Creado en: abril 9, 2022 a las 09:59 am.
Cesare Pavese: Variadas formas de morir

“… Existen dos elementos que son inseparables de la muerte: el amor y la nostalgia.”
Roland Barthes
En su diario íntimo rotulado “Il mestiere di vivere” –en español El oficio de vivir de 1935 –hasta 1950, pero publicado póstumamente en 1952–, Cesare Pavese(1908-1950) escribió lo siguiente. “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. Transcurría el día 18 de agosto de 1950. Un día antes –el 17— había separado una habitación en el hotel Roma, en la plaza de Carlos Felice, frente a la estación central de Turín. Desde allí aún le lanza una desesperada llamada a Pierina –su último amor físico, psicológico e imposible–, amor desajustado y no correspondido que, puede y debe funcionar como otra de las zonas para interpretar las últimas frases de su diario –recordar que los poetas son escritores de diarios, de cartas, de mensajes, de fragmentos–. Pavese se movía entre amores incompletos e incómodos, amores expandidos, o acelerados por el lenguaje. No existe amor sin desamor, no hay recuerdos sin cultura, ni cultura sin amor.
Leyendo su diario no acumulamos experiencias, más bien incertidumbres las cuales nos convencen de la necesidad de ajustarle las cuentas al amor. El poeta realiza con prontitud el gesto inverso se ajusta las cuentas a sí mismo. Se hallaba solo producto de la cobardía de los otros y, el 26 de agosto, toma una dosis mortal de somníferos. En la mesa de noche, al alcance de la mano, se encontró su libro preferido: “Dialoghi con Leucó”—diálogos con Leuco— que, se abre con el suicidio de la ninfa Ino, convertida luego por nuestra mitología Occidental en la diosa Leucothea. Ese mismo año de 1950 recibió el Premio Strega que coronaba su carrera de novelista, pero Pavese no creía en los homenajes y menos aún en la novelística: la suya en particular. Para comprenderlo recomiendo leer sus cartas, las cuales van desde 1924 hasta 1950, publicadas –edición integra– por Einaudi, en 1966 en sendos volúmenes preparados por Italo Calvino y Lorenzo Mondo. Con posterioridad la propia editorial Einaudi publicó una edición resumida del epistolario que comprende un total de 466 cartas –misivas medulares para descodificar el pensamiento pavesiano, sus reales intereses. En ellas como en su libro de ensayos: “El oficio de Poeta”, selección y prólogo de Italo Calvino, Milán 1953. Y en nuestra lengua por la Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, la cual prefiero sobre otras muchas que han ido apareciendo con los años, el aeda nos dice: ” Un clavo desaloja a otro clavo. Pero cuatro clavos hacen una cruz. Los suicidas son homicidas típicos. Masoquismo en lugar de Sadismo”. Ahora no pretendo realizar la penosa tarea de rehabilitar a una víctima, recordemos el viejo consejo de Bernard Shaw: “Ser maltratado no es un mérito”. O sea, debemos entender a Pavese en el tiempo correcto, el tiempo justo, en la lentitud y la intensidad que el mismo sugiere en su poema Verano: “Ha regresado la angustia que ninguna dulzura de labios abiertos, puede mitigar…” Tan sólo un hombre muy infeliz tiene el derecho de escribir versos con ese desgarramiento, esa deformación estilística, esta profundidad –volveremos más adelante sobre su cuerpo poético.
Dos labores colaterales por aquellos días lo obsesionaron: la traducción –conocía con amplitud el idioma inglés y su literatura. Al otro extremo lo ocupa su trabajo al frente de la Casa Editora Einaudi, de la que fue hasta su muerte uno de los principales animadores, pero escuchémoslo explicar su concepción del empeño editorial: “Nos hemos reunido para hacer libros, y no literatura de oficina…” O sea, Pavese creía en el trabajo creador/enaltecedor del editor y se consideraba alejado de cualquier burocratismo/funcionalismo banal. En cuanto a su labor como traductor nos comenta: “Para traducir bien hay que enamorarse de la materia verbal de una obra y sentirla renacer en el propio lenguaje con la urgencia de una segunda creación”. En la lengua italiana esta segunda creación la constituyen sus traducciones de Faulkner, Dos Pasos, Dickens, Melville, Walt Whitman y Joyce –entre otros muchos. Paralelo a todo este esfuerzo se hallan –y aunque menos abarcadores— los actos de su vida cotidiana. Su encarcelamiento, destierro y liberación en 1935-36, por el régimen fascista de Mussolini. Donde interviene o emerge una figura que no ha sido estudiada con profundidad por sus biógrafos: Leone Ginzburg(1909-1944), su amigo judío nacido en Odessa en 1909, pero que vive desde muy niño en Italia. Ambos asisten a los mismos colegios y concluyen la misma especialidad en la universidad de Turín. Ginzburg traduce al italiano a los maestros rusos –única diferencia con su amigo que prefiere el inglés— y muere el 5 de febrero