Creado en: enero 29, 2022 a las 10:01 am.

Rolando Estévez y la huella de sus Evas

Cartel tomado de la Galería Villa Manuela

A Marcel Duchamp se la adjunta –algunos conservadores y amantes de la clásica belleza consideraron una maldición sus obras— el revolucionar las artes plásticas y el arte en general con aquella escandalosa pieza, Fuente mingitorio, un urinario llevado a la galería. Cambiaba la percepción del arte. Se redimensionaba el objeto, despojado de su valor de uso, para “impregnarle” nuevas lecturas, nuevas concepciones.

Los creadores, ni cortos ni perezosos, supieron sacarle partida al hecho para sus representaciones simbólicas. Quedó atrás el pincel. La majestuosidad del óleo, sus trazos y líneas, ahora circunvalaban otra majestuosidad: la de la idea, la imprecisa línea del pensamiento. Años más tarde se le sumaría el arte conceptual.

Y hasta hoy llega el acontecimiento. Con estas herramientas ha querido discursar el reconocido artista de la plástica cubano y poeta Rolando Estévez, quien en su exposición Ex libris: La huella de Eva, ha querido resignificar el objeto común para homenajear y dialogar, desde la plástica y la poesía, a siete importantes mujeres de la cultura. Las palabras del catálogo corrieron por Virginia Alberdi.

La muestra, inaugurada el jueves 27 de enero en la galería Villamanuela de la Uneac, es una apuesta por el rejuego de los sentidos. Las piezas, a manera de instalación, impresionan por su majestuosidad y barroquismo, abigarramiento que obliga al espectador “agudizar” el ojo agudo, buscar e indagar en el detalle.

Obra Suite para voz y corazón en traje negro, homenaje a Edith Piaf / Foto del autor.

A la tempestuosa pintora mexicana Frida Khalo, la poetisa matancera Digdora Alonso, la antropóloga de origen cubano Ruth Behar, la versátil maestra del diseño María Elena Molinet y la cantante francesa Edith Piaf, dirige su mirada Estévez. Pero, el artista no solo lograr visibilizar a estas mujeres, sino, mostrar el contexto social y ontológico de sus entornos. Lo autóctono no escapa, tal es el caso de la Virgen de Regla y el papel moneda nacional, entre otros.

El creador, fundador de Ediciones Vigía y liado al libro-arte, ha dejado su impronta desde el diseño. Ahora suma a esta muestra varios de esos trabajos. Es también fundador y director de la editorial El Fortín.

Entre la variedad de objetos, materiales utilizados y formatos, ocupa un lugar cimero los textos poéticos, en conjunto y de manera individual. Por la disposición y ubicación, su valor semántico, adquieren valor plástico. Constituyen una pieza más del discurso de las obras y la muestra en general. Lo rubrican Nancy Morejón, Norge Espinosa y ese transcendental poema de la lírica cubana de estos tiempos que es poema Vestido de novia y el propio Estévez.

El diálogo artístico se establece desde la intimidad que sugieren cada uno de los elementos de las piezas. “Mapean” la personalidad y relevancia de las homenajeadas. Se le suman a esa intención los textos, sencillos, pero, profundos. De manera tal que se establece, entre las obras, una complicidad espiritual. Claro está, contribuye el referente de cada una de las homenajeadas y la habilidad del artista para articular el discurso sobre ellas.

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Lo conceptual es mazazo por sobre los ojos y sentidos del espectador. La idea, como arma, a la vez elemento expositivo, fluye en cada una de las obras. En el más mínimo de los elementos, su ubicación, disposición, es notable. Por eso, hay que agudizar la mirada en esta muestra, detenerse allí y disfrutar. A eso llama el artista y las vidas de estas mujeres entre la ambigüedad de la nostalgia y la alegría.

La alegoría, el símbolo y las asociaciones, tanto desde lo plástico como desde lo poético, abundan también en las obras. Repito, la sencillez, el mensaje claro y directo, no rebuscado, no demerita el resultado final de la muestra. Ex libris: La huella de Eva, es un gran libro donde se lee con particular placer lo visual, a la vez se disfruta, literalmente desde la lectura de los textos-piezas, los sentidos.
Particular ese ambiente interactivo entre el objeto, el texto y lo bucólico en que dialogan las obras.

Desde la poesía, se conversa, clara y directamente. La mixtura desde lo simbólico representativo, donde lo ontológico ocupa primerísimo lugar, es valiosa. Sin embargo, esa mezcla explaya, también, desde la plástica, el valor de los diferentes recursos y estilos utilizados en la acertada representación. Ha sabido el artista conjugar instalación, collage, pintura, objetos y textos a la manera más heterodoxa.
No se trata de una búsqueda exquisita y exprofeso artísticamente. No ha deseado el autor hallarle la quinta pata al gato, pero sí, las sietes vidas explicitas de las homenajeadas.

bra Con duro polvo de óleo, dedicada a Frida Khalo / Foto del autor.

Algo de misterio tiene la galería Villamanuela, por su distribución espacial y, claro está, el trabajo del equipo curatorial y museístico, que logra introducir al espectador por un “viaje” de los sentidos durante el recorrido por la muestra. La fragmentación del espacio obliga a concentrar los sentidos en cada pieza. Llega al paroxismo.

El pórtico de la exposición se engalana con la instalación Amo a mi amo. Una yunta de bueyes, objeto de trabajo agrícola, ha sido despojada de su uso común. Los “mansos” vacunos enlazados por este rústico instrumentos aquí, son dos largas esteras de sacos en las que dos figuras sobre collage, son “arrastradas” y conducidas. Entre ellas el texto: Amo a mi amo, alusión clara a la esclavitud y el sometimiento machista a la mujer.
De enero a marzo estará la muestra.

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