Creado en: julio 26, 2024 a las 09:26 am.
26 de Julio, desde el alma de Cuba

El asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953, no cesa de conmover el alma nacional, pese al tiempo transcurrido.
Las razones son múltiples. La mística revolucionaria no sale de la nada: están allí, en la base del orgullo colectivo, la rebeldía, el valor, la capacidad de sacrificio aun frente a las torturas más bárbaras, y la firmeza para sostener el ideal después de los reveses.
Porque el sentimiento de admiración y solidaridad por el hecho y sus protagonistas que ha embargado al pueblo cubano a lo largo de los años es genuino, el arte lo ha reflejado extensamente.

En un artículo en torno al tema, el artista plástico Manuel López Oliva afirmó que siempre el análisis objetivo y honesto habrá de reconocer los aportes y la trascendencia de cuanto se creó al enlazar el símbolo 26 de julio con sólidos discursos autóctonos de la imaginación.
Asimismo, añadió que “todo lo nacido al calor de un quehacer cultural alimentado por la gratitud y una hermandad social orientada al mejoramiento de la nación –donde ni mercado desnaturalizador ni individualismo feroz regían la conducta del artífice y el valor de lo artístico– implicó legítimas puestas en imágenes humanistas de una identidad soberana”.
Entre esos ejemplos de cómo la “efeméride de combate libertario se proyectaría sobre creaciones artísticas sinceras de calidad”, se hallan el personaje de la estampa gráfica política, Julito 26, creado por Santiago Armada “Chago”, para el periódico Revolución.
Según Chago, era este un arquetipo visual sintético, con cualidades humanas no-idealizadas, del cubano devenido luchador por la justicia y la dignidad a partir del que ya era para entonces Día de la Rebeldía Nacional.
Julito 26 era, en fin, suma lineal de rasgos fisonómicos y caracteres sicológicos que había observado entre la gente común de la población y los integrantes de las tropas rebeldes donde él figuró.

Otros hitos los constituyeron el Concurso de Artes Plásticas 26 de Julio, convocado cada año por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; la producción de carteles con “estética publicitaria de signo plural”, desde el DOR, el Icaic y la Casa de las Américas; y las ilustraciones en prensa plana y revistas como Unión, Bohemia y Cuba internacional.
López Oliva recuerda, además, que a “20 años de la referida epopeya, un grupo de artistas consolidados en su nombradía y otros que éramos aún jóvenes fuimos invitados, por Mariano Rodríguez y Haydée Santamaría, a trabajar en dos acciones articuladas para conmemorar otro 26.
“Se trataba de confeccionar dibujos libérrimos nuestros inspirados en afirmaciones y pasajes de la defensa judicial de Fidel conocida como La historia me absolverá (destinados a una singular edición que hizo la Casa de las Américas, con diseño de Umberto Peña); a la vez que participar en la elaboración in situ de enormes paneles, grandes caricaturas instalativas, esculturas de poco peso, además de un diseño ambiental unificador, destinados a llenar todos los espacios de la Casa con evocaciones plásticas sustentadas en el sostenido alcance local y mundial de la clarinada moncadista. “Coordinados por Lesbia Vent Dumois, la autoría coral de aquel environment diverso en lo estilístico estuvo integrada, aparte de Mariano y Lesbia, por Luis Martínez Pedro, Fayad Jamís, Adigio Benítez, Ernesto González Puig, René de la Nuez, Blanquito, Félix Beltrán, Alfredo Rostgaard, Sergio Martínez, René Azcuy, Mario Gallardo, y Alberto J. Carol”.

Aunque no siempre con igual calidad, es indudable que la resonancia de la fecha ha dado lugar a significativos obras de arte, en las diversas manifestaciones; por ejemplo, 26 de julio, de Raúl Martínez, que se exhibe en el Museo de Bellas Artes.
Como se lee en su ficha, la obra irradia una intensa energía emanada de la integración efectiva de las manchas gestuales de color con diferentes collages y un objeto. “Es evidente lo explícito del mensaje, cuya profunda carga emotiva permite penetrar, a través de un despliegue de elementos visuales de una notable riqueza, en una conciencia histórica de la época.
“26 de julio concentra lo mejor de la fuerza revolucionaria de un período histórico. Para lograrlo Raúl Martínez realiza una personal interpretación del ambiente popular que lo rodea. Asimila el ‘estilo’ compositivo de los murales de los Comités de Defensa de la Revolución, los letreros pintados por manos inexpertas en los muros de las calles, las pancartas con las que participa el pueblo en las grandes concentraciones”.
Muchas obras más pudieran citarse, directa o indirectamente influidas por un suceso que cambió para siempre la historia de Cuba. El poema Conversación con Abel Santamaría, de Carilda Oliver Labra, es prueba de ese raigal diálogo historia-arte:
(…)
Yo no me enluto,
yo no sollozo.
Yo oigo tu mandato
y me apoyo en ti como en un talismán,
como en un aire de yagrumas,
como en un himno.
Tú eres el único que ahora ve en las tinieblas,
porque aquí ya todos somos ciegos.
Danos tu mirada.
Es fuerte como la primavera del milagro.
Ampáranos con tu: ten mis ojos, Cuba.