Creado en: julio 9, 2021 a las 10:27 am.
La infancia de Sheldon

Los personajes contribuyen a que una obra literaria o audiovisual, es posible incluso más para algunos en el segundo caso dada la pregnancia de la imagen, sea recordada en el tiempo por diversas generaciones. El de Sheldon Cooper, de la serie La teoría del Big Bang (CBS 2007-2019), es, será uno de ellos.
Chuck Lorre, co-creador de la icónica sitcom, lo consiguió merced al desarrollo de su curva de evolución y tipología, dibujados mediante acuciosidad en el detalle; en virtud del establecimiento en pantalla del perfil volitivo del entrañable e incómodo nerd; al poder “atrapar” su fragilidad, calidez, apocamiento, obsesiones, traumas, egolatría, sapiencia, lejanía de las convenciones sociales pero a la vez necesidad, curiosidad y atracción hacia estas…
Sheldon Cooper constituye uno de los grandes personajes de la televisión estadounidense, debido tanto a esos sólidos rasgos identificadores con los cuales fue concebidos en el guion como a la defensa interpretativa del en esa serie y solo allí deslumbrante Jim Parsons, alguien quien parece haber venido a este mundo a realizar dicha composición, pues el resto de su trayectoria actoral es del todo olvidable.
Fenómeno generacional, social, también económico (nunca se cobró tanto en la pequeña pantalla norteña hasta la irrupción de La teoría del Big Bang) y nostálgico (muchas personas no querían que finalizase y otras tantas pedían al menos una pre-cuela con el personaje central, algo a lo cual no le hacía resistencia Lorre), su impronta en el imaginario local y universal tendía un camino abierto a la aparición de El joven Sheldon (CBS, 2017-actualidad), igualmente de la mano del en su terreno inigualable Chuck.
Este Maestro Jedi de la telecomedia estadounidense (acabo de ver la tercera temporada de El Método Kominsky e, incluso sin Alan Alda, su serie continúa manteniendo su músculo gracias a los gags de Lorre) ha armado en El joven Sheldon, al aire en la televisión cubana, una pieza en las antípodas tonales y formales del “Big Bang”, disímiles en ambientación/decorados, sin la acostumbrada diversidad de cámaras – de hecho solo una ahora- y sin un público riente en el estudio, con narrador. Sabedora, por otro lado, de su carácter “menor”. Lorre la escribe con conciencia de que el fenómeno primario resulta irrepetible y ni por un segundo se propone reeditarlo. Va por otro camino.
Tal honestidad se agradece, y además nos ayuda en tanto espectadores al visionar los relampagueantes 19 minutos de cada episodio encargado de rastrear la vida infantil de Sheldon, en la conservadora Texas de su infancia en 1989, junto a sus padres y hermanos, quienes ahora parecen algo mejores de cómo los recordaba él de adultos.
La serie, una comedia familiar en propiedad, constituye un éxito -a escala bien diferente al fenómeno Big Bang pero éxito al fin- en su formato, porque en primer lugar genera hilaridad, objetivo base del género. Ello, en buena medida, gracias a la capacidad de Lorre para introducir/orlar/remachar la situación, el gag, el diálogo. En segundo lugar, debido a que establece benéfica alianza entre humor y sentimientos, lo cual le aporta un plus en el proceso de identificación con el receptor mayoritario, favorable a la tesitura agridulce del material. Y, en tercero, por un puñado de personajes queribles, en cuya preferencia el autor de esta reseña contempla a Mary Cooper (Zoe Perry), la madre del pequeño Sheldon, y a la “meemaw”, la abuela (Annie Potts). Las dos –y más la segunda–, representan creaciones adorables de Lorre y dibujan el universo de grandes contrapesos femeninos adultos entre los cuales discurrió la infancia del personaje.
El efecto dicótomo entre la picardía de la “meemaw” y el carácter mojigato de la progenitora resulta rentabilizado, también, para gestar humor por un creador más proclive a construir recordados personajes masculinos como los de Dos hombres y medio, pero quien suele incorporar secundarios femeninos de fuerza dramática. Era un caso, por ejemplo, en el “Big Bang”, el de la Dra. Beverly Hofstadter (Christine Baranski), la madre de Leonard.