Creado en: agosto 13, 2021 a las 08:51 am.

Soy de los que apuestan por esta Revolución

A José Sisto López se le puede encontrar en una discusión amigable con un grupo de muchachos sobre la última tendencia musical o la manera de hacer a Cuba un país mejor, compartiendo escenario con su agrupación en un acto o una gala, apoyando en una tarea de la vanguardia juvenil artemiseña o caminando las calles de la Villa con los audífonos siempre al oído y tarareando una canción cualquiera.

Siempre se toma el tiempo para el saludo, cata a sus interlocutores con una mirada aguda y reacciona irreverente ante las formalidades. Cuando le hablé de esta entrevista pensé que sería la historia de nunca acabar, porque es difícil ver a Sisto ocioso. Sin embargo, disciplinado contestó mis preguntas este artista que lidera la Asociación Hermanos Saíz y ya grabó su nombre entre los hijos nobles de la tierra de Rubén. 

― ¿Cómo fueron tus comienzos en el arte?

―Mis comienzos  fueron similares a los de cualquier joven con esa inquietud. Los primeros pasos los di en la Casa de Cultura Delfín Fleitas Lima, de Artemisa. Ya desde  octavo grado era un gordito sabroso. Estaba siempre participando en los matutinos, cantando, tocando rumba con dos lápices…

No era un estudiante modelo. Mi promedio general no alcanzaba los 85 puntos que se requerían para optar por una buena carrera. En aquella época yo veía a mis amigos pidiendo entrar en las escuelas Camilo Cienfuegos para hacer una carrera militar, otros se decantaban por la universidad. Había hecho la solicitud de plaza para una escuela de oficios en Guanajay con la idea de hacerme tornero pero mantenía la esperanza de que apareciera una oportunidad vinculada al arte.

En ese momento llegaron las convocatorias de la Escuela de Instructores de Arte. Para ello había que estar vinculado con la Casa de Cultura y no lo pensé dos veces. Mi vida musical comenzó participando en un coro. Luego recibí clases particulares con el percusionista Rodolfo Mesa y paso a paso me fui superando hasta que en noveno grado ingresé a la Escuela de Instructores de Arte y allí, durante cuatro años, me formé en esa especialidad.

―Entonces de Instructor a artista. ¿Llegaste a ejercer lo que aprendiste en la escuela?

Cuando me gradué, en 2006, trabajé todas las enseñanzas, desde la primaria hasta la universidad. Fue un trabajo muy bonito y me gustaba mucho, pero yo sabía que fuera del aula me esperaba otro horizonte.

En el año 2010 me fui a la República Bolivariana Venezuela a cumplir con la misión internacionalista Cultura, corazón adentro. Estuve en el municipio Andrés Eloy Blanco del estado de Barinas y viví una de las experiencias más hermosas de mi vida al conocer otras culturas. Eso me abrió el horizonte y me enseñó las dimensiones del trabajo cultural. Cuando regresé a Cuba comencé a trabajar en el proyecto Carisma de un gran amigo, el tresero Isaac Cámbar Mena.

En este grupo comencé a tocar la percusión haciendo música tradicional cubana. Después de aquella cosa de muchachos hice algo de trova. Recuero que tenía como referente al dominicano  Juan Luis Guerra y la 440. Me interesaba mucho Carlos Varela, los inicios de Orishas y consumía mucho Rap.

―En ese  momento de tu vida aparece una faceta La Asociación Hermanos Saíz. ¿Otra profesión?

No. Otra pasión.En el año 2014, por las cosas de la vida,  yo era director de la Casa de Cultura Delfín Fleitas, donde me formé y ya para ese entonces era asociado a la Asociación Hermanos Saiz.  Comienzo a dirigir el gremio y creo que, a la larga, la asociación me ha aportado más a mí que yo a ella. 

He aprendido mucho. Me ha aportado sabiduría, paciencia, entendimiento. Ha sido el espacio propicio para desenvolverme como ser humano y como creador. Como persona porque he aprendido a escuchar a lo demás, conocer sus preocupaciones, mediar entre diferencias, resaltar el trabajo de algunos, a veces regañar a otros. De alguna forma me enseñó lo diferentes que somos los seres humanos.

Como artista le debo lo que soy, lo que en materia de creación  he logrado. La asociación se encargó de visibilizar mi obra, desempolvar todas aquellas canciones que tenía engavetadas y en libretas. Recibí la beca “El reino de este mundo”, para irme con mi grupo a los estudios Areito de la EGREM y grabar mi primer disco. Eso significó mucho para mí y estaré siempre en deuda con la AHS. 

Gracias a la AHS he podido conocer otros territorios del país, conocer mucha gente linda, valiosa y talentosa. He tenido la oportunidad de reunirme con la dirección de mi país y expresarme, hablar con transparencia, decir lo que pienso.

