Creado en: junio 15, 2021 a las 08:07 am.
Sangre africana en las venas de Antonio Maceo

Se ha estudiado hasta la saciedad la actitud racista y divisionista de un grupo de la élite independentista en la guerra de 1895. Tal visión tiene un sustento muy lógico pues fue aquella sociedad, creada y recreada sobre la esclavitud de cientos de miles de africanos y sus descendientes. Eran hombres y mujeres de su época y no se les puede pedir más. Necesitaban del racismo como sustento de la esclavitud y de considerarse superiores por sus apellidos y sus fincas.
No es soprendente que presidentes, miembros del gobierno, de la alta jefatura del ejército, estuvieran imbuidos de racismo en mayor o menor medida. Lo que sorprende es que fue un mulato, el lugateniente general del Ejército Libertador de Cuba en 1895. Fue un hombre por el que corría a raudales sangre africana el esperado por no pocos caudillos, generales y coroneles veteranos del 68 y hasta que no comprobaron su arribo a las costas cubanas no se alzaron en 1895.
Algunos tuvieron que verlo detenerse en la talanquera de la finca y llamarlos a voces para irse a la manigua insurrecta. Entre ellos habían gente rubia y blanca o de pasas y piel color de la noche.
¿Por qué ocurrió ese gran borrón de que blancos obedecieran a un mulato?. El asunto tiene una larga explicación, pero sobre todo porque Antonio Maceo era un hombre del futuro. Ni siquiera de este presente donde todavía flotan nubes de prejuicios raciales. Él fue producto de su valor personal, pero también una construcción de la sociedad cubana. El día del parto de doña Mariana, esperaban en la sala de la casa santiguera Céspedes y Guillermón o usted y yo, blancos y negros, todos cargando con nuestros prejuicios por los muchos colores de la piel.
Maceo no fue perfecto pese a todo el esfuerzo que ha realizado la hagiografía, en que hemos convertido a los estudios de historia, para hacerlo un Dios. El mulato va dejando a todo lo largo de su vida jalones que podríamos llamar defectos pero me gusta más decir: su condición humana, que nunca es por suerte perfecta. Pero es figura salvadora de todos, más que por sus combates y heridas porque lo venimos imaginando desde siempre.
Es el símbolo de una sociedad donde los: negros, mulatos, achinados, indiados, blancos todos los bien hablados y mal hablados, los buenos y malos somos ante todo cubanos. Lo demás poco importa.