Creado en: junio 29, 2021 a las 12:09 am.

La impronta de Fidel y sus Palabras a los Intelectuales en Miguel Barnet

Era 30 de junio de 1961, cuando el joven escritor de 21 años, que se desempeñaba como secretario del gran Argeliers León, tuvo la oportunidad de ver a Fidel Castro: «Yo lo había visto de cerca una sola vez, cuando él pasó por Santa Clara, yo estaba con mis padres allá de paso. Quedé muy impresionado con su figura romántica, homérica» destacó el intelectual cubano.

En aquel entonces, el Barnet partícipe de tan memorable intervención, no tenía una formación ideológica ni política, según explica. Sin embargo, siempre había tenido la perenne convicción de que aquel mundo asfixiante, flagelado por la dictadura, en el que vivió hasta una parte de su juventud, tenía que cambiar necesariamente.     

De la historia que cuenta, sobresale la admiración del joven ante la presencia del Comandante: «Yo me fijaba en la figura de Fidel, no tanto en lo que decía, sino en la imagen de él. Era tremendo, todavía venía con aquella inspiración de la Sierra Maestra y de sus primeros discursos en Ciudad Libertad. Era una figura mítica a la cual se le había posado en el hombro la paloma que los santeros dicen de Obatalá. Venía con un designio, por eso yo siempre dije que él era un iluminado».

El futurismo impregnado en el pensamiento de Fidel Castro llamó la atención de este destacado escritor. «Él le estaba hablando no solo a esa gente que estaba allí, que eran ya intelectuales formados, sino a sus descendientes. Es decir, a personas como yo o más jóvenes, algunos que no habían nacido, porque en el discurso él dice, la última palabra la tienen ustedes, el futuro, los jóvenes, y así es» puntualizó.  

Vestigios de ese día inolvidable relatan lo acontecido. «Se dirimían cuestiones de carácter filosófico e ideológico, y era una masa muy heterogénea (…) Se habló de la libertad religiosa, la libertad en el teatro, en las artes plásticas, la libertad formal. Fidel habló incluso de libertad de expresión formal, recuerdo eso como si fuera hoy». Era un diálogo con los escritores y artistas – refiere Barnet – junto a integrantes de movimientos que desde la clandestinidad apoyaron la Revolución gestante.

«Yo salí muy impresionado de ahí – retoma – de ese día luminoso en que se crearon las bases de la política cultural de nuestro país que es democrática, cada vez más inclusiva, y participativa, y eso se debió a ese discurso».

«Hemos tenido etapas en que la política cultural ha sido distorsionada, malinterpretada, pero eso es la burocracia que existe en todos los procesos tanto en las revoluciones como en el neoliberalismo, como en el capitalismo» agregó.

Aquel encuentro marcó un antes y un después en el joven Miguel Barnet. «Fidel me dio fuerzas desde ese día para cuando se incomprendió mi posición o la posición de algunos intelectuales durante el quinquenio gris, yo tuve la conciencia y su inspiración siempre para resistir los embates de una burocracia adocenada. Fidel nos enseñó a combatir todo lo que le hiciera daño al alma humana, a la espiritualidad, y esa es la gran lección que le dio al mundo».

Desde ese día, cuenta que fue adquiriendo una ideología unida a la política que lo hicieron permanecer en el país cuando muchos elegían irse. Para el célebre etnólogo, la presencia del Comandante era garante de una sociedad justa en la que se estimulara la creación.  

Las Palabras a los Intelectuales fueron la génesis innegable de lo que se convertiría en la organización que agrupa la vanguardia artística y literaria del país. «De aquellas discusiones, él dijo, hay que crear una asociación, pero después en el congreso la idea fue de unión…Unión de Escritores y Artistas. Surgió con dos secciones primero y luego ya son cinco asociaciones a lo largo y ancho del país. Eso fue creación de Fidel.

Nicolás Guillén era la persona idónea para que estuviese al frente de la UNEAC que surgió de ahí, de Palabras a los Intelectuales, de ese texto. No surgió para controlar ni dirigir, sino para escuchar y debatir. Fidel concebía la UNEAC y la concibió siempre así, como un laboratorio de ideas, donde los temas más cruciales de la sociedad, no solo de los escritores y artistas, pudieran discutirse libremente, y que esas discusiones pudieran de alguna manera tributar al gobierno, al Partido, a las instituciones culturales».

A Miguel Barnet, estar presente en las Palabras a los Intelectuales le cambió la vida, le mostró un mundo distinto que comenzó a gustarle mucho más que el conocido hasta ese entonces. Hoy recuerda y agradece a Fidel Castro, la persona que el 30 de junio de 1961, les dio una lección magistral en aquel día que cataloga de «único, germinal y luminoso».

Aquel discurso memorable trasciende en el tiempo. Trazó la senda de la política cultural del país y hoy las nuevas generaciones tienen la palabra siguiendo ese legado. Su vigencia se reafirma en el compromiso desde la cultura con la sociedad, y el acompañamiento imperecedero de los escritores y artistas a la Revolución.

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