Creado en: febrero 20, 2022 a las 09:45 am.

Tiempo arrebatado, arrancado: mujer en pos de su condición legítima

De la serie Disparate, obra de Lesbia Vent Dumois

Cuando pensé que un proyecto como este podía ser acometido, alerté a las escritoras que se habían hecho cargo de antologías de la misma temática, pero en el género narrativo, quienes me contestaron: ¿Por qué no lo asumes tú misma? El poco tiempo del que dispone un investigador profesional, y el temor a no tener poder de convocatoria me hacían vacilar de entregarme a semejante labor. Hasta que ,en el evento que organiza anualmente Luisa Campuzano en la Casa de las Américas de la Habana sobre mujeres, me sorprendí leyendo una aproximación crítica a la poesía de dos poetas recogidas en esta antología: Yanira Marimón y Maylán Alvarez, en las que se revelan cantos de autolegitimidad y se problematiza la verdadera vida femenina, pues “la violencia contra la mujer es una práctica social diseminada en todos los espacios de nuestras vidas, con profundas raíces estructurales, y perceptible en muchos ámbitos, además del privado.”[i] Al final de la intervención expresé que hacía falta acometer una antología contra la violencia de género con la poesía, pues había material creativo valioso y suficiente entre nuestras escritoras. En ese momento la figura espigada y decidida de Christina Ramalho, poeta y académica brasileña, me ofreció la posibilidad de llevar a cabo tal antología: un libro sobre la poesía escrita por mujeres recientemente, contra la violencia de género, en Cuba y Brasil. Convoqué a las poetas, y aunque algunas demoraron un poco en enviar los textos, casi todas las que invité me dijeron, con entusiasmo y una fe del que ve los cielos abiertos, que sí. Son 16 poetas cubanas cuyo espectro de vida recorren los años desde 1936(año del nacimiento de Georgina Herrera) hasta la fecha.

En los textos recogidos en este libro la mujer es un sujeto despojado de su condición legítima en una impotencia que se convierte en englobador fenómeno social. Es “un yo que se ha perdido, o que está en peligro de perderse. Esta es, constantemente, el tema de las novelistas mujeres. Y a menudo es el tema de las poetas mujeres también.”[ii] La existencia femenina se convierte entonces en un campo de resistencia, pero no una resistencia que soporta, sino que se opone,[iii] donde está en juego la libertad, la condición humana del individuo.[iv] En este “no permitir llegar a ser” la vida de este campo de resistencia se materializa muchas veces en la propia relación de pareja o la familia. Ascienden entonces una pureza violentada, o la mujer atrapada en absurdos tejidos de culpa que la conducen, incluso a hacerse daño a ella misma. Estas realidades de subordinación crean agudos paisajes de incomunicación, y complejos procesos de introspección donde la mujer aprende a valorarse más a sí misma, valoración que llega a tener la misma profundidad que su dolor. Asistimos entonces a la reacción airada de un ser ultrajado, a la reacción introspectiva de un ser ultrajado (Consúltense los poemas “Lumbre” de Julia Cabalé y “Un caballete para al Andaluz”, de Leyla Leyva. Este último poema nos entrega un singular retrato de  la mujer hundida en el mundo doméstico, en el que llega a parecer que ni oye, que no ve, que no conserva la capacidad de procrear, cualidad que debe distinguir a la mujer). A pesar de ello el sacrificio que tienen que realizar es a menudo sinónimo de la prisión y la muerte, y no evita que toda la sociedad la considere como un ser maldito. Es una injusticia que la miseria y el estatismo sociales se afanan, con mecanismos y móviles, en hacerla parecer natural, donde la mujer es un ser subalterno que, por las falacias del mundo moderno, cree sentirse triunfadora. Léanse en este sentido “Style” y “Crying girl”, de Dalila León. Resaltan en la muestra excelentes textos con implicaciones alegóricas, arquetípicas y parabólicas sobre la condición femenina, como pueden ser el poema “Eva” de Georgina Herrera, o “En el puente”, “Jarra de Bohemia”[v] y “Campo visual de la doméstica” de Charo Guerra, como los poemas “Poema para la mujer que habla sola en el parque de Calzada” y “De María García Granados a José Martí”, de Lina de Feria. Resaltan en estas creaciones la manera en la que nos autocalificamos junto a la forma en que nos ven, formando acaso una bipolaridad perfecta, y a ratos, enfermiza. Aunque no escapa a la afinación, penetración y sensibilidad de estas escritoras el hacer saber que, pese a que es la madre, y muchas veces también la mujer, una institución en la familia y en la casa, es considerada un ser de segundo orden (Véanse los poemas “Eva” de Georgina Herrera, “Dicen las damas penetrantes…” de Caridad Atencio,  “Acerca de la tocadora de flauta” de Charo Guerra , “Mi madre soportaba el peso que le otorgaba su condición horizontal” de Yenys Laura Prieto, y “Mataremos al hijo”[vi]de Leyla Leyva).

