Creado en: junio 25, 2021 a las 12:07 pm.

Altar para la luz, la belleza y la justicia

La cultura y la identidad nacionales han tenido siempre asiento seguro en hombres de fe. El padre Félix Varela, don José de la Luz y Caballero, el propio padre Ángel Gaztelu son algunos ejemplos.  En numerosos casos  la formación religiosa no fue un impedimento para defender los ideales de independencia. Esa verdad se ilustra claramente en la vida del padre Guillermo  González Arocha.

Aunque el padre Arocha vio la luz en Regla, muy temprano vino a residir en Guanajay. Un hombre de vasta cultura. Decía vivir “de la mano de Dios y de la Patria”. Con solo nueve años se entregó al sacerdocio y sus fieles hallaron en él un carácter  apasionado y una justicia incuestionable.

Impresiona la historia de este clérigo que, aún en el seminario, hubo de enfrentarse a la censura. Denunciado ente sus superiores por la lectura del libro El 27 de noviembre de 1871, de Fermín Valdés Domínguez, fue sometido a un Consejo de Disciplina por un grupo de jueces, todos españoles. En aquella ocasión la voz del joven religioso fue viril en la petición a sus enjuiciadores. Solicitó, antes de ser juzgado, que quienes lo señalaban se leyeran también el libro. Así se hizo y González Arocha quedó absuelto.

Capellán de los hospitales en Matanzas y San Antonio de los Baños.  Cura en el poblado de Ceiba del Agua y luego párroco de la iglesia de San Marcos Evangelista, en Artemisa, el padre Arocha se ganó el calificativo de cura mambí, por su estrecha colaboración con Antonio Maceo durante su estancia en la región y con la patriota Magdalena Peñarredonda.

Trasladó pertrechos y víveres a la manigua,  fue delegado de la Revolución para Vuelta Abajo y se ganó, por sus actividades, el pelotón de fusilamiento por orden expresa del mismísimo Capitán General Valeriano Weyler. La intercesión del obispo lo libró de la muerte.

Sus ojos se humedecieron con el fusilamiento del niño de 16 años Manuel Valdés, asesinado por colaborar con los mambises. Fue el padre Arocha quien recogió el cadáver, acopiando fuerzas, para darle cristiana sepultura. Prestó auxilio a las víctimas de la tristemente célebre Reconcentración establecida por Weyler en la isla, hospedó a necesitados, recogió a niños huérfanos.

Instaurada la República, ocupó responsabilidades en la Cámara de Representantes, desde donde promovió el primer proyecto de Ley Escolar y un proyecto de Ley Agraria. También fundó el colegio de primera y segunda enseñanza y el Instituto San Marcos con una sección nocturna para que los trabajadores pudieran estudiar.

Mucho hizo el padre Arocha por la cultura en Artemisa. En 1926 fue declarado hijo adoptivo de esta ciudad. Fue un hombre que comprendió el valor de la fe, la cultura y la lucha por una sociedad. Estaba convencido que en la sociedad ideal debían regentear, hermanadas en importancia, la luz, la belleza y la justicia.

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