro), estimulaba recordar la relación de José Martí con el país chavista sudamericano, país donde ideo su libro Ismaelillo, donde, como recordara Carlos, uno de los primeros ejemplares, publicado después en New York, lo envía a su amigo de esa tierra.

No estuvieron ausentes esos poetas tan martianos como Rubén Darío, Ángel Augier, Andrés Eloy Blanco, Gabriela Mistral, Rubén Darío, José Lezama Lima, Nicolás Guillén, Fina García-Marruz, Cintio Vitier, Froilán Escobar, entre otros, que con vibrantes páginas nos acercan al autor de nuestra América, al que dijo que “Las manos de poetas cierran siempre las heridas que abre la ira de los hombres”.