El tema de la mujer como ser despojado de su condición legítima, en peligro de perder su yo, asume, en la antología que ahora presentamos, variedad de manifestaciones y consecuencias que van desde el ser agredido y físicamente maltratado, hasta el sicológicamente abusado, variante esta última por la que experimento un rechazo profundo, pues requiere más maldad o astucia para ser puesta en práctica. Desde el sacrificio de la madre, que es visto socialmente como algo connatural, hasta el estigma social que juzga actitudes severamente punibles, que en los hombres ve normales, y en las mujeres es un crimen de lesa humanidad, que obligan a la prostituta a llevar una vida inhumana. El natural hecho de ser tú es contemplado como un atrevimiento. Comportarte como una persona normal es osadía por la que la sociedad toda ha de pasarte cuenta (Véase “Ms. Trolley recuerda países” de Legna Rodríguez). Otra de las consecuencias de la preeminencia de este fenómeno es, sin duda, la construcción de un ser femenino cercado y perseguido, sin tener culpas o secretos(Consúltese “El tragadero”, de Leyla Leyva y “De dónde están las relaciones…” de Caridad Atencio) o alguien desde la infancia, criado con restricciones educativas que rebajan su condición de ser legítimo, y, que, incluso, dada la crudeza del mundo, es llevada  a madurar con violencia (Léase “Yo era niña, pero bien pude ser niño…” de Maylan Álvarez. Así, en boca de las autoras, la mujer llega a ser “vergüenza que repite su canción”[vii], “mujer atrapada en el goce de su persona, y su conflicto”… a la que “la columna la invita y la Idea la aplasta”[viii], una mujer que no se reconoce”[ix], alguien que queda “bien con todos y mal contigo”[x], “ese tomar y dejar media lengua en la punta de la lengua”,[xi] “violación aplazada sin plaza, y sin palacio”[xii], alguien a quien “ignoran para que desaparezca”[xiii], un ser que solo si se  “alejara de las luces” que la “ignoran dejaría de ser una intrusa”,[xiv] que “no le teme al amor sino a los hombres”[xv]. Pues la condición femenina muchas veces se ve privada de su identidad en nombre del amor. En tal sentido la relación entre los sexos se ha convertido en un juego entre maldad, astucia e inocencia que alguien manipula. Entonces la mujer se ve obligada a establecer estrategias de sobrevivencia desde la impotencia, aunque ninguna sumisión femenina es como la desearía el sexo “fuerte”, ni tan real ni tan desposeída de caminos que salven (Véase “A su regreso trajo consigo…” y “Tras un fallo…” de Dolores Labarcena). En la muestra también es apreciable una materialidad que interroga a lo doméstico de espaldas a la ilusión, urdiendo encajes de desconfianza vacío y frustración (Véanse los textos de Leyla Leyva, Maylan Álvarez, Nara Mansur y Yenys Laura Prieto). Alguien antologado me confesó que su compañero le decía que ya había escrito varios libros con ese tema “doméstico”, que por qué no escribía de otros asuntos, y digo yo, por qué tendría que escribir sobre otros temas, si ese era el collar que apretaba su cuello? Entonces la mujer, despojada de su condición legítima, va a asumirla – lo que abarca en sus creaciones hasta el cuestionamiento de los mitos y la religión – No importa la “aparente” violencia que tenga que desplegar para conseguirlo. Aquí se habla de la entereza femenina, pero desde el ninguneo social que envuelve demoledoramente a esta virtud, con la sorna de lo que se puede, y a la vez, no se puede soportar. Y en esta tesitura nos preguntamos: en qué estado queda el cuerpo femenino cuando traspasa por él toda la posible e imposible domesticidad, toda la posible e imposible segregación? El cuerpo de la madre, que, a manera de gladiador avanza en la contienda? Única elección que la salvará como ser humano, en la que son envueltos los pecados y violencias de los hijos, del marido, incluso hasta del padre. Sobrepongo, en el trance, al cuerpo femenino el ser de las poetas, a las que nunca podrán acusar de cultivar un discurso sesgado, pues “no hay poema que pueda llamarse tal si no implica una querella, una disputa con uno mismo,[xvi] y la condición de todo impulso poético, por elevado que sea, según Pavese, es siempre una atenta referencia a las exigencias éticas, y también prácticas, como es natural, del ambiente donde se vive.  Porque, en el caso de mis antologadas, la tarea central de sus vidas ha sido la escritura del poema.[xvii] Así queden entonces las escritoras, bañadas en las aguas de lo legítimo.


