Zonas difíciles y comunes: 35 mujeres se desnudan

Zonas difíciles y comunes: 35 mujeres se desnudan

  • Soleida Ríos ha hecho de los sueños y su interpretación poética un espacio de libertad.
    Soleida Ríos ha hecho de los sueños y su interpretación poética un espacio de libertad.

Por esos retos que suelen impulsar y decidir los sueños, Ediciones UNIÓN ha tenido nuevamente el acierto de acompañar otro proyecto de la poeta Soleida Ríos al incluir en su catálogo El retrato ovalado. Hay que decir de inicio, para jugar a fuego limpio, que Soleida ha hecho de los sueños y su interpretación poética no solo un refugio, sino algo más abarcable y prometedor: un espacio de libertad donde dialogar y hasta disentir con los demonios que suscitan esos sueños, un ritual nada inocente donde gesticulan la sospecha y los sobresaltos, la vigilancia y la paranoia.

La compiladora de Antes del mediodía. Memorias del sueño (Ediciones UNIÓN, 2011) agrupa ahora 35 voces femeninas, incluyendo la suya, para ofrecer fogonazos iluminadores que van desde la tentativa de ensayo, arriesgadas piezas dramaturgias y diarios apócrifos hasta la escritura autorreferencial, poemas, cuentos o sencillamente narrar un catálogo de artes visuales. Como puede verse, un espacio para la vigilia y el desconcierto, una invitación para la confrontación y la diversidad donde los hallazgos y las visitaciones prometen.

Escritoras como Legna Rodríguez Iglesias (recientemente Premio Casa de las Américas 2016 en teatro, por cierto), Jamila Medina Ríos, Lizabel Mónica y Dazra Novak se cruzan con Georgina Herrera, Reina María Rodríguez, Caridad Atencio o Basilia Papastamatíu y dialogan sin cesar con Damaris Calderón, Lourdes González Herrero, Olga Marta Pérez o la misma Soleida Ríos, una nomina, hay que insistir en ello, que traza puentes con autoras del exilio para reunirse en esa patria mayor y decisiva que es la lengua española o la identidad cubana, si se quiere.

En las palabras inaugurales que Soleida llama “Para leer en soledad”, realiza una declaración de principios que no está de más resumir aquí. Declara que aunque las mujeres antologadas se desnudan no se trata en modo alguno de un striptease. Si la mirada es pública, el juego es para tocar fondo. Asistiremos así al desgarramiento y la impiedad, al vacío y el vértigo, a la realización y las frustraciones, gracias al gesto de estas mujeres de travestirse, de colocarse en la piel de quienes no fueron pero son. Un retrato de lo posible, el asomo de una vivencia, la encarnación de un sueño realizado.

Así, condicionadas por Soleida a valerse de una máscara para participar del pasado, el presente o el futuro, estas mujeres públicas defienden un establo privado aunque para ello tengan que recurrir a la paranoia, a la esquizofrenia o el delirium tremens. Echan mano a lo que otros pudieran desechar, arriesgan el cuerpo para salvar el alma de la escritura. Con una vocación dinamitera desafían, por no decir que emplazan, a aquellos que aún ponen en dudas que exista una expresión femenina a la altura de lo mejor que escriben los “másculos”, para decirlo con un neologismo inventado por Mirta Yánez para referirse a esos escritores que usan el término “féminas” como un eufemismo.

No es azaroso que Soleida haya elegido el texto “Mi trabajo es usted”, de Sandra Rami, para cerrar por ahora este ciclo onírico. Rami parece lanzar un antimanifiesto, un epílogo, o quizás sea más exacto decir propone una manera de releer lo que hemos disfrutado: “Más que un retrato, construir un espejo. A través del cual entrar en contacto con zonas difíciles y comunes. A un tiempo encontrarme y que se encuentren. En el ejercicio nos encontramos, quizás”. Ese quizás clama por nosotros, los futuros lectores inmediatos. Está convocándonos al ejercicio de la lectura, ese espacio donde los sueños, las grandes utopías, tienen cabida con su gestada resurrección.