Creado en: marzo 19, 2022 a las 09:22 am.

La Radio Cubana y yo: una relación profesional y afectivo-espiritual

En 2022, la Radio Cubana llega a los 100 años de fundada. La celebración de esa efeméride en la mayor isla de las Antillas me ha despertado el interés por destacar —con letras indelebles— lo que ha significado para mí, no solo desde el punto de vista profesional, sino también emocional, pertenecer —desde hace más de un cuarto de siglo— a la gran familia radiofónica insular.

La radio constituye un «importante medio de comunicación», al decir del Comandante Fidel Castro Ruz (1926-2016), líder histórico de la «Revolución de los Girasoles», como la calificara la Heroína del Moncada y de la Sierra, Haydee Santamaría Cuadrado (1923-1980).

Desde la niñez, estoy oyendo radio: primero, programas infantiles; luego novelas, espacios musicales e informativos que salían al aire por las emisoras nacionales Radio Progreso, CMQ y Radio Reloj, por donde escuché las noticias relacionadas con los asaltos al Cuartel Moncada (1953), y al Palacio Presidencial (1957), entre otras no menos relevantes. Por lo tanto, la radio ha sido mi fiel compañera durante todos los ciclos vitales que he atravesado… hasta el día de hoy.

¿Cómo llegué a formar parte de la radiodifusión nacional? En 1996, me desempeñaba como psicólogo-rorscharchista en la consulta de Epileptología, que funcionaba en el Departamento de Tratamientos Especializados del Hospital Psiquiátrico de La Habana (HPH), dirigido —en aquel entonces— por el doctor Eduardo Bernabé Ordaz Ducungé (1921-2006), comandante del Ejército Rebelde. A esa dependencia del HPH, llegó el periodista Pedro Quiroga Jiménez, con el objetivo de entrevistar al neurólogo-jefe de la consulta y a otro de los profesionales que en ella ejercían, para la «Revista Semanal» de Radio Reloj, donde él se desempeña como reportero.

El «elegido» para ser entrevistado fue el autor de esta crónica. Recuerdo que hablé acerca de la proyección ético-humanista que debe dársele al tratamiento que recibe el paciente con epilepsia.

Dicha entrevista salió al aire por el referido espacio de la septuagenaria emisora, y le llamó la atención al director, el escritor, periodista y profesor, Alberto Ajón León, quien —a través del colega Quiroga Jiménez— me invitó a colaborar con la «Revista Semanal», y así «como llega cojeando, poco a poco, la verdad de la mano del tiempo», según el filósofo heleno Annon, me inicié en el fascinante campo de la radiodifusión, que el maestro Manolo Ortega (1921-2003) definiera como «sonido para ver». Esa colaboración con Radio Reloj se mantuvo hasta 2007.

En 1999, el Dr. Jorge Luis Valdés Rodríguez me llevó a la Onda de la Alegría para entrevistarme acerca de disímiles temas acerca de la salud mental con el fin de que esas entrevistas salieran al aire por la revista «RP-105». En ese contexto, conocí al periodista y filólogo Rafael Terry Aldana (1940-2006), quien —en esa época— era subdirector de Radio Progreso, y director de dicho espacio dominical.

Terry (como era conocido entre nosotros) me abrió de par en par las puertas de la revista, donde comencé a escribir comentarios sobre salud mental, así como crónicas sobre danza y artes escénicas, fundamentalmente, que salían al aire en la voz de oro de la locución cubana, la maestra Lilia Rosa López, Premio Nacional de Radio y Artista Emérita del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), hasta que —en 2003— se re-estructuró la revista, y por consiguiente, se me asignó el segmento de Salud Mental, que escribo y grabo con mi voz hasta el momento actual.

En la Emisora de la Familia Cubana, colaboro sistemáticamente  —desde 2008—  con el Sitio Web, así como con otros espacios informativo-culturales, pero de forma esporádica, y además, he establecido sólidas relaciones afectivas, no solo con verdaderas glorias de la cultura nacional, sino también con seres humanos únicos e irrepetibles, cuya amistad me honra desde todo punto de vista.   

Entre 1999 y 2001, a instancias del doctor Valdés Rodríguez, estuve colaborando con el desaparecido espacio científico-técnico «Cuadernos de los 2000», que dirigía el periodista Pedro Hernández Jiménez en la emisora provincial Radio Ciudad de La Habana, y donde atendía el segmento semanal de Salud. En ese programa, interactuaba con los oyentes acerca de temas relacionados con la salud en general, y con la salud mental en particular; en consecuencia, contestaba las preguntas formuladas por la audiencia para satisfacer las necesidades cognoscitivas de quienes sintonizaban ese espacio matutino.

Así las cosas, en 2006 ingresé a la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cuya membresía selló el vínculo que me une —«como la hidra a la pared»— a la centenaria radio cubana, la cual desempeña una función básica indispensable en el campo de la información y la comunicación, y aunque todos los que laboramos en el sector estamos conscientes de que la radio es —sin duda alguna— arte y técnica, y que debe renovarse constantemente para que pueda seguir siendo parte activa del impetuoso desarrollo científico-tecnológico, que —desde hace más de seis décadas— tiene lugar en la patria que me vio nacer y crecer, y a la que amo con todas las fuerzas de mi ser espiritual.

¡Felicidades a todos los radialistas insulares por el cumpleaños 100 de la Radio Cubana!

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