Creado en: diciembre 13, 2022 a las 11:23 am.
La UNEAC y el Centro Pablo, unidos en la canción trovadoresca

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba rindió homenaje a una institución que encarna todo lo humano y profundo de un hombre como Pablo de la Torriente Brau, justo cuando este 12 de diciembre se cumplió el 121 aniversario del nacimiento del insigne escritor, periodista y revolucionario. Desde su fundación, el centro que lleva su nombre atesora y difunde la obra de Pablo; además apuesta por la identidad nacional y el rescate de la memoria histórica, así como por el fortalecimiento del quehacer cultural en el país y la preservación musical de la nación.
«En los últimos cinco lustros una institución, imbuida en el espíritu de Raúl Roa, ha construido un altar para que Pablo viva mucho más tiempo, hasta la eternidad. En la calle Muralla de la Habana Vieja, en medio de una trama urbana patrimonial muy querida por el inolvidable Eusebio Leal, quedó abierto a finales de 1996 el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Nos reúne hoy precisamente cerrar el ciclo conmemorativo del vigésimo quinto aniversario de esa institución, fundada por iniciativa del poeta y cineasta Víctor Casaus», expresó la vicepresidenta primera de la UNEAC, Marta Bonet, en la velada que tuvo lugar en la Sala Villena.

En reconocimiento a su labor, y a nombre de la casa de los escritores y artistas cubanos, Bonet hizo entrega al Centro Pablo y su director, del sello y cartel conmemorativos 60 Aniversario de la UNEAC, en una cita que celebró también el aniversario 50 del Movimiento de la Nueva Trova.
«Es un reconocimiento a las comunidades de artistas que contribuyeron en la construcción del centro con su trabajo durante estos 25 años: trovadores, artistas plásticos, diseñadores, editores, fotógrafos escritores…, a todos, el agradecimiento por acompañar y formar parte de este gran proyecto», expresó Víctor Casaus.
Por su parte, la trovadora Marta Campos, afirmó que el Centro, además de enfocarse en el arte digital y la literatura, sirvió de brújula y sede para los trovadores en los primeros años del Movimiento.
«Desde que se creó, el Centro Pablo abrió las puertas a los trovadores; de ahí surgieron esos famosos conciertos mensuales “a guitarra limpia”, (alrededor de 200) que se realizaban en ese patio hermoso de la institución y de los cuáles todavía se habla. Es una historia muy linda que además se mantiene y se guarda como parte de nuestras vidas y de la historia de la música cubana», rememoró.
Durante el encuentro, el Instituto Cubano de la Música reconoció con la moneda 50 del Movimiento de la Nueva Trova a dos de sus fundadores, Miriam Ramos y Santiago García, así como a una decena de cantautores de distintas generaciones exponentes del género, quienes celebraron entre música, poesía y anécdotas el primer año de la iniciativa retomada por Vicente Feliú del Día Sagrado de la Trova.

Sobre esta íntima cantata que se ha mantiene los días 13 de cada mes, la Premio Nacional de Teatro 2022, Corina Mestre, compartió sentirse feliz por haber cumplido una vez más con el sueño de Vicente, «aunque ha sido también un día nostálgico y de recordación –dijo— porque no he podido dejar de pensar en Noel, en el propio Vicente o Miguelito Escalona, de Camagüey, y en muchos otros trovadores que ya no nos acompañan y que hoy hubiesen recibido su medalla por el 50 aniversario de la Nueva Trova. Es entonces un recuerdo grande para ellos y un compromiso de seguir cumpliendo el mandato de Vicente de que este espacio de la Sala Villena, la explanada, o el jardín de la UNEAC, sea siempre el espacio donde los trovadores acudan todos los días 13 de cada mes para compartir», añadió.
Justamente a guitarra limpia concluyó la velada, donde se unieron una vez la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el Centro cultural Pablo de la Torriente Brau, en la premisa de continuar defendiendo los más auténticos valores de nuestra canción.