de 1944 en la cárcel de Roma, torturado por los aliados alemanes. Desde este instante es un sujeto que de manera depresiva; como el suicidio, se puede rastrear en la poesía pavesiana y les citaré dos ejemplos de su poemario: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de 1951 –cuaderno póstumo: “Si la mujer no fuese un tatuaje y estuviese viva y aferrada a su pecho peludo, ese hombre bramaría aún fuerte en su pequeña celda…” Cesare Pavese realiza un guiño esquivo y mentiroso titulando el poema: Alter Ego, más nosotros sabemos que ese hombre que está imposibilitado de bramar en su pequeña celda, es su amigo Leone Ginzburg y, la mujer –resultará más que un tatuaje– que lo abraza no es otra que la esposa fiel de su amigo y condiscípulo Natalia Levi(1916-1991) –casados en febrero de 1938 y cuyo testigo de boda resulta un raro y escurridizo poeta: Cesare Pavese. O éste otro segmento: “Qué le diremos esta noche al amigo que duerme? La palabra más tenue nos trepa a los labios, desde la pena más atroz…”
Al fin hemos arribado a su poiesis, su primer cuaderno de versos apareció publicado en 1936 y se titula: “Lavorare Stanca” –en español Trabajar Cansa— que funciona como una especie de bomba de efecto retardado colocada en el engranaje de todo el sistema cultural italiano. Poesía de reflexiones complejas de la cual se desprende uno de los aportes más lúcidos y provechosos para la creación y el pensamiento poético de nuestros días. Versos que pretenden concretizar las renuncias a la unidad poética, o sea prefiere exaltar la diversidad y la diversidad constituye el espacio natural del arte. Su poesía diferente, sutil, estilizada y experimental pertenece a lo más profundo de la versificación del cancionero popular italiano, incluso cuando utiliza giros idiomáticos -raros- del acervo universal resulta intensamente itálico. No se puede uno desprender -como lector de versos- de esa cadencia alargada que nos envuelve y nos hace creer en la fabulación poética infinita. Acercándonos a eso que es definido como ríos internos de pensamientos. Les recomiendo comparar sus poemas con la obra de varios de sus coetáneos. Me disculpan si no nombro a ninguno, o sí, uno –y les advierto que estoy dando un salto olímpico hacia atrás o hacia delante. ¿Quién sabe? Me refiero a Dino Campana(1885-1932), muerto cuatro años antes de aparecido el poemario Trabajar Cansa y, al cual la literatura italiana y mundial no ha sabido poner en el sitio que le corresponde. Desgraciadamente en español no contamos con la traducción completa de su único libro: Canti Orfici –Los Cantos órficos. Los aires herméticos y malditos de su esencia popular o vulgar, sin desdeñar su aguda busca en el sentido de huir del tiempo lineal y estructurar otros instantes puede que más simbólicos, musicales y pictóricos.
Regresemos a nuestro poeta y su obra. En 1951, luego de su muerte se publica: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Cuaderno estructurado por diez poemas, ahora para nuestra dicha, lectura y perplejidad contamos en español con la edición fusionada de Trabajar cansa y; Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Que más allá de su acción postrera me recuerdan una célebre frase de Mahatma Gandhi: “La vida y la muerte no son sino las dos caras de una misma/única moneda”.
Existe un fragmento de Descartes en su libro Discurso del método que, Jacques Derrida con insistencia enfermante cita en varias entrevistas y escritos, donde el filósofo, matemático y físico francés del siglo XVII se dirige a la academia en la lengua de sus lares, o sea el francés de su país natal, sus gentes y no en el latín clásico de sus preceptores eclesiásticos. Derrida obsesivo nos previene sobre la mentira generalizada de la traducción literal –su supuesta neutralidad– y, su acercamiento al llamado texto original. Ahora se pretende entrenar al lector cubano en una poética psicológicamente distinta, de una riqueza verbal poco frecuente para su época, con experimentos o juegos de palabras casi constantes. Una lírica en búsqueda de sus propios referentes y significados. Más bien la traducción versionada de una voz única en la historia de la poesía global del pasado siglo XX. Para concluir les diré que Cesare Pavese nació en 1908 en un pueblito de la región montañosa italiana del Piomonte –otra coincidencia, pues, a Campana le subyugaba el paisaje piomontes, allí se le veía con la lucidez que nunca tuvo. ¿Le sucedió lo mismo a Pavese?— y que escribió en su poema Last blues, to be read someday: “Alguien murió/ hace mucho tiempo–/ alguien que intentó,/ pero no supo”. Nuestro poeta sabía y cuánto… Les deseo una estancia creativa y no ociosa en estos versos, simplemente: intentar y saber. O sea, ojalá que el acercamiento a este material lírico los compulsione y entusiasme.