Creado en: julio 26, 2021 a las 07:33 am.
Es preciso cantar la proeza de Cuba

La épica de la Revolución cubana no solo se asienta en la historia de la que vivimos orgullosos quienes nacimos en esta tierra. También ha sido registrada por los artistas en obras que forman parte de nuestro patrimonio musical, poético, sonoro y cultural. El 26 de julio, el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la gesta de aquellos jóvenes de la Generación del Centenario, es uno de esos momentos que el talento nacional ha convertido en arte.
Numerosas piezas de nuestro pentagrama se refieren al Moncada. Una agrupación musical nacida en la Universidad lleva ese nombre. Desde diferentes géneros se rinde tributo a la gesta gloriosa y las voces más reconocidas del patio han entonado sus cantos a la epopeya.
En esta nueva celebración volverán a escucharse las voces. Se apoderarán de los escenarios virtuales, de las redes sociales, de los reproductores de música, también de las plazas que no lograrán contener la impronta de la gratitud. Como siempre, la cultura acompañará a nuestro pueblo y los temas de Sara, de Martín, de Polo, de Silvio, volverán a corearse para recordarnos que Es nuestro el 26, que a los héroes se les recuerda sin llanto y que lo hermoso nos cuesta la vida.
Esa voz forma parte de nuestra hazaña. Esa alquimia cubana de convertir en arte nuestra realidad no puede perderse en el discurso repetido. Si algo hermoso tiene esta revolución es la capacidad de emocionar y a veces corremos el riesgo de perder la perspectiva. Nos adaptamos tanto a la belleza como la Mora de Martí a la perla cuando un mar agitado y peligroso la ambiciona, asecha a la espera de nuestro descuido.
Por eso la cultura asume la misión de reconstruir, a través del talento, de la belleza y la emoción, nuestro discurso. Vuelve para contarnos la historia de Abel. A recordarnos que no era hombre común sino un animal de galaxia que luchaba por algo que fuera adorable. O por lo menos querible, besable, amable.
Volver a esa musa inmensa que es la obra social de nuestra isla. Volver a ese Moncada que encendió el motor grande es también la manera de engrasar ese motor, de garantizar la vida útil de un equipo que hoy oxigena los pulmones del mundo con soplos de esperanza.
Toca a los artistas contar esa historia de amor en la que un muchacho en su afán de salvar a su pueblo de la infamia y el oprobio comprendió que la guerra era la paz del futuro. En esa guerra necesaria del pensamiento contra la desmedida, de la belleza contra el odio, de la cultura contra la ignominia nos jugamos la vida los cubanos de hoy. Por eso vuelven las canciones y los poemas. Vuelven los clásicos y los nuevos que se suman al arsenal. La Revolución empuña su guitarra una vez más para que el 26 sea algo vivo y animado, algo verdadero e inspirador.
La rebeldía es un idioma que aprendimos los cubanos desde la cuna. Nadie puede arrebatarnos el 26 porque forma parte de nuestro genoma. Pero es imprescindible celebrarlo con arte. Convertir como siempre la cultura en una herramienta para formar valores, para sembrar identidad, para afianzar lo que nos trajo hasta cada conquista que hoy exhibimos.
Cantemos esta obra. El himno de Perucho nos convoca a escuchar el clarín y no sorprende que lucha e instrumento musical se junten en una idea. La cultura es trinchera. Lo ha sido siempre. Es el cañón de futuro con el que nuestro pueblo dispara al enemigo mientras sigue su marcha hacia un mañana mejor y nuestro.