Una Habana bendita en novela de Antonio Arroyo

Una Habana bendita en novela de Antonio Arroyo

  • El actor, filólogo y teatrista Antonio Arroyo presentó en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC su más reciente novela titulada “Bendita Habana”. Foto del autor
    El actor, filólogo y teatrista Antonio Arroyo presentó en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC su más reciente novela titulada “Bendita Habana”. Foto del autor

Imbuido por las celebraciones de la ciudad maravilla y el medio milenio que cumplirá, el actor, filólogo y teatrista Antonio Arroyo presentó en la tarde del lunes 10 de septiembre en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC su más reciente novela titulada “Bendita Habana”. Aunque es una vieja idea, en la que lleva trabajando muchos años– que ya incluyó una obra musical y un audiovisual –, el resultado literario pudo ser presentado gracias al entusiasta apoyo y trabajo de Artex con su casa de Ediciones Cubanas.

En representación de esta editorial, Tania Vargas hizo la introducción al libro en la que lo calificó de una novela muy difícil, pues logra imbricar dos lenguajes — el de la televisión y el de la literatura— en una Habana como protagonista que transcurre en dos épocas: a principios del siglo XIX, con el Obispo de Espada como centro de atención, y la Cuba actual. Aunque ambos momentos se unen a través de una prenda religiosa, en la lectura se descubren paralelismos que van más allá del tiempo y las épocas.

Resaltó que la crítica la ha señalado como una obra “altamente recomendable”, pues sigue una línea argumental donde hay de todo: problemas raciales tratados sin rencor, conflictos familiares y personales, cuestiones sociales, históricas y políticas de dos períodos históricos tan distantes, hasta tratar la actualidad en un estilo que calificó de “realismo limpio”, pues no le hace falta regodearse en los aspectos negativos para tratar la realidad más cruda de la Habana contemporánea.

Por su parte, Bárbara Rivero consideró la novela como destacable por representar un momento particular en el discurso literario cubano actual, en el cual quebranta las normas de la composición y llega a un lenguaje conversacional hiperrealista, con un preciosismo extraordinario en la narrativa de los ambientes y la descripción de los personajes históricos.

Sus personajes son verdaderos y el autor logra combinar su lucha por la supervivencia con su confianza en la justicia, luchando contra el racismo y la desigualdad. Así logra un paralelismo en la historia, desde la actualidad hacia La Habana del siglo XIX y las obras del benefactor Obispo Espada.“Ha querido revisitar el punto de partida de los ideales que dieron luz a la nacionalidad cubana”, indicó, y en la lucha por una vida mejor se trata del “aquí y el ahora de nuestra Bendita Habana”, concluyó.

Como parte de la entrega, Antonio Arroyo también presentó el documental que realizara en 2012 sobre Juan José Díaz de Espada, ordenado Obispo de La Habana en los primeros años del siglo XIX – entre 1802 y 1832– que vino a Cuba con afán de renovación, para tratar de llevar la ciudad a lo más moderno de la época.

De la mano de los destacados historiadores Eduardo Torres Cuevas, Eusebio Leal y el Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se presenta la imagen de un prelado generoso, adorado por los jóvenes intelectuales de la época, que hizo valer su esfuerzo y su autoridad en función del beneficio de la ciudad.

Destacaron, entre sus más relevantes contribuciones, no solo que se hicieran los enterramientos en camposantos y la inauguración de los primeros cementerios —su legado más conocido, con el Cementerio de Espada—,  sino también la promoción a la investigación científica y el uso de las vacunas contra las viruelas —con el apoyo que le brindó al Dr. Tomás Romay—, el interés por el estudio de la música y de la filosofía —con el soporte brindado al presbítero Félix Varela—, la prédica sin piedad a favor de la supresión del comercio de esclavos, la invitación a pintores famosos del mundo para trabajar en los frescos de la ciudad y la incitación a la creación de una escuela de bellas artes e incluso la implementación de una primera reforma agraria, contra el latifundio y el acaparamiento de tierras.