Espero mantenerme cerca de la Asociación aunque no se miembro de ella. A los 35 años termina mi vida como asociado. Creo que esta organización me ha permitido dejar una huella en el alma del resto de los creadores como presidente provincial y como artista. Me parece que he sido consecuente con lo que creo, con el tiempo que nos tocó vivir  y con los principios de la AHS.  Me llevo la insatisfacción de no haber culminado la construcción de la Casa del Joven Creador, pero se ha avanzado. En la AHS me he vuelto arquitecto,  constructor, inversionista y he hecho cuanto he considerado necesario.

―Además de directivo y músico… ¿Compositor?

Comencé a componer con seis años. Aunque no vengo de familia musical nací con esas inquietudes y ya a esa edad escribí una letra muy irreverente donde cuestionaba a Dios por algunas realidades del mundo. Aquello desató una conmoción en la familia. Mi tía Clara Teresa García, directora del grupo de teatro Máscaras de Luna, se dio cuenta de que  tenía algo de talento para la composición, para usar los recursos literarios,  transmitir ideas con claridad y fuerza. Eso me ha acompañado hasta hoy.

Durante la pubertad pasé por los desamores y los temas románticos y así fui evolucionando. Compongo de madrugada, mientras todos duermen en casa. A esa hora se me despiertan las musas. Tuve mi época de componer mucho rap con el grupo Puño y letra. Ese es un género donde la letra tiene mucha importancia y que se desconoce en profundidad. Está estigmatizado y aunque ahora no componga rap no dejo de escucharlo.

―Entre tus éxitos está el tema Artemisa, que identificó la campaña por el décimo aniversario de la creación de la provincia.  ¿Qué se siente al escuchar el tema en la radio y al ver a los jóvenes cantando tu obra?

Haber escrito el tema Artemisa fue un gran reto. Soñé la canción como salió, como la conoce la gente. El tema me marcó porque de alguna forma dejé de ser yo de alguna manera como músico. Las personas comenzaron a verme como un cantautor que defiende su obra. Ahora defiendo mis temas con mi nuevo proyecto sin abandonar a mi grupo Kolao.    

―Precisamente, Kolao te ha dado muchas alegrías. Has podido representar a la provincia en muchos escenarios.

Con mi grupo Kolao he tenido la oportunidad de estar en eventos importantes como las Romerías de Mayo, el festival de la Canción Política, Lunas de Invierno, el festival Piña Colada. Para mí es un privilegio y eso nos ha hecho madurar como grupo de forma general y a mí en particular como persona. Todo eso se lo debo a la AHS.

Creo que en Artemisa hay muchos jóvenes talentosos. Creo también que tenemos debilidades como la falta de unión a veces, la falta de crítica especializada que ayude a que los artistas se superen, el individualismo de cada cual trabajando en lo suyo. Pero, aún con esas debilidades, hemos ganado espacios. Hemos demostrado nuestro compromiso, nuestra coherencia con los tiempos que vivimos.

― ¿Retos personales?

El primero es hacerme miembro de la UNEAC. La UNEAC es el espacio desde el que creo que puedo hacer el arte que defiendo. Creo que además a la organización en nuestra provincia le hace falta inyectarse de juventud porque en Artemisa hace muchos años no hay un crecimiento de sus filas.

Otro reto es que Kolao se coloque en el mercado musical de nuestra generación. No hemos corrido la suerte que de otras agrupaciones que surgieron al mismo tiempo que nuestra agrupación. No obstante trabajamos duro para ello y tenemos nuestro público al que agradecemos la compañía y cada gesto nos compromete más. 

Creo que el mayor reto es hacer mucha música donde esté y aportar a la cultura cubana. Lo más importante es que no se sequen las raíces de nuestra identidad musical. Mi aporte a la cultura es el agradecimiento y la transparencia. Soy de los que apuestan por esta Revolución y no quiero cuento con lo mío. Ser un joven de estos tiempos y más que eso, un joven de la cultura  de estos tiempos, es ser un privilegiado porque es también hacer un poco lo cubano día a día. 

José Sisto dista mucho de ser solo un gordito sabroso. Es un artista serio que entiende el papel de la cultura en la agenda de su generación. Les escribe a los muchachos solidarios que brindan su apoyo a los vulnerables en el barrio, les escribe a sus vecinos, a sus amigos, al amor y a su tierra de sonrisas y coraje. Con su novia eterna de seis cuerdas anda Artemisa, como él mismo confiesa, con su tropa de locos. Hoy es en la Asociación Hermanos Saíz. Mañana será en la UNEAC. Donde quiera que se encuentre este joven estoy seguro de que Cuba tendrá un soldado.

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