Creado en: septiembre 1, 2021 a las 07:37 am.

La Casa Vietnamita: Custodiada por el amor

La historia de Daisi Alonso Pérez y Alberto García Peguero parece sacada de una novela. Ella, trabajadora de la Empresa Pecuaria Genética “Niña Bonita” y delegada del Poder Popular en su comunidad durante tres mandatos. Él, nacido en San Cristóbal y  orgulloso de haber portado durante años el uniforme del Ministerio del Interior, también representa a los hombres y mujeres del lugar donde vive.

Se trata de Ben Tre, una comunidad al norte de Bauta, en Artemisa, que lleva el nombre de la primera provincia liberada al sur de Viet Nam. De esa nación  a la que Martí se refirió en La Edad de Oro se enamoraron Daisi y Alberto, unidos desde 1996 en la vida y en la faena de preservar una parte de su cultura: La Casa Vietnamita.

Construida bajo la dirección de la Heroína del Moncada Melba Hernández, en 1975, con el propósito de recibir en ella a los delegados al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, la Casa Vietnamita es una de las joyas menos visibles de Artemisa.

Se trata de un inmueble que réplica una casa de campo de ese país, una morada tradicional de los hombres humildes que Ho Chi Minh defendió y representó hasta su muerte. En sus inicios era una  plataforma de madera sobre pilotes con paredes de madera y bambú. Un incendio acabó con la estructura y solo el sentido de pertenencia de los pobladores de Ben Tre logró rescatar muchas piezas  y muebles. El inmueble fue reconstruido desde sus cimientos sobre pilotes y plataforma hormigón, con paredes de mampostería enchapadas en madera rústica, manteniendo la cubierta de madera y guano.

Allí laboran Daisi, la administradora y Alberto, el museólogo. Allí, bajo una cubierta de guano y madera  maltratada por la naturaleza y el tiempo, se insiste en el homenaje a un pueblo que Fidel calificó de  heroico.  No llega el visitante a un museo convencional. Todo Ben Tre respira aromas de Viet Nam porque una obra de Rita Longa, la más grande realizada por la artista, evoca el hermanamiento entre los pueblos. Desde el círculo infantil “Amiguitos de los vietnamitas” se aprende a querer a la nación asiática. Sin embargo, reconoce este matrimonio de consagrados, la pieza museable más importante es la Casa Vietnamita, considerada un museo interactivo, por el carácter utilitario de los tesoros que  guarda.

Daisi reconoce al sitio como su espacio privado y público, donde se gestan las acciones de trabajo y de creación, el lugar para recibir a los amigos todos. Y habla con elementos de juicio porque muchos amigos tiene la Casa Vietnamita. Embajadores, personalidades de Viet Nam, del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y otras organizaciones y organismos han hecho la visita. Obligada y permanente la de los vecinos que la convierten en el espacio para reuniones, encuentros y debate.  Allí  confluyen por un mismo cauce Viet Nam y Cuba. Entre los círculos de interés, la labor de la promotora cultural, el sentimiento colectivo, el mobiliario, los cuadros y otros objetos expuestos, se logra un ambiente que distingue a este museo. El portal amplio sirve de galería para exhibir las obras de artistas de la plástica del municipio. Una pequeña biblioteca completa la magia del lugar.

Según plantean estos amigos bautenses, Melba no se limitó a la idea de construir el histórico recinto de Ben Tre. Allí regresó otras veces. Se emocionaba al llegar a la comunidad y encontrarse con su gente.

Daisi nos cuenta que en el año 2009 se celebró un encuentro para celebrar el aniversario 40 de la fundación de la  comunidad. En esa ocasión se convocó a directivos de la Empresa Pecuaria, trabajadores, fundadores y sus primeros dirigentes, entre las que se encontraban Lucy Villegas, María Vilaboy y Melba,  que nunca faltaba. Fue un día lluvioso y Daisi telefoneó a la heroína a su casa para solicitarle que no viniera. Melba contestó con una frase  muy criolla  que encerraba mucho cariño:

―Rodilla en tierra y tinta en sangre estaré con ustedes hoy.

Objetos personales de Melba, imágenes de sus viajes a Viet Nam y de sus encuentros con el Tío Ho, pueden apreciarse hoy en la Casa Vietnamita de Bauta. 

La Covid- 19 y el deterioro de su cubierta la mantienen cerrada al público mientras algunas iniciativas se gestan desde la Dirección de Cultura para revitalizarla y abrirla como lo que es, una casa de campo para los amigos. Pero, que permanezca cerrada no implica que esté muerta. Devenidos embajadores de la cultura anamita en Cuba, Daisi y Alberto avivan la llama de fraterna unión entre dos países abrazados por la causa de la justicia. En ellos late inquieta la cultura de un país lejano que el amor les sembró dentro. Como Cuba y Viet Nam están unidos estos bautenses y son un homenaje vivo, un monumento humano a la resistencia, y al valor de la solidaridad y la cultura.

En recuerdo a Ho Chi Minh, la administradora de la Casa Vietnamita de Ben Tre nos confiesa: Es para nosotros, como José Martí, un ejemplo de hombre, jefe e intelectual revolucionario, un paradigma a seguir por las actuales generaciones.

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