Creado en: octubre 15, 2021 a las 08:03 am.

Quizás nuestro primer crítico teatral

Máscaras de Teatro./Foto Ilustrativa

El jueves 7 de julio de 1791, se publica en el Papel Periódico de La Havana una crítica, la primera que conocemos de nuestra historia teatral, firmada por El Viajero. Se trata de un análisis bastante virulento de la comedia El príncipe jardinero y fingido Cloridano, de Santiago de Pita –primera obra cubana que ha llegado a nuestros días-  a raíz de su puesta en escena en un teatro provisional que existía entonces en la Alameda de Paula. Extracto:

Señor Redactor:

Muy Señor mío: Habrá cosa de diez años que falto de esta ciudad, mi amada patria: soy hombre de mediana comodidad, y mi genio curioso amigo de viajar, y ver Cortes, me ha hecho distribuir este tiempo en la de Madrid, París, Roma y en otras ciudades cultas, como las de Cádiz, Sevilla y Barcelona […] ¿Qué juicio quería V. que formase de nuestro teatro actual la primera noche de mi arribo que me tocó ir a ver representar la famosa comedia El príncipe jardinero y fingido Cloridano? […] Ni la comedia, ni los comediantes […] aquélla por disparatada e insolente, y éstos porque (a excepción de uno en quien se dejan ver ciertos golpes de cómico) carecen de todos o los más requisitos que constituyen un buen comediante […] en La Habana, donde se hallan pocos que entiendan qué quiere decir comedias arregladas, gustando los más de vuelos, tramoyas y lances inverosímiles […] serían unos panarras los cómicos si sacando mayor utilidad de representar a Juana la Rabicortona, prefiriesen a las verdaderas comedias […]

Pues como las paga el pueblo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.

[…] tenemos la esperanza, según se ruge, que ha de volver nuestro teatro a su antiguo esplendor. Ya V. se acordará que en el abandonado Coliseo vimos representar una ópera bien ejecutada, varias tragedias y muchas comedias con la propiedad, decencia y decoro que pide el drama […] pero la lástima fue que faltando la mano sabia y poderosa que lo sostenía, y no habiendo en quien librar el empeño, faltó todo: la aplicación en los cómicos, la circunspección en el teatro, y la seriedad y respeto en el auditorio […] A la salida del teatro, uno de los espectadores me preguntó:  ¿Dígame usted qué ha notado en la comedia que acabamos de ver para tratarla de disparatada e insolente? ¿No ha sido siempre celebrada tanto en España como en las Indias, y mayormente en La Habana de donde fue natural su autor?

Es verdad, le respondí, que en otro tiempo, cuando reinaba el mal gusto en España, se representó muchas veces; pero en el día de hoy no hay quien se acuerde de ella para nada. El lugar en que estamos (que era La Alameda) y la brevedad del tiempo no me permiten hacer el análisis de dicha comedia en general. Pasemos en silencio que no guarda las tres unidades, y que en esta parte es disculpable el Autor por haberla hecho cuando no se miraba esto con el mayor defecto en la Cómica.

Qué sentimientos de honestidad, recato y recogimiento sacará una joven de semejante comedia cuando lea o vea representar puesto en boca de una criada rufiana el pasaje siguiente:

 FLORA: ¡Que bien dicen que el amor

                  es una dulce agonía

                  que empieza como deseo

                   y acaba en melancolía!

[…] Pasemos ahora a ver qué dice uno de los principales papeles de la comedia, cual es la Princesa Aurora ¡Qué bien sostenido el carácter de tal! ¡De qué medios tan impropios nos la hace valer el poeta para conseguir el fin de sus amores! ¡Quién no se escandaliza al ver proponer a esta Princesa por dechado de imitación (para no embarazarse en seguir sus livianos intentos) a Semíramis que idolatró ciega a un caballo, y a Pasifae que amó a un toro!     

              Así se introduce Aurora en el coloquio que forma con las flores:

 AURORA:    Flores, rendida estoy

ya os lo confiesa mi pesar el labio,

no me acordéis quién soy,

que no hay dictamen sabio

a vista de una deshonra, y de un agravio.

 No os admiréis de mí,

que de hombres y mujeres diferentes

varios ejemplos leí

de amores indecentes,

que admiraron al mundo y a sus gentes.

¡Conque unos ejemplos que verdaderamente deben traerse para hacernos conocer los yerros a que se expone todo el que quiere seguir un amor desordenado, se nos proponen aquí como dignos de imitación!

¡Absurdo sin semejante!

 Fuere quien fuere el quizás debutante articulista –aunque defensor a ultranza de una moral que ya el propio movimiento de la Ilustración pugnaba por renovar-, no estaba de ningún modo distante, en sus conocimientos y en la habilidad para ejercer el criterio, de la crítica al uso en las principales plazas teatrales de la península: Madrid y Barcelona.

 La función de El príncipe jardinero… que motiva esta crítica data de la primera quincena de junio de este 1791.Valga esta crónica no solo para informar sobre nuestra primera comedia, sino también para dar fe del primer crítico  que ejerció en La Habana, quien solo una semana después –el jueves 14 de julio- publica en el mismo Papel… una severa diatriba contra El diablo predicador y mayor contrario amigo, comedia de tramoya de Luis Belmonte Bermúdez, protagonizada por Francisco Covarrubias, acontecimiento acerca del cual quizás podamos comentar algo en otra salida de Morir del teatro.

¿Quién se ocultaba tras el seudónimo El Viajero

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