Creado en: septiembre 4, 2021 a las 07:42 am.

Lecturas de Eugenio Florit a Versos Libres

En fechas cercanas al Centenario del Nacimiento de Martí comienzan a aparecer una serie de medulares ensayos sobre el libro póstumo que develarían a través de numerosas páginas su excepcional condición. Eugenio Florit en 1952 escribe dos sobre la lírica martiana: uno titulado “La poesía de Martí” y otro bajo el nombre de “Versos”. El primero [i]de estos trabajos comienza con un comentario de recepción que pasa balance a los años transcurridos desde la aparición de Versos libres y hace justicia en torno a los endecasílabos hirsutos:

Al pensar en ellos veo cuán poco han sido colocados en el lugar altísimo que les corresponden estar. La intención política, el mensaje que en casi todos ellos aparece les ha como oscurecido el valor intrínseco que tienen como poesía. Así ocurre, por ejemplo, en el caso de Alfonso Reyes, de nuestro admiradísimo mayor humanista de América, quien, sin embargo, de su agudeza crítica se dejó deslumbrar por otros aspectos de Martí y como que le pasa inadvertida su poesía. Así no ocurre, por ejemplo, con Don Miguel de Unamuno, arrebatado también, y también violento, que supo aquilatar, aunque por la superficie, el valor único de los Versos libres. –[ii]

Más adelante Florit establece una inteligente asociación entre los versos de dos grandes poetas del siglo XIX en América latina y en el marco de la lengua española, Martí y Darío:

En […] “Contra el verso retórico y ornado”, hace el elogio de su contrario, el verso natural, con encendidas palabras y, entre otras cosas, nos va a decir:

Por sobre el árbol, más arriba, sola

En el cielo de acero una segura

Estrella…

Con una exactitud de adjetivación, una originalidad en el modo de expresar el sujeto, aquí la estrella, que no podemos por menos que hermanarla con aquella otra del verso más estupendo de Rubén Darío:

De desnuda que está brilla la estrella.[iii]

Como después Marinello, Florit opina ahora que en este libro ve “la última gran lumbrada el mejor romanticismo de habla castellana”. Y va comentando algunos versos que le subyugan de un poema a otro, sin el afán sistémico del estudioso, con la intuición brillante del poeta, y a veces cita textos enteros. Aún comparte la idea, la necesidad de hacer llegar al poeta por el poeta mismo en su libro de tantas magnitudes.

El ensayo “Versos” [iv]contiene un acápite dedicado a Versos libres. Allí, luego de afirmar la importancia que reviste el prólogo del poemario martiano, resume sus hallazgos a través de varios enunciados: “Su sinceridad con la poesía”, “Su sinceridad consigo mismo”, “Su don de visionario”, volcado aquí de una manera más fuerte, “Su conciencia de escritor” que dota a esta página de cualidades paratextuales inobjetables El crítico señala como elementos románticos “la actitud arrogante, el yo que domina, la frase en primera persona, firme y entre dos signos de exclamación”, y entre los de superación sitúa al propio genio del poeta que combina “el absoluto dominio del lenguaje” con ”la firme sinceridad con que traduce sus visiones”.[v] Hace referencia a través de reflexiones lúcidas a los diversos trabajos sobre Versos libres escritos por importantes firmas ya desde aquella época, por ejemplo: Unamuno y Darío, para luego llamar la atención sobre la necesidad de un estudio de los neologismos en el poemario, examen que aún se encuentra pendiente. Así esboza una característica esencial de los Versos libres, que, a mi entender, es la causa de ese especial arrobamiento que estos versos y no otros nos producen: su novísima expresión y su pensamiento poético donde se logra “esa calidad de total belleza”. [vi]En emotivas palabras y breve párrafo configura su antología del libro antes de formular una agrupación temática estructurada en cinco acápites:

– poemas de reflexión sobre la poesía

– poemas de reflexiones generales

poemas sobre el amor

 poemas sobre la muerte

poemas sobre la patria.


[i]  Eugenio Florit. “La poesía de Martí” en Archivo José Martí, Número del Centenario, ns. 19 – 22, Enero – Diciembre, 1952, 1953, Tomo VI

[ii]  Ob. Cit. p. 109.

[iii] Este verso me recuerda aquel tremendo de Martí: “Todo el que lleva luz se queda solo” de “Yugo y Estrella”. Creemos como José Olivio Jiménez que esa línea “encontraría réplicas, o en rigor anticipaciones en tantos momentos de Versos libres de Martí. Especialmente en aquellos momentos centrados en la lección simbólica de pureza espiritual que, desde su desnudo fulgor, puede la estrella siempre brindar”. (Véase “José Martí a las puertas de la poesía hispánica moderna”. Separata de la revista La Torre, San Juan, año VI, núm. 23, 1993.)  El verso de Darío aquí comentado pertenece a “Cantos de vida y esperanza”, parte I. Citamos el poema in extenso, para que el lector tenga una idea más amplia de las  asociaciones descritas:

Mi intelecto libre de pensar bajo,

Bañó el agua castalia el alma mía

Peregrinó mi corazón y trajo

De la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda

emanación del corazón divino

de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda

fuente cuya virtud vence al destino!

[…}

El alma que entra allí debe ir desnuda,

Temblando de deseo y fiebre santa,

Sobre cardo heridor y espina aguda:

Así sueña, así vibra y así canta.

Vida, Luz y verdad, tal triple llama

El  arte puro como Cristo exclama:

Ego sum lux et veritas et vita!

Y la  vida es misterio, la luz ciega

Y la verdad inaccesible asombra;

La adusta perfección jamás se entrega,

Y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente;

De desnuda que está ,brilla la estrella;

El agua dice el alma de la fuente

En la voz de cristal que fluye de ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura

Mía, una estrella, una fuerte sonora,

Con el horror de la Literatura

y loco de crepúsculo y de aurora.

Rubén Darío. Poesía. Editorial Arte y Literatura, 1989, La Habana, p. 327 – 328.

[iv] Eugenio Florit. “Versos” (aparecido por vez primera en 1952, Revista Hispánica Moderna de Nueva York, año XVIII, ene – dic.) en Antología Crítica José Martí. Recopilación, Introducción y Notas de Manuel Pedro González, Ed. Cultura, 1960, México, p. 303 – 310.

[v]  Ob. Cit, p.305.

[vi]  Ob. Cit, p. 307.

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