[i]– Zaida Capote. “Presentación”. Sombras nada más, 36 escritoras cubanas contra la violencia hacia la mujer, Ediciones Unión, 2015, p. 7.

[ii] – Bárbara Deming. “No podemos vivir sin nuestras vidas.” Perspectivas en la lucha de mujeres, en Diez poetas norteamericanas, Ediciones Angria, Caracas, 1995, p. 457.

[iii] – Esa resistencia que soporta es muchas veces la culpable del sacrificio femenino a manos de lo más vil del hombre.

[iv][iv] – Mirta Yáñez, luego de afirmar que la poesía escrita por mujeres en Cuba, en distintas épocas y lugares, se han reproducido, con mayor o menor variedad, tópicos como el amor, la maternidad, la identidad, la familia, el hogar, la naturaleza y el desarraigo, refiere que en la mayoría de la obra de las poetisas cubanas se manifiestan cambios en el tratamiento de estos temas tradicionales junto al surgimiento de nuevos, por ejemplo: una actitud desprejuiciada hacia las relaciones sexuales, un desenfado en el abordaje de temas amorosos, pérdida de la censura ante situaciones escabrosas, visión crítica de las relaciones familiares, tono irónico acerca de la pareja, protesta ante los rezagos de la moral conservadora y machista, erradicación de posturas sumisas, pudorosas, pasivas, autoreconocimiento de su posición  en el mundo y pérdida de la solemnidad ante el fenómeno de la maternidad. ”Poetisas cubanas. Una enjundiosa trayectoria” Revista Lectora, n. 5 – 6. 1999 – 2000, Barcelona,  p. 23,

[v] – Se refleja en el texto el mundo frágil del equilibrio y la felicidad femeninos, esbozado mediante el universo alegórico de la ruptura de una jarra.

[vi] – El sacrificio de la madre es pocas veces reciprocado en la figura del hijo, y en el universo de la familia.

[vii] – Verso de Lina de Feria en “Poema para la mujer que habla sola en el parque de Calzada.”

[viii] – Charo Guerra. “En el puente”.

[ix] -Martha Luisa Hernández Cadenas. “El palacio de las ursulinas un siglo después”.

[x] – Maylan Alvarez. “Eso de parir con dolor…”

[xi] – Nara Mansur. “Capullo rosa”.

[xii] – Nara Mansur. “Reinventando persona y personaje”.

[xiii] – Teresa Fornaris. “Te explicaría el crecimiento…”.

[xiv] – Yenys Laura Prieto. “La cabeza de esta mujer salió rodando calle abajo…”

[xv] – Zurelys López. “Espacio interior”.

[xvi] Pura López Colomé. “A la altura de sí mismo” en Seamus Heaney .Obra reunida, Trilce Ediciones, México, 2015, p. 13.

[xvii] -“La tarea central de mi vida ha sido la escritura del poema”. Diana Bellesi. “Género y traducción” en Diez poetas norteamericanