Una Carmen camagüeyana

Una Carmen camagüeyana

  • Carmen por el Ballet de Camagüey. Foto: Prensa Latina
    Carmen por el Ballet de Camagüey. Foto: Prensa Latina

Carmen, con coreografía del artista alemán Peter Breuer, inspirada en la novela homónima del escritor francés Prosper Merimée, es el clásico de la danza universal que el Ballet de Camagüey (BC), dirigido por la maître Regina Balaguer, llevara este fin de semana a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH) Alicia Alonso, como parte de la gira nacional que la emblemática compañía realiza por varias provincias de nuestra geografía insular.

Dicha obra, estructurada en dos actos, y con música de los maestros George Bizet, Rodeon Schedrin y Edward Elgar, sirvió de contexto coreográfico idóneo para revisitar el triángulo amoroso integrado por los bailarines Susel Álvarez (Carmen), Yanni García (José) y Jonathan Pérez (esposo de la sensual gitana), quienes se destacaron —entre otras virtudes— por la excelencia técnico-interpretativa demostrada en el proscenio, desde donde dominaron el clima emocional del auditorio, y en consecuencia, lograron obtener su complicidad absoluta, precisamente por la expresión espontánea de sentimientos genuinos y una pasión sin límites, pero sin excesos, que poco o nada hubieran aportado al desarrollo coreográfico y dramatúrgico de esa puesta en escena.

El auditorio disfrutó al máximo de una Carmen coqueta, sensual, atrevida, seductora, ambiciosa y rebelde por naturaleza, a través de las transiciones que pudo percibir en la facies, en las miradas provocativas y pícaras sonrisas, que configuraron el lenguaje gestual en que se estructura el movimiento corporal (uno de los elementos básicos indispensables de la danza en general, y la clásica, en particular), que esos profesionales del arte de las puntas intelectualizaron y espiritualizaron para evocar las sabias enseñanzas del maestro Fernando Alonso (1914-2013), uno de los fundadores de la Escuela Cubana de Ballet, y sólido pilar del BC.

Por otra parte, habría que señalar el crecimiento artístico-profesional alcanzado por el primer bailarín Yanni García, a quien este escribidor vio bailar —hace casi una década— el Lago de los Cisnes, en el hoy majestuoso Coliseo de La Habana Vieja, y le recomendó —en una crónica publicada en la revista digital La Jiribilla— que, si bien tenía aptitudes y condiciones para ser un príncipe del ballet clásico, todavía le faltaba experiencia que debía adquirir en las clases, en la barra, en el escenario y en las tablas, para convertirse en la figura insignia del BC, que hoy es.

En esa versión alemana de Carmen, prevalecen la ausencia de color para simbolizar malicia y desamor y la presencia del rojo, que es sinónimo de sangre, desesperación, deseo, libertad y muerte, obra cumbre del arte danzario de todos los tiempos.

En el resto de las intervenciones, donde participan solistas y miembros del cuerpo de baile, se apela a la danza contemporánea, lo que evidencia —sin duda alguna— la formación integral que reciben los integrantes del BC.

La agrupación hispana Tarifa acompañó con música fusión las magistrales presentaciones de la compañía agramontina en la sala García Lorca del GTH Alicia Alonso. En ese contexto coreográfico y dramatúrgico, el baile jondo contribuyó —decisivamente— a destacar el carácter contemporáneo que identifica a la versión germana de Carmen.