Una santera incompetente

Parte II

Una santera incompetente

  • Diseño de cubierta.
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La inefectividad de la abuela como santera de Cuando la sangre se parece al fuego, de Manuel Cofiño, aún en contradicción con su “fama”, es uno de los elementos determinante en la historia para negar la utilidad de las prácticas religiosas. Lo concerniente al universo espiritual de este personaje y su suficiencia en el mundo real, es rechazado con el fin de mostrar su nulidad. La popularidad de la anciana santera, es argumentada por dos situaciones específicas: el milagro del ciclón”, ya mencionado anteriormente y con otro fenómeno de la naturaleza:

“Oí el comentario que hacía unas semanas había caído un aguacero tremendo sobre la casa y las matas de abuela. Tres rayos iluminaron una palma cercana, pero unos metros más allá de la casa no llovió ni gota. Decían que era un milagro. Su fama de santera crecía por día” [i]

No serán sus resultados en la santería los que le otorgan esta reputación. El autor provee al personaje de breves aciertos, como sanar de Ictero, a un personaje secundario (Mario) que aparece efímeramente en la obra, o el resguardo preparado antes de que Cristino se lo pidiera. Los cuales aparecen como breves guiños a lo largo del texto y no le otorgan significación a estos actos de devoción de la abuela, sino guían de forma rotunda al lector, hacia el lado opuesto de la religión, por asegurar su ineficacia, cuyas pruebas de fe en la santería, quedan anuladas al expresar el desencanto o decepción de sus fieles.

Esta condición de superioridad religiosa otorgada al personaje, se vuelve inverosímil  al deducir, que es producida por acontecimientos naturales, y no por la validez de los rezos, las prácticas ni la devoción a los santos, sino debido a sucesos de desastre natural:

“El hecho de que la casa no se la llevara el ciclón, aumentó la fama y el prestigio de mi abuela”. [ii].

Paradoja que el autor tendrá en cuenta en la caracterización del personaje al proporcionarle, precisamente estos fundamentos vinculados a la naturaleza, para justificar su fama y al mismo tiempo, desmitificar la condición de supremacía y orientar al lector hacia la irreligiosidad.

Estos infructuosos resultados de las prácticas religiosas de la abuela, se exhiben explícitamente a lo largo de la obra, en diversos momentos de la narración. Por ejemplo, el ritual con la gallina, narrado de forma cruenta, con el propósito de encontrar al asesino de su hijo, no funcionó[iii]. Y se deja constancia al final de la obra, cuando es llamado por un agente de la Seguridad del Estado para escuchar la confesión del homicida:

–“Sí. Yo lo maté. Pero si no lo confieso nadie se hubiera enterado. Ese no me lo tenían probado”[iv].

El personaje del Teniente, potencia esta afirmación a Cristino en el propio diálogo:

–“Es cierto, si él no lo confiesa, nunca se hubiera encontrado al asesino de su padre-dijo el teniente”[v].

Y con ello asegura, una vez más, la inutilidad de los santos de la abuela, expresándonos, al mismo tiempo, el mensaje ateísta, mediante un personaje cuyas ineficaces creencias, lo conducen hacia la oscuridad en la vida y en la muerte. Demostrándose, de forma rotunda, que también fue fallida su fe, al afirmar durante sus rituales, que atraparía al asesino, el cual, es descubierto, únicamente por casualidad. Sin la mediación de sus dioses.

La incompetente santera, se manifiesta, además en la subtrama del personaje enloquecido: Teresita, la hermana de Cristino. Sucesos que el autor sugiere con cautela a lo largo de la obra:

“Mi hermana se llamaba Teresa…. Se volvió loca a los dieciocho años. Nadie sabe el motivo. Tengo mis sospechas. Fue una locura extraña”.[vi]

“¿En qué momento resbaló por un borde inesperado, sin poder sujetarse, y se preparó a rodar?”.[vii]

“¿Sería aquella vez que se te acercó corriendo, gritando en las florestas que crecían sobre los hierbajos? Aquella tarde que llegó ante ti asustada con la cara llena de sorpresa”.[viii]

“¿O fue cuando las escapadas?”.[ix]

Hasta mostrar la razón de la demencia de su hermana, y en esta última interrogante sugiere de forma coherente con su tesis ateísta,  la culpabilidad de la abuela y sus santos:

¿O antes, cuando la pellizcaban por la noche y le hacían correr escalofríos por la espalda?”[x]

Este empeño de la abuela por curar a su nieta de la demencia, mediante la santería, es expresado gota a gota, hasta llegar la desesperanza, el sabor de la frustración, pasa ante la vista de los lectores, y sus desaciertos religiosos, se funden con una percepción de conformismo ante lo inevitable y el convencimiento de que nada se consigue de este modo, mostrándonos, además, el fanatismo del personaje, otro rasgo negativo, en el que se evidencia el inconsistente argumento de la santera, quien evalúa la desgracia como un castigo de “Inle” cuando Teresita, llega a un estado demencial sin retorno a la lucidez, cuya única alternativa es el internamiento en el Hospital Siquiátrico de Mazorra. Sitio donde, solo el personaje “Ángel” antagonista de la santera, tiene posibilidad, aunque no de sanarla, de concederle beneficios.

