Creado en: enero 2, 2022 a las 08:21 am.

Expresiones pre-dramáticas de origen africano: el Día de Reyes

Fiesta del Día de Reyes- Grabado de Víctor Patricio de Landaluze

En 1683, en La Habana, se celebró oficialmente por primera vez la denominada Fiesta del Día de Reyes, que tenía como objetivo permitir el solazamiento anual de los negros esclavos y libres, afectados desde el año anterior por prohibiciones del Sínodo Diocesano convocado por el arzobispo Juan García de Palacios, en el que se habían dictado medidas contra la penetración de elementos profanos en las festividades religiosas –léase el Corpus Christi y otras- . Todo parece indicar que el gobernador José Fernández de Córdoba y Ponce León llegó a un acuerdo con aquel celoso guardián de la cristiandad  y juntos idearon la creación de un evento no religioso para aquel estamento de la población y evitar cualquier manifestación adversa a la paz y el orden establecidos.

Al considerarse como profanas, las fiestas del Día de Reyes se llevaron a cabo siempre el 6 de enero, durante casi dos siglos, hasta la abolición de la esclavitud: se extendieron a Santiago de Cuba, Matanzas y otros asentamientos urbanos de la isla; también a plantaciones cañeras y localidades rurales. Se trataba de una suerte de desfile teatral danzario, en el que participaban múltiples personajes enmascarados y disfrazados, que se movían al son de instrumentos en su mayoría de percusión. En La Habana, cada uno de los cabildos negros organizaba su parte de la comparsa, estructurada según rituales tradicionales y guardando determinadas jerarquías: los reyes del cabildo congo, por ejemplo, marchaban al centro, con acusada solemnidad. El desfile terminaba cuando la máxima jerarquía de cada cabildo se presentaba ante la instancia superior del gobierno colonial, en el Palacio de los Capitanes Generales y representaba un ceremonioso saludo, a manera de reconocimiento y respeto. En Matanzas, el desfile se organizaba en el barrio de La Marina y finalizaba en la Plaza de Armas; en Santiago, hacia 1800, se comenzaba en los barrios del Tivoli y Los Hoyos e igualmente se consumaba ante el Ayuntamiento.

   Estas festividades alcanzarán su máximo esplendor en el siglo XIX, con el incremento de la trata negrera para el desarrollo de la economía de plantación. Los esclavos recién llegados y sus descendientes incorporaron a los hábitos de la sociedad colonial la mayor parte de sus expresiones profanas y religiosas. En la tercera y cuarta décadas del s. XIX se generaliza en los Días de Reyes la presencia de los diablitos, que es como el pueblo denomina a ciertas caracterizaciones de la liturgia de los negros de nación gangá, yoruba y conga, así como a los íremes ñáñigos de los ritos de la secta secreta abakuá. Algunos deestosdiablitos tenían como tradición desfilar en las procesiones del Corpus Christi, pero de alguna manera el Sínodo les había prohibido esa participación. Sobre el Día de Reyes nos aclara el sabio cubano Fernando Ortiz:

En esa bulliciosa fiesta de los “negros de nación”, éstos salían a las calles y plazas […] Cada “nación” sacaba sus procesiones con sus reyes, sus cortejos, sus dignatarios y sacerdotes, sus músicas y cantos, sus bailes, sus ritos y sus figuras con los atavíos ceremoniales. Los blancos tenían aquella festividad […] como una saturnal negra de escandalosa confusión, un verdadero pandemonium, en el que aparecían muchos personajes de catadura diabólica. En el Día de Reyes figuraban muchos de esos tipos de “diablitos” que bailaban sus ritos de purificación, al par que los extravagantes hechiceros ejecutaban sus danzas para expulsar los malos espíritus.

   Los diablitosmás conocidos fueron la kulona, de origen mandinga; el egun, lucumí; el güeleddé, arará; el mojigangay elkokoríkamo, congos.

   También es un personaje de esta fiesta itinerante un títere de ascendencia africana, denominado anaquillé:

(…) Trátase de un fetiche desarticulado, en el extremo de una varilla o palo, que el oficiante pasea en sus ceremonias y bailes. Se supone que este anaquillé poseía movimientos por medio de cuerdas, es decir, una verdadera marioneta movida desde abajo, y que “interpretaba” un rol religioso ligado a textos litúrgicos. El anaquillésubsistió hasta nuestros días, con ligeras variantes, en los muñecos de las comparsas ligado a los llamados bailes de muñecos. 

El muñeco Anaquillé manipulado por una esclava

      El historiador Rine Leal nos dice que la fiesta del Día de Reyes era

[…] un regocijo popular donde participaban por igual los esclavos y los negros libres, las distintas naciones africanas con sus dioses y representantes, mujeres, hombres, niños, ancianos y hasta blancos […] Acompañados de la música de sus tambores, en una melopea de canciones y estribillos, con sus danzas peculiares, la procesión partía de los cabildos hasta la Plaza de Armas y el Palacio del Gobernador, en forma similar a la procesión del Corpus […]

     Y añade:

[…] reproduciendo de modo exagerado la vestimenta de los amos, gorros e insignias militares, sus símbolos de poder, banderas y estandartes, y hasta las imágenes, cristianas en el exterior pero africanas en su oculto significado […] cantaban en sus lenguas o en español bozal, desfigurando las palabras en una especie de jerigonza, realizando contorsiones y gestos, coreografías de carácter religioso, y hasta improvisaban décimas y escenas dramáticas, con las que suelen ganar algunos reales.

Diablitos en la Fiesta del Día de Reyes

   El estudio de estas festividades nos da la oportunidad de conocer sólo un aspecto -quizás el más profano- de la influencia de culturas africanas en nuestro devenir teatral y danzario.

  Menos conocidos, pero de mayor fuerza ritual, son los aspectos que se derivan de las manifestaciones mágico-religiosas y el mundo esotérico de yorubas, ararás, carabalíes, congos y dahomeyanos.  

    Cabe llamar la atención sobre la genuina expresión teatral, dentro de la ritualidad propia de los misterios, que encierran las ceremonias de iniciación y otras en la Regla de Ocha -religión yoruba-; las de los practicantes del Palo Monte, de origen bantú; los sacrificios rituales en los plantes de la sociedad secreta abakuá de Matanzas y La Habana, y en los rituales vodú que ya a fines del s. XVIII comienzan a practicarse en el suroriente de la Isla. Estos sistemas mágico-religiosos, con expresiones de gran riqueza escénica, irán convirtiéndose -sin que apenas se pueda advertir- en componentes activos de la cultura cubana, desde la primera mitad del siglo XIX. Ya en 1800 sus raíces y sus primeros brotes, sus antecedentes esenciales, están en Cuba.

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Fuentes: Fernando Ortiz: Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba; La antigua fiesta afrocubana del Día de Reyes; Rine Leal: La selva oscura.

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