Creado en: junio 13, 2024 a las 09:09 am.

Agustín Villafaña: “hacer trabajo comunitario es la mejor manera de decir cultura”

El pintor,  grabador,  ceramista,  diseñador y dibujante Agustín Antonio Villafaña Rodríguez, nacido en Yateras, Guantánamo, el 13 de junio de 1952, miembro de los consejos nacionales de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), de la Central de Trabajadores de Cuba y del Sindicato de la Cultura —del que es fundador y asesor desde el año 1977—, arriba a su 72 cumpleaños con una prolífica carrera artística y la satisfacción de haber fundado (y dirigir hasta hoy) uno de los más importantes proyectos comunitarios del país.

El también creador e integrante de otras instituciones culturales como el Grupo de Cerámica Contemporánea Ky-13, 2015; el Centro Latinoamericano Altamira, en Chile; la Asociación Hermanos Saiz —de la que es miembro de honor—; el Fondo Cubano de Bienes Culturales y la Asociación Cubana de Artistas Artesanos, instituyó hace 32 años el Centro cultural Casa Yeti (Casa Verde), bajo el coauspicio de la Uneac y de la Dirección municipal de Cultura en el capitalino municipio de Playa. Asimismo ha trabajado en el reordenamiento de proyectos e iniciativas de desarrollo local para el sector, y en apuntes de sugerencias y propuestas para el aprovechamiento de las potencialidades del movimiento plástico como estructura y desarrollo de la fuerza creadora.

El trabajo realizado con niños caracteriza igualmente su quehacer artístico

Villafaña es acreedor de la Distinción por la Cultura Cubana y del Premio Nacional Olga Alonso por la Obra de la vida. Como profesor, instructor y artista plástico, este creador con obras adquiridas por importantes museos y entidades de Italia, Venezuela, Chile, Estados Unidos, México, Argentina y Cuba, y por coleccionistas privados e institucionales de más de 20 países, ha realizado unas 75 exposiciones personales, nueve de ellas con el célebre Grupo Terracota 4 —del que fue fundador en el año1985—, además de 500 colectivas en diferentes países, y autor de más de 30 murales en importantes sitios de varias naciones.

Graduado de las escuelas de Provincial de Arte José Joaquín Tejada y de la Nacional de Arte Cubanacán, además del Centro Europeo de la Terracota, en Florencia, Italia, donde concluyó su especialización en cerámica en el año 1984, sostiene su quehacer en las artes visuales balo la premisa de que “la actitud del verdadero artista debe ser la sinceridad e insatisfacción y ser valiente y honesto hacia los demás. La conformidad engendra la mediocridad y el oportunismo”, como dijo en 1963 la gran pintora cubana Antonia Eiriz (La Habana, 1929-Miami, 1995), su profesora y a quien cada año evoca con una exposición en su honor.

Vale señalar que la obra pictórica de esta emblemática pintora se evidencia, con cierta influencia, en las creaciones de Villafaña, sobre todo en el carácter expresionista de sus figuraciones, generalmente con morfologías grotescas y agresivas. En sus composiciones deforma, como Eiriz, la realidad para exponer de manera más subjetiva los sentimientos y emociones; en tanto establece puntos de contacto con el fauvismo, sobre todo en su estilo atrevido y desenfadado, que ignora las perspectivas, y se vale del empleo provocativo del color, las figuras planas y los contornos delineados. Abanico de improntas de la sociedad cubana con sus virtudes, defectos, contradicciones y venturas, a través de una descripción en la que trasciende la confianza en el mejoramiento humano y, en consecuencia, del país y su gente.

Entre sus más recientes exposiciones se encuentra la que realizó con motivo del Primero de Mayo, Día internacional de los trabajadores, en la galería René Portocarrero del Teatro Nacional de Cuba, donde bajo el título de Todo Mezclado, exhibió 16 piezas de medianos formatos que su autor concibió, además, como una “elegía pictórica” al Poeta Nacional Nicolás Guillén y en evocación a La Habana en el aniversario 505 de su fundación.

Esa exitosa muestra está inspirada en el Poema Número 6 (1947), de Guillén, donde se expone la esencia mestiza de la cultura cubana: “Estamos juntos/ desde muy lejos,/ jóvenes, viejos,/ negros y blancos,/ todo mezclado;/ uno mandando y otro mandado,/ todo mezclado/ San Berenito y otro mandado,/ todo mezclado;/ negros y blancos/ desde muy lejos,/ todo mezclado (…). San Berenito, Santa María,/ Santa María, San Berenito/ ¡todo mezclado! (…) Yoruba soy, soy lucumí, mandinga, congo, carabalí…”.

Asimismo toma como sostén para la tesis de sus cuadros la metáfora que sobre el origen de la cubanidad sentenció el también célebre etnólogo y sociólogo Don Fernando Ortiz, el tercer descubridor de Cuba, quien la comparó con un ajiaco, en el que —como en el tradicional cocido heredado de los indígenas— se juntan diversas culturas (asiática, africana, española y aborigen): “… una cazuela abierta. Esa es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos (…). Cazuela singular la de nuestra tierra, como la de nuestro ajiaco, que ha de ser de barro y muy abierta. (…).Ahí van las sustancias de los más diversos géneros y procedencias.”

En sus trabajos, Villafaña hace referencia a los disímiles personajes que conforman la sociedad cubana contemporánea; apretada fusión de razas, credos, jerarquías, niveles educacionales…; unidad que caracteriza las movilizaciones por la celebración del Primero de Mayo en Cuba y que este año tendrán como escenarios parques, plazas, centros de trabajo y otras locaciones a lo largo y ancho del país.

En su “ajiaco”, igualmente incluye algunas de las diferente medallas conferidas por el sistema de condecoraciones en Cuba; en tanto los rostros de sus figuras expresan distintos estados de ánimo y emociones: alegría, tristeza, amor a la patria y a la Revolución Cubana, sentido de pertenencia a este archipiélago, fe y optimismo, narraciones acentuadas a través del uso de los vestuarios y el cálido colorido del Caribe.

En la graduación del último curso de la Casa Yeti, donde concluyeron estudios más de 80 niños, de una matrícula inicial de 130, en las especialidades de dibujo, pintura, artesanía, manualidades, escultura  fotografía, entre otras; Villafaña subrayó que “hacer trabajo comunitario es la mejor manera de decir cultura. Dicen que el arte no tiene patria, pero los artistas sí. Ser Yeti es como vencer la dificultad, enaltecer eso sublime que llamamos Patria, y es ese torbellino y a sus padres. Esto es una obra beneficiosa para la Patria. Tan importante es el canto de la cigarra como la laboriosidad de la hormiga. Aquí hemos cantado a la Cuba querida de nuestros amores. El arte tiene un gran poder salvador. No hay espacio para el odio donde se siembra el amor”.

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