Momento propicio para comparar la conducta y resultados de ambos personajes, permitiéndonos evaluar, cuál es el camino a seguir: religión o ateísmo.

El rechazo cruzado de estos personajes se hará manifiesto, idéntico, al que se produce entre las dos corrientes de pensamientos. El parlamento de Ángel, al dejar constancia del desagrado que siente por la abuela, acuña la desaprobación  e ineficacia del culto religioso:

“–Tu abuela tiene un carácter fuerte…¿ustedes creen en la santería?”.

“–Sí.

–Creen que las enfermedades se curan con yerbas y brujerías. Las enfermedades se curan con inyecciones, con medicinas, y a veces con el bisturí…”.

“….Es cierto que algunas yerbas pueden curar, pero eso de la brujería es un atraso”.

Diálogo significativo y favorecedor para, además, poner en duda la religiosidad de Cristino: 

–“¿Tú crees de verdad?”[xi] 

Y de este modo, marcar la diferencia entre su ideología y la de su abuela santera. Escenario favorable que instaura en Cristino, cierta desconfianza en la anciana y lo que ella representa. El estado demencial de su hermana, además de constituir otra de las ineficacias de la santería, será de manera personal, otro de los “pecados” cometidos por el personaje religioso: 

Y este es el primer impacto de Cristino en contra de la religión, el cual tiene gran significación dentro de la historia, ya que proviene de Ángel, enlace entre él y el mundo marxista-leninista, que más tarde se abrirá ante sus ojos.

Los desaciertos religiosos, al acuñar de incompetente a la abuela, contienen, además de la desaprobación a estas expresiones religiosas, una denuncia a sus prácticas, las cuales se hayan vinculadas al delito, manifiesto en su responsabilidad en el fallecimiento del recién nacido, hijo de Cristino y Aimé, a quien asiste en el parto, y que se potencia con su conducta en el modo de deshacerse del pequeño cadáver:

“Abuela se llevó el bulto en una jaba. No quiso que la acompañara. Dijo que volvería pronto”[xii].

Estos actos, como por ejemplo,  el fundamento conformista acerca de la efectividad de sus ritos y santos:

“Abuela explicó que Orisha Oko no quiso ayudar. Yemayá lo había querido así para que Aimé no muriera”.[xiii]

La manera en que impone la religión, aún cuando la vida de Aimé corre peligro de muerte a consecuencia del fallido parto, hecho que además, contradice sus predicciones religiosas:

“¡Qué médicos ni que médicos; yo sé lo que conviene!”.

Imprimen al personaje rasgos de crueldad. Que sobrepasan los límites de la inocencia causada por la ignorancia. Lo cual otorga, lo mismo que el sentimiento de venganza por la muerte del hijo, características brutales al personaje de la abuela, que es quien simboliza la santería en esta obra. Elementos que sugieren, cualidades similares para la religión expresada por la santera. Y como consiguiente, queda enunciada una acusación a sus ritos, que además de acuñar su incompetencia, la asocian al crimen de realizar un parto, sin estar dotada del conocimiento médico, y negarle más adelante la asistencia hospitalaria, para imponerse como garante facultativo y no únicamente espiritual, como se supone que debió corresponderle, de acuerdo a su ejercicio en la santería, en el nacimiento de su bisnieto. 

La contraposición de actitudes y comportamientos, de los dos personajes antagónicos, Ángel y la abuela, se ilustran de manera explícita en dos momentos crudos y significativos de la historia, como son: la demencia del personaje de Teresita y el fallido parto de Aimé. Donde se declara cómo se establecen estas  ideologías en la obra. La santería constituye la ignorancia, pero también el lado delictivo, perjudicial. El ateísmo representa la bondad, el camino conveniente a seguir por la raza humana, como propuesta de un proyecto esperanzador, que culmina con las luchas revolucionarias, representadas a través,  del personaje Roli, quien aún consagrándose  a la santería, resguardado por los collares que prepara la abuela de Cristino para su protección, pierde la vida:

La sangre todavía le salía de la cara, el cuello y el pecho. Los collares rotos a balazos, allí sobre la acera, cerca de los latones de basura. Las cuentas negras, rojas, blancas y verdes transparentes sobre el charco de sangre. Un policía, mientras registraba los bolsillos, pisó la sangre y las cuentas desperdigadas”. [xiv]

Estas incompetencias encarnadas en el personaje de la santera, ejemplifican como se perciben las religiones en esta obra, la cual se inserta en la corriente denominada realismo socialista, preponderante en la literatura cubana, del momento. Expresa, además, la visión ateísta de una época, al reflejar, del mismo modo que las novelas costumbristas, las tradiciones, y de forma más abarcadora y concreta, la ideología de un período social caracterizado por el  “ateísmo científico”. 

Notas:

[i] Manuel Cofiño: Cuando la sangre se parece al fuego, Editorial Letras Cubanas, 1979, p. 160.

[ii] Ibídem. p-25

[iii] Ibídem p-47

[iv] Ibídem- p-298

[v] ídem

[vi] Ibídem-p-14

[vii] Ibidem- p-50

[viii] Idem

[ix] Idem

[x] Idem

[xi] Idem

[xii] Ibídem. p-109

[xiii] Idem

[xiv] Ibídem-p- 199