Creado en: mayo 17, 2024 a las 09:18 am.

Impronta de Eduardo Arrocha: una obra llena de arte y creación

Eduardo Arrocha es un reconocido diseñador escenográfico y de vestuario para la danza, el teatro, y las fiestas de los carnavales habaneros

Hay figuras que, por su trascendental legado artístico, han inscripto su nombre con letras doradas en la cultura cubana. Una de estas es Eduardo Arrocha (Guanabacoa, 17 de mayo de 1934), reconocido diseñador escenográfico y de vestuario para la danza, el teatro, el cine, la televisión, el cabaré y las fiestas de los carnavales habaneros; acreedor de tres premios nacionales: Teatro (2007), Diseño (2013) y Danza (2022).

En ocasión de su cumpleaños 90, evocamos —en apretadas pinceladas— la prolífica trayectoria de este gran creador que honra con su membresía las filas de la vanguardia artística a través de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), con más de siete décadas de total entrega al arte del diseño, aunque también ha dejado su impronta en el dibujo y la pintura; de hecho, muchos de sus proyectos constituyen obras dignas de encomio, buena parte de estas exhibidas en diferentes oportunidades con maquetas de escenografías y bocetos de vestuarios para el cine, la danza, el teatro y otras expresiones artísticas. Ha participado, asimismo, en 21 exposiciones de diseño escénico en Cuba, México, Chile y Yugoslavia.

Entre esas creaciones sobresalen las realizadas para las películas de 1976 —con las que debutó en el séptimo arte؅— Mina, viento de libertad, coproducción dirigida por el cineasta vasco Antonio Eceiza, y Patty-Candela, primer largometraje de Rogelio París; además de El brigadista, de 1977, del realizador Octavio Cortázar, año en el que trabajó junto con Julio García Espinosa en Son o no son. Su impronta de igual forma quedó registrada en Guardafronteras, de 1981, también de Cortázar, quien posteriormente lo incluyó en la nómina de creación, en 1993, del filme cubano-mexicano Derecho de asilo; así como Leyenda (1980),  dirigido por París y Jorge Fraga; Túpac Amaru (1983), coproducción realizada por el peruano Federico García; y Solteronas en el atardecer (1990), corto de ficción de Guillermo Torres. Del mismo modo diseñó los vestuarios para otros proyectos del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), como El manuscrito de los Esterlines y Raíces de nación, sobre un guion de Pablo Armando Fernández, (no filmados).

Graduado en 1962 de la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro, Arrocha obtuvo el Grand Prix Ville de París con sus diseños para el clásico Giselle, del Ballet Nacional de Cuba, filmado en 1964 por Enrique Pineda Barnet. Diez años después, con sus vestuarios para los bailarines de Danza Nacional de Cuba integró el equipo de realización de los documentales Súlkary, Okantomí y Panorama, de Melchor Casals.

Con sus diseños la actual compañía de Danza Contemporánea de Cuba, entonces Conjunto Nacional de Danza Moderna —donde fue diseñador jefe y director técnico— hizo época con sus memorables puestas en escena de Medea y los negreros —con novedosos conceptos de diseño—, del coreógrafo Ramiro Guerra; labor que igualmente trascendió a la Ópera Nacional de Cuba, el Conjunto Folclórico Nacional y el Ballet de Camagüey, entre otras compañías danzarías.

El trabajo diseño escenográfico y de vestuario de Arrocha ha sido imprescindible en el éxito de no pocas piezas teatrales

En total realizó cerca de 180 diseños para unas 70 coreografías. En tal sentido expresó: “Si no es un récord es un buen average. Tengo una identificación muy grande con el diseño para esa manifestación, dicen que soy el decano, y creo que es verdad, porque estoy cerca de los 90 años; entonces mi opinión, si no es decrépita, al menos es especializada”. El regisseur, primer bailarín, coreógrafo y profesor de la prestigiosa compañía Danza Contemporánea de Cuba, Isidro Rolando, ha dicho: “Ramiro Guerra creó la danza moderna cubana y Arrocha le puso color”.

Los grupos de teatro Rita Montaner, Teatro Estudio, Teatro Lírico Nacional, Hubert de Blanck, y Buscón, han solicitado sus servicios como diseñador de vestuarios y escenografías; labor en la que se recuerda el exitazo obtenido en la representación escénica de Escándalo en la Trapa, de José R. Brene bajo la dirección de Tony Díaz con el Rita Montaner, cuyos ropajes fueron concebidos con papel, lo cual exigió a los actores a desplazarse y gesticular con extraños movimientos en este tipo de representación, novedad en la que recayó la ovación ganada por esta obra que en el 2006 obtuvo el Gran Premio en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

Arrocha, inmerso desde muy joven en la consolidación de su vocación como diseñador, en 1966 cursó estudios escenográficos en el Teatro Nacional de Praga, y en 1971 en la Ópera y Ballet de Bratislava; además fue alumno de pintura con los célebres maestros Agustín Fernández y René Portocarrero y de diseño escénico con Rubén Vigón. De ahí su sólido quehacer devenido referente indiscutible en el diseño escénico; amén de las enseñanzas recibidas por su profesor y amigo Ramiro Guerra, a quien conoció en 1961 cuando concluyó el curso de diseño teatral en la Biblioteca Nacional y “solicitó a mi antiguo profesor, Rubén Vigón, una persona que pudiera trabajar con su compañía como jefe técnico, pues habían regresado de un viaje por Europa y estaban reestructurándose. A medida que iba realizando los trabajos del curso, se los mostraba a Ramiro y él me aconsejaba. Fue una relación más allá de un jefe con un empleado, él continuó el magisterio de mi profesor de diseño escenográfico”. Opina que Ramiro “tenía muy bien definido el concepto de cómo es el trabajo entre el coreógrafo y el diseñador”.

Ha afirmado que “trabajar juntos fue maravilloso, y después de 1971, aunque han pasado 40 años, no he encontrado un director que logre transmitir como él la claridad de sus ideas. Algo fundamental en su manera de dirigir es que había una relación muy estrecha entre ofrecer y recibir; llegado el momento, cuando sacábamos cuentas de lo hecho, no sabía dónde estaba el aporte de Ramiro a mis diseños, ni hasta dónde había aportado yo a su coreografía”.

Varias generaciones de diseñadores se han formado bajo las enseñanzas de Arrocha, cuyo currículo artístico como diseñador de vestuario, escenográfico y de luces, sobrepasa las 500 obras; además de cerca de 3 mil 500 cartulinas. Sus trabajos igualmente han sido solicitados para numerosos espectáculos de grandes figuras como Candita Quintana, Rosita Fornés y María de los Ángeles Santana.

Actualmente continúa organizando su voluminoso archivo personal, el cual reúne buena parte de la historia del diseño escénico cubano desde los años 50 del pasado siglo hasta la actualidad; memorias que conformaron el libro titulado Palabra de Diseñador, publicado en 1919 por Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, y que cuenta con más de 300 páginas y un centenar de ilustraciones.

Posee, asimismo, la Distinción por la Cultura Nacional, el Sello de Laureado, la Orden Alejo Carpentier del Consejo de Estado (2002) y el Premio Nacional de la Oficina Nacional de Diseño correspondiente al 2013. También fue laureado con la condición de Artista de Mérito de la Uneac, organización que promovió la realización del documental De tal Eduardo tal Arrocha (2012), dirigido por Regino Oliver.

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