Una criatura para guardar

Una criatura para guardar

  • Teatro Primero propone Criatura de Isla, del dramaturgo y narrador Ulises Rodríguez Febles. Foto tomada de internet
    Teatro Primero propone Criatura de Isla, del dramaturgo y narrador Ulises Rodríguez Febles. Foto tomada de internet

Entro al Teatro Principal avileño cinco minutos después de las nueve de la noche. Las sillas están alrededor de los cuatro actores que ya están en el tabloncillo. Es teatro arena. La comunicación obra-espectador se hace más palpable y más literal. Beneficio para los actores que no tendrán que sobredimensionar sus actuaciones.

Hay un ambiente bien cálido a pesar del frío exterior.

Mis expectativas son mayúsculas y van más allá de lo que podría esperar. Teatro Primero tiene el reto de una obra de calidad encomiable: Criatura de Isla, del dramaturgo y narrador Ulises Rodríguez Febles (Cárdenas, 1968).

Su obra hay que analizarla desde la dimensión en que se encuentra. Más allá de toda frontera artística y humana. Es una obra consolidada, seria y de gran calibre. Sus novelas –ya van tres y premiadas—, son siempre la imagen literaria del ideal de hombre que Ulises quiere ver incorporada en sus semejantes.

Es un dramaturgo que navega con muchísimo talento entre las aguas del ingenio y la genialidad. Se apoya, a mi entender, en la escuela norteamericana de la dramaturgia con el empleo de elementos casi fantásticos, cuya aparición desata toda suerte de interpretaciones y conflictos en los personajes.

Me hace recordar a Woody Allen con su teatro como La bombilla que flota; o a Tennessee Williams, entre otros.

Y tiene el referente del poema de Dulce María Loynaz: “La criatura de isla paréceme, no sé por qué, unacriatura distinta. Más leve, más sutil, más sensitiva. Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpodeja un hueco en el viento; si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube...”

De ahí parte y lo hace de manera excepcional. Pudiera pensarse que basta con un buen texto para que la puesta en escena sea inmejorable. Pero no siempre es así.

Criatura de isla es uno de los mejores hijos de Ulises Rodríguez Febles. No la conocía. Y agradezco a Teatro Primero por montarla y estrenarla en este mes de diciembre de 2017. Y que me hayan invitado. Entiendo que es uno de los más logrados montajes en los 35 años de historia del grupo.

Hay mesura, contención, limpieza en su escenografía. Los elementos cumplen cabalmente su función, no solo ornamental, sino también discursiva. Así, las telas que están de alfombras se vuelven mar. Las rejas de madera son, también, pared, y equilibran cuando la composición se va hacia la derecha del escenario.

Las luces son el ambientador por excelencia. Azules cuando el texto se vuelve más frío o despersonalizado, o por el contrario, cuando se torna más reflexivo y humano para con ello, conseguir un contraste y un reforzamiento. Roja cuando hay amenaza, cuando se pone en peligro la integridad física de alguno de los personajes, incluyendo la criatura de isla.

Y plásticamente se logra una visualización que llega, por momentos, a ser bella, cautivadora, rompecorazones. Como si el ingenio de Oliver le hubiese abierto las puertas de la jaula para que su propia criatura echara a volar.

La música es como el tercer elemento de una trinidad. Arma la escena, y también la viste. Jorge Rodríguez Rodríguez, musicalizador y fundador de esta agrupación, consigue transmitir con la sonoridad correcta, la angustia o la belleza según el caso.

El violín como personificación de la metáfora “criatura”, o los sonidos que parecen dar la propia voz de esa metáfora, pero que nunca descubren, por suerte, han sido cabalmente escogidos y creados.

Aquí la música apoya las sensaciones que proyectan los actores. Pero también hacen su propia lectura del contexto que se vive. La música tratada con un efecto acuoso da la sensación no solo de “isla”, sino, de cómo interpreta y crea Pepe, el personaje protagonista, un concierto para violín. Voces y sonidos extraños dan el mundo interno de la esposa de Pepe o del paisaje isleño, o de la propia bióloga.

La mano y el buen tino también de Oliver de Jesús están a la par de la selección musical de Jorge. Eso se hace cuando hay comunicación efectiva en todo el grupo. El producto final es meritorio, toda alabanza es poca, pues es un actor más en la escena. Y es también un escenario más.

De las actuaciones, a mi juicio, hay poco que aplaudir en cuanto a que todavía están comenzando a tomar sus niveles. Es la primera puesta con público: no es un simple estreno.

Los cuatro actores arrancan  un poco distantes en la concepción psicológica de sus personajes. Tanto en voz como en expresión corporal, no consiguen dar con el paso preciso el tono y colocación de la voz. Pero se van encontrando en la medida que avanza la obra y se van alistando los nervios.

Luis Giraldo Alfonso (Germán en dos tiempos) llega a la segunda mitad de la puesta con un nuevo personaje cambiado no solo físicamente, sino también psicológicamente. Es el personaje más recio y mejor logrado. Consigue enmascarar la verdadera personalidad del actor y desdoblarse. En él si funcionan al dedillo la voz y la figura.

En un inicio, a mi entender, esa voz podría colocarla otra vez, menos rasposa, y darle algún trastorno de la personalidad a su Germán: un tartamudeo, un tic, una inflexión en lo que dice. El personaje lo permite, pues en su concepción, es un hombre de los que, incluso, buscan desechos en los basureros y tienen poca o ninguna cultura.

Giraldo Alfonso (Pepe) no sale mal parado en su papel protagónico, pero necesita adentrarse más en la profundidad y complejidad de sus bocadillos para que consiga, primero, libertad en lo que está diciendo, y segundo, transmita con más acierto el mensaje que está tratando de irradiar.

El peso de esta obra recae prácticamente en su figura. Necesita seguridad y control de su fuero interno para no vacilar en el texto ni que parezca estar improvisando. No olvidemos que Giraldo Alfonso es un actor cómico por excelencia. Muy pocas veces lo hemos visto interpretando personajes dramáticos. Y en esta oportunidad le tocó uno bien dramático y complejo. Asunto más que complicado.

Pero este actor ha demostrado tener madera para salirse de los rollos. Los cabos sueltos que se le quedaron en escena los supo disfrazar y resolver de la mejor manera posible. Tengo la fe en que con muchas más puestas, su personaje tendrá mejor colocación.

Las actuaciones más orgánicas y con más transiciones están de la mano de Jenny Ferrer (Sonia, esposa de Pepe), y de Hanny Gómez Cunill (María, bióloga). Jenny, una experimentada actriz, consigue dar sensaciones y angustias en sus transiciones, pero no logra que los rompimientos sean lo suficientemente impactantes como para que se noten. Sé que en futuras puestas, y con el trabajo diario, se perfeccionará su actuación.

Es una actriz que resulta verosímil en cada una de sus puestas. Es orgánica y tiene una buena dicción y figura. Tal vez necesite trabajar más en su expresión corporal para que gestos y sensaciones no se queden en lo figurativo, sino que sean más conversacionales. Por ejemplo, hay insinuaciones eróticas hacia el personaje de María, la bióloga, pero el gesto no se vuelve comunicativo y parece solo una acción marcada, pronta a hacerse más efectiva.

Jenny es una actriz que tiene un buen registro de voz y de gestualidad. Tiene condiciones para conseguir que su personaje, sin dudas importantísimo dentro de la puesta, sea una especie de catalizador de acciones y consiga llegar a lo soñado y a todas sus expectativas.

Hanny va de la mano de los tres actores y bandea los inconvenientes de un personaje de por sí trillado en nuestra televisión y dramaturgia. Un personaje que si bien no tiene toda la fuerza para robarse la escena, en voz de la joven actriz se vuelve poderoso y convincente. Sobre todo en lo momentos finales, cuando el personaje explota en esos desvaríos e incongruencias, la Hanny profunda sale a relucir y se desdobla de manera impactante.

Las actuaciones, en su conjunto, no descuellan ni quieren sobresalir independientemente, sino que colaboran en ese gran entramado de individualidades que montan la puesta en escena. Pero me pregunto, ¿qué método de actuación utilizan?

Hace rato que vengo notando en este grupo que no se acerca al método Stanislavski, ni el de Bretch, ¿descreen ya de estas escuelas? ¿Prefieren lo más cubano, como el teatro del acercamiento?

Las actuaciones van juntas hasta el clímax, que pudiera elaborarse más para que sea menos discreto. Juntas sobresalen. Juntas van encendiendo los motores de la carrera hacia el final de la obra.

Una hora y veinte minutos de buen texto y excelente puesta en escena. Una hora y veinte minutos que desfilan con buen ritmo, aunque este podría ser más vertiginoso o con más movimientos, para que no decaiga la atención del espectador. Una hora y veinte minutos de una dramaturgia bien polisémica que armoniza con la belleza y la inteligencia.

Atinado y genial el empleo de la jaula como personificación indirecta de la Criatura de Isla. Agradezco que nunca aparezca en escena ni su físico ni su voz, porque esto permite que sea el público quien le ponga su propia voz y figura  a tal personaje.

Por el momento sí puedo asegurar que esta criatura es muy sentimental. Une en sus partes lo trágico y lo cómico, lo tradicional. Hay, incluso, referencias al “Negrito” del teatro vernáculo. Tiene de actualidad, pero también de historia. Tiene de mambí y de guerrillero. No olvida sus raíces y se reparte el amor entre cada participante.