Creado en: febrero 2, 2024 a las 11:11 am.

Rafael Hernández: «el oficio de la investigación me escogió a mí»

El intelectual cubano Rafael M. Hernández Rodríguez. Foto: José Manuel Correa./Tomada de Granma

Por Talía Castro Cruz

Al doctor Rafael Hernández Rodríguez siempre le motivó descubrir lo que estaba más allá de lo visible. Le apasionaba el conocimiento, y se imaginaba en un laboratorio de Química, desentrañando el misterio de la vida. Fue la propia vida y sus vericuetos lo que lo convirtió en un investigador, pero de las Ciencias Sociales: es politólogo, profesor, escritor, autor de libros y ensayos sobre Cuba, Estados Unidos (EE. UU.), sociedad, cultura e historia, director de la revista Temas, entre otras labores que ha desarrollado en su amplia trayectoria.

La obra de este destacado intelectual cubano fue reconocida con el Premio Nacional de Investigación Cultural por la Obra de la Vida, que otorga el Ministerio de Cultura. «Fui afortunado porque el jurado, integrado por distinguidos intelectuales cubanos, juzgaron mi obra en el campo de la ciencia política, la sociología, las relaciones Cuba-EE.UU y la historia. Les agradezco por esa visión amplia sobre qué es la cultura», comentó, en una entrevista concedida a Granma.

Hernández Rodríguez no se propuso ser investigador, sino que «ese oficio me escogió a mí. Fui aprendiendo que la sociedad y el poder, las relaciones entre los grupos sociales, la cultura política, el pensamiento filosófico, el arte y la literatura de una época, las ideologías, están entrelazados; y que esos nexos, sus factores y causas, no son tan evidentes, más bien están ocultos, sepultados bajo el sentido común, que no nos deja verlas, de manera que hay que investigarlas».

 –¿Qué representa para usted la cultura cubana?

–La cultura es un proceso en pleno desarrollo. Es una herencia contradictoria, que combustiona elementos muy diversos, y a veces irreconciliables; una cadena de cosas y de ideas que nos conecta, a pesar de todas nuestras diferencias; un cúmulo de representaciones sobre nosotros mismos; un conjunto de visiones y asociaciones, de actitudes y sentimientos, algunos positivos y otros no tanto; resulta el vehículo que nos relaciona y nos permite interactuar con el resto del mundo, al que también pertenecemos y del que nos apropiamos todos los días. 

–¿Cómo cree que los artistas y escritores pueden contribuir al desarrollo de la sociedad cubana actual?

–Haciendo lo que siempre han hecho: estando ahí, defendiendo sus ideas, comprometiéndose con la sociedad en la que viven, liberándose del gremialismo estrecho que algunos tienen, escapando de las tentaciones del mercado y el éxito fáciles, de la seducción de los medios y las veleidades de las redes sociales, de la superficialidad y los mangos bajitos.

 «Deben entender que la cultura no se limita al arte y la literatura, ni a un sector institucional. Un escritor o un artista puede ser un agente de cambio social, pero hacerlo desde esa condición requiere hacerse cargo, no solo de sus medios de expresión, sino de sus conexiones con esa sociedad, que no siempre conoce, y a la que confunde a menudo con su tropa de amigos. Hay que ganarse el respeto del pueblo con dedicación».

–¿Alguna recomendación para los jóvenes investigadores?

–Que no se dejen atrapar en los límites de una disciplina. Que aprendan todo lo que pueda servirles para entender las múltiples facetas de los fenómenos del mundo real, que nunca se reducen a los de una ciencia separada.

En su fructífera carrera como investigador ha invertido «tiempo en cosas excitantes, intelectual y políticamente, como por ejemplo fundar y promover los estudios norteamericanos desde el Centro de Estudios sobre América (CEA) y sostener, contra viento y marea, la revista Temas». Sin embargo, su principal insatisfacción es no haberle dedicado más tiempo a terminar algunos proyectos, y desearía poder escribir lo que considera que le falta.

Dentro de sus investigaciones ha dedicado especial atención a las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Los orígenes de este interés se remontan a su abuela, la primera que le habló sobre José Martí. Al leer los textos del Héroe Nacional, «me percaté de que él sabía tanto de EE. UU. como de Cuba, y que su legado cultural, cívico y político era inseparable de esa relación y ese testimonio suyo sobre EE. UU. Así que me puse a estudiar a ee. uu. para entender mejor la historia, la cultura, la sociedad y la política de Cuba.

«Desde hace 40 años he tenido la oportunidad de enseñar e investigar en universidades de EE. UU. De manera que he aprendido, aquí y allá, que lo que nos une es muchísimo más que lo que nos separa, y si nos dejan, nos podemos llevar mejor entre nosotros que con otros».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *