Creado en: marzo 7, 2022 a las 09:43 am.
Contra la guerra cultural, también

Todos los defensores del arte, la libertad de expresión y el derecho a la información deberían levantar sus voces contra la rusiafobia desatada como respuesta anticultural al conflicto bélico Rusia-Ucrania.
Impedir que los europeos puedan ver las plataformas informativas rusas y que los rusos se mantengan conectados con las redes sociales viola todas las normas internacionales respaldadas por la ONU, que se ha apresurado a gestionar una resolución contra Rusia, lo cual no ha hecho frente a las innumerables invasiones militares de Estados Unidos a otros países, como tampoco ha reaccionado a la guerra contra la cultura rusa que mucho recuerda a la persecución de los nazis contra los judíos.
Las prohibiciones sobre eventos relativos a autores universales, la censura a películas como Solaris, a las presentaciones del Ballet Bolshoi, la destitución de afamados directores de orquesta y hasta gatos por ser de origen ruso son una muestra imperdonable de desprecio por una cultura que ha legado a la humanidad valiosas contribuciones en los campos artísticos y científicos durante toda su historia y la confirmación de la falta de sentido cultural de un occidente que no ha logrado trascender sus ínfulas de supremacía sobre las diversas culturas que conforman el concierto universal.
El aislamiento informativo y la agresión cultural a Rusia crean un alarmante precedente totalitario de Occidente que puede ser recurrente con cualquier país que no acepte los preceptos hegemónicos lidereados por Estados Unidos y seguidos servilmente por la Unión Europea, quien pudo evitar la guerra Rusia-Ukrania de haber intentado que se cumplieran los acuerdos de Minsk, de que cesara la agresión al Donbass y se limitara la expansión de la OTAN hacia el este europeo.
Pero entre los problemas culturales del viejo continente está negarse a considerar a los del este como europeos mientras que los habitantes de los países en esa zona geográfica sufren los efectos de la colonización cultural que promueve las identidades occidentales como las únicas de valor, luego, además, de haber distorsionado la historia del Siglo XX, al punto de negar el holocausto, la victoria soviética contra el fascismo y culpabilizar a Rusia de ínfulas imperialistas que casualmente son las características de Estados Unidos desde que surgió como nación.
Problemas culturales se han mantenido en todo nuestro mundo, donde no han sido trascendidos los prejuicios de todo tipo como históricamente ha ocurrido con Rusia desde la época zarista, acentuados en la etapa socialista y mantenidos en su actualidad capitalista.
Como en la antesala de la primera y la segunda guerras mundiales presenciamos una guerra de hegemonías porque Estados Unidos no quiere tener competidores como Rusia y China y poco le importan los muertos rusos y ukranianos, ni la vulneración de valores culturales que deberían ser respetados.
Pero los hombres y mujeres de sensibilidad deberían mostrar su espíritu antiguerrerista, frente a esa guerra que no solo es contra Rusia, es contra las mejores realizaciones de los terrícolas de todo los tiempos que si bien no han alcanzado a construir una sostenible cultura de paz han dejado testimonio de los afanes creativos que los distancian de la barbarie total que amenaza esta primavera del 2022.