Pablo renace una y otra vez
Palabras de la Vicepresidenta primera de la UNEAC Marta Bonet por el aniversario del Centro Pablo
El doce de diciembre de 1901, nació Pablo de la Torriente Brau. Cada 12 de diciembre nace Pablo para iluminarnos con su ejemplo y alentarnos en las múltiples batallas que aun debemos librar para completar la obra de la emancipación humana.
Pablo nace cada 12 de diciembre en Puerto Rico, Cuba, España, en las comunidades latinas y afroamericanas, donde quiera sea menester una pluma en ristre o una espada.
Pablo encarna el internacionalismo de la Revolución cubana, de los combatientes que aportaron a la liberación de los pueblos africanos y a la hermandad tricontinental, y nos recuerda permanentemente que cuando Martí organizó la guerra necesaria, lo hizo también para liberar a Puerto Rico, cuenta aún pendiente.
Cada 12 de diciembre, Pablo nos recuerda además que la escritura, el arte, llevados a los más altos niveles de perfección pueden contribuir mucho mejor a la difusión de los ideales de justicia y dignidad.
Literatura y periodismo en él, sagacidad narrativa y penetración testimonial, se fundieron a tal punto que constituyen un paradigma, no para la imitación, sino como guía.
Fue a España a luchar por la República. Hubiera ido después a Viet Nam o Angola, al Congo o a Bolivia con el Che y es posible imaginar incluso como su palabra, en otras circunstancias, habría sido tan filosa y quemante como siempre de haber tocado de cerca la épica solidaria cubana en los campos de la salud y la educación.
Todo ello forma parte de un legado que atesora el movimiento artístico e intelectual cubano. No hay poeta que deje de estremecerse cuando repasa los hilos de la amistad surgida en el campo de batalla entre Pablo, comisario político y el campesino Miguel Hernández, el gran poeta, quien ante la muerte del héroe antillano escribió: «Nunca se pondrá el sol sobre tu frente, heredará tu altura la montaña y tu valor el toro del bramido». O estos otros versos: «No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque este es de los muertos que crecen y se agrandan, aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto».
Con toda intención la UNEAC decidió desde hace varios años distinguir a los escritores y artistas destacados en misiones internacionalistas con la distinción Majadahonda, nombre del sitio de las inmediaciones de Madrid donde cayó el escritor combatiente.
Si Pablo renace una y otra vez en nuestra memoria y nuestra acción, se debe en buena medida a quienes con celo y dedicación han puesto fuego y voluntad a lo mucho que de él recibimos. Nunca olvidaremos la pasión de su amigo entrañable Raúl Roa, testimoniante directo de las hazañas, ocurrencias y el humor flamígero de su compañero de aventura revolucionaria.
En los últimos cinco lustros una institución, imbuida en el espíritu de Roa, ha construido un altar para que Pablo viva mucho más tiempo todavía, hasta la eternidad. En la calle Muralla de la Habana Vieja, en medio de una trama urbana patrimonial muy querida por el inolvidable Eusebio Leal, quedó abierto a finales de 1996 el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Nos reúne hoy precisamente cerrar el ciclo conmemorativo del 25 aniversario de la creación del Centro Pablo; fundado por iniciativa del poeta y cineasta Víctor Casaus.
Desde mucho tiempo antes Víctor había sido un contumaz estudioso y promotor de la obra de Pablo. Recordemos su testimonio Pablo con el filo de la hoja y el excelente largometraje Pablo, de 1978. Pero con la apertura del Centro se desataron y concretaron proyectos de vasto alcance, como los que privilegian la recuperación de la memoria histórica (sencillamente ejemplar ha sido la gestión de su sello editorial), el estímulo del diseño gráfico y el arte digital y la proyección de la canción trovadoresca como una de las más hermosas herramientas espirituales de que es posible disponer. Víctor y su compañera María Santucho tienen el don de aglutinar, de concertar esfuerzos, de aunar voluntades, de trenzar alianzas como la que existe entre la UNEAC y el Centro, de hacer posible lo que a otros pareciera imposible.
Por hablar de algo que nos es cercano y de lo que seremos testigos en unos minutos, los conciertos A guitarra limpia constituyen una muestra de continuidad y sistematicidad en la promoción de valores trovadorescos.
Hace justamente un año, un trovador de la generación de Víctor, fundador junto a Silvio, Pablo, Sara, Noel y Eduardo de las nuevas estaciones de la juglaresca cubana, Vicente Feliú lanzó la iniciativa en la UNEAC de consagrar en la fecha número 13 de cada mes, inspirado en una idea de Lino Betancourt, el Dia Sagrado de la Trova. El 13 ya no sería una maldición, sino una intensa e íntima celebración, que hemos mantenido mes tras mes, tal como lo soñara Vicente, celebrando el 50 aniversario del Movimiento de la Nueva Trova. Hoy se adelanta en 24 horas nuestro Día Sagrado, para exaltar la memoria de Pablo de la Torriente, la labor del Centro Cultural que lleva su nombre, y el compromiso de este y de la Uneac por compartir y defender nuestra canción.