Creado en: abril 25, 2021 a las 09:11 am.

Oscar Wilde: bienvenido en la Televisión cubana

No podía entender por qué era tan difícil encontrar información sobre el escritor que dio lugar a aquella película, una de las que tanto me impactaron desde mi infancia. Tuve mucha suerte, es verdad, que mis padres me criaron en los audiovisuales y la música que con ellos aprendí a apreciar, y que hoy me siguen definiendo lo mejor de mí, estética, artística y sobre todo, humanamente.

Con toda la belleza de la inocencia de su corta edad, Dorian Gray, tentado, sacrifica su alma que, atrapada en el retrato que le pintara un admirador, recibe las marcas de todas sus atrocidades a las que se desboca y pierde aquella inocencia, pero, para asombro de todos, se mantenía eternamente joven y hermoso. Aprendí así que en las artes desbordan disímiles lecturas a ser incorporadas, e inciden en nuestro crecimiento de todo tipo.

Las tantas variantes en la relación ética-estética se me abrían entonces en otros clásicos no menos trascendentes, como la francesa La bella y la bestia, dirigida por Jean Cocteau y protagonizada por Jean Marais, de 1946, al año siguiente de haberse filmado esta producción estadounidense que ocupa estas líneas, con guion y dirección de Albert Lewin, sobre la única novela escrita (1890) por el entonces (y muchas décadas más y en casi todo el mundo) vetado irlandés, Oscar Wilde. Quizás no sea casual; tal vez el fin de la hecatombe que para todo el planeta había sido la Segunda Guerra Mundial, cimentaba el camino para tales obras cinematográficas con inquietudes semejantes, aun en distintas latitudes y culturas. Quizás era el momento preciso: se avecinaba la censura del macartismo. 

Años después, supe que la calificaban entre las últimas novelas de terror góticas (igual que el Drácula del también irlandés Bram Stoker, 1897, lo que invita a polemizar más allá de lo circunstancial; como recientemente he visto esta película catalogada como thriller, y discrepo) y que la idea tenía precedentes tan cimeros (sin remontarnos al siglo IV a.n.e. griego por la legendaria tradición de la Fuente de la Juventud) como Fausto, del alemán Goethe (1790-1802, donde se vende el alma al Diablo y que el propio Wilde reconoce), entre un neoclasicismo y un romanticismo tan supuestamente distinto y distante de la época parnasiana y el Art Nouveau, los poetas malditos franceses y el modernismo que encabezaba nuestro Martí en lengua española, cuando vivió Wilde, a quien el propio Martí ya en 1882, había calificado de “rebelde hombre“.

La novela nació bajo la crítica de la intolerancia de antaño contra el homoerotismo que no lograba ocultar, y fue usada como evidencia en el juicio de ensañada homofobia que condenó a Wilde (1895), pero su triunfo ha sido aplastante: desde 1910 se citan múltiples versiones en películas, series, televisión, en la música y cómic en disimiles países. Pero esta de 1945, que obtuvo el Oscar por la mejor fotografía en blanco y negro (Harry Stradling; aunque en sus escenas, el retrato llega a verse en colores, lo que se atenuaría si todo el filme fuera en colores, donde eso sí: abundan los tonos grises por la decoración recargada) y tres nominaciones, y el Globo de Oro para Angela Lansbury como actriz de reparto, en el personaje de Sibyl, la cantante enamorada que se suicida por la desilusión, primera víctima de Gray.

Como tantas obras imprescindibles, libro y película son de las que apenas conocen muchísimas personas y sobre todo, las nuevas generaciones; muchos la han visto sin reparar siquiera en sus tantos valores con que nos nutren. De aquí que es tan acertado y saludable que todavía en el Aniversario 120 del fallecimiento de Wilde en París, la Televisión cubana y en particular el espacio Letra fílmica, tan a tono con un Canal que se llama Educativo y donde no faltan los comentarios que tanto completan para entender una obra en todas sus dimensiones, haya decidido exhibir un ciclo de películas a partir de la obra literaria de Wilde, y nada más adecuado que haber comenzado en marzo con El retrato de Dorian Gray. Así en su total vigencia, sigue creciendo a tantos, como a mí me creció.

De tal suerte, tales programas merecen la promoción que se les debe a tales obras, porque es lo que urge nuestro desarrollo cultural con lo mejor de la cultura de todo el orbe, y que por tanto necesita nuestro pueblo, aunque muchos lamentablemente no lo demanden pues no se les ha educado en estos valores, de donde luego hemos de lamentar tanta y tan peligrosa seudo-cultura que al ignorar lo mejor, induce lo peor; la gran tarea de nuestros medios es por tanto, como corresponde a la genuina cultura, de inteligencia: para educar hay que comenzar por saber educar, y ganarse al público en cuanto detalle conforma el engranaje mediático.

Las otras propuestas que continúan el ciclo, con numerosas adaptaciones y versiones al cine, teatro, televisión y radio, aportan la rica diversidad de la obra de Wilde, con su fino y agudo sentido del humor: El fantasma de Canterville (1887, cuento que algunos han considerado novela) donde chocan el estereotipo del burgués estadounidense moderno y el del tradicionalismo inglés, cuando un pragmático matrimonio de Estados Unidos con cuatro hijos van a vivir a un castillo inglés donde 300 años antes, el señor había matado a su esposa por no verle ningún valor, y sus cuñados lo dejaron encerrado hasta morir, y ahora su fantasma atemoriza a todos… menos a estos huéspedes bromistas, hasta que la hija compadecida acude a auxiliarle. Se destaca la película de Jules Dassin (1944), protagonizada por Charles Laughton.

Su obra de teatro La importancia de llamarse Ernesto (1895), fue su última comedia, donde satiriza aquella sociedad inglesa que tanto le hostilizaba: escoger esposo según su nombre, este en juego de palabras con otros ideales dogmatizados por aquella hipócrita sociedad. Se conoce al menos en cuatro películas de distintos países, como la de Anthony Asquith (1952), la de Kurt Baker (1992) y en el siglo XXI, la que dirigió Oliver Parker, quien ya en 1999 había filmado Un marido ideal, y luego filmaría Dorian Gray (2009).

Reto difícil e importante se ha impuesto Letra fílmica, al escoger entre las decenas de adaptaciones y versiones cinematográficas de la imprescindible literatura de Wilde, lo que se multiplica si se considera al propio Wilde y su vida como objeto del celuloide, sobre lo que al menos cinco títulos descuellan desde 1960, entre los cuales afortunadamente los dos últimos (1997 y 2019) se han mostrado al público cubano (el más reciente en otro espacio del mismo canal de televisión: Espectador critico), saludablemente ávido de la más genuina cultura internacional, que nuestros medios deben satisfacer, y saber incentivar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *