Creado en: julio 26, 2021 a las 07:13 am.

Andrés García Suárez: Recuerdos de un amigo

Hasta sus últimos años Andrés García Suárez se mantuvo activo en la creación periodístico-literaria.

Gloria del oficio reporteril en Cuba -aunque lamentablemente no llegaron a concederle el por sí merecido Premio Nacional de Periodismo José Martí-, al momento de su muerte como consecuencia de complicaciones derivadas del coronavirus preparaba, junto al historiador Adrián Millán del Valle, un libro sobre las visitas de Fidel a Cienfuegos.

Ambos autores me propusieron como editor de dicho volumen y, por tanto, Andrés solía comentarme sobre sus ideas respecto a la configuración del texto. Debido a la escasa disponibilidad de tiempo de la vida moderna, unido a esas responsabilidades paralelas que tanto lo consumen, luego de su retiro nuestros contactos no eran tanto físicos, pero sí puntualmente telefónicos.

Por dicha vía le solicitaba, además, materiales para la página de opinión del periódico 5 de Septiembre, la cual él de forma recurrente prestigiaba a través de materiales que, amén de reflejar sus profundos conocimientos históricos, denotaban las cualidades éticas y morales de un hombre que amó profundamente a la Revolución y sus proyectos. Sus materializaciones y hasta las mismas irrealizaciones no concretadas por una u otra causa o entorpecimiento mayor.

Siempre guardó cariño, respeto, admiración por nuestro proceso, proceso que él mismo contribuyera a fundar. No existieron confusiones, ambivalencias o ambigüedad moral consigo.

Patriota desde los días de las huelgas estudiantiles en contra del tirano neocolonial de turno, del Movimiento 26 de Julio y del levantamiento popular armado del 5 de Septiembre de 1957 en repudio a la dictadura sangrienta de Fulgencio Batista, Andrés participó en todos los procesos de redención social librados por el país a partir de Enero de 1959.

Asumió responsabilidades políticas junto a la Revolución. También periodísticas. Subdirector, por décadas, del periódico 5 de Septiembre, le conocí -gallardo, gentil y humano, como siempre e incluso también lo era a punto de cumplir sus noventa años-, al llegar a la redacción del medio en septiembre de 1993.

Una corriente de simpatía mutua nos unió para siempre. El compañero de la Upec y de la Uneac me sonrió mis primeras picardías juveniles, me perdonó algunas indolencias de aquella etapa de inmadurez, me sobrellevó cuando en calidad de imberbe editor jefe del periódico propuse publicar alguna tontería de la cual luego me arrepintiera, me acompañó en 1994 en la boda con la única compañera de mi vida y contribuyó a desbrozarme el camino en esta carrera de ya casi treinta años en la cual el nombre de Andrés ha estado para mí presente de una u otra forma.

Él también amó mucho a su Cary. De las imágenes indelebles que conservo, permanece la suya, llorosa, compartiéndome, tras el deceso de ella, cuánto había significado en su vida.

Padre grandioso, era adorado por sus hijos, quienes lo atendieron y cuidaron en todas las circunstancias, hasta el último minuto. Se sentía orgulloso de ellos.

La última tarde que escuché la voz del amigo fue durante la misma jornada cuando le comunicaron que había sido contagiado con el virus. Lo llamé para preguntarle en relación con un artículo solicitado. Debido a la avanzada edad del nacido el 21 de julio de 1932, temblé ante la noticia. Falleció el domingo 25, del propio mes. Otra herida cruenta de la pandemia aquí.

La obra de García Suárez queda para la posteridad. Dejó más de diez libros publicados, centenares de artículos en diversos medios nacionales del país y los volúmenes históricos de mayor peso escritos alrededor de los hechos del 5 de Septiembre, co-firmados junto al historiador y eterno compañero suyo, Orlando García Martínez, presidente de la Uneac en la provincia.

Espero que jóvenes estudiantes de Periodismo estudien dicha obra, ya sea a través de trabajos de diploma, ya sea en función de fines reporteriles; de forma que sea tanto reproducida como más conocida por lectores de todo el país, cual merece el creador, y además el hombre bueno, que ahora despedimos solo en el plano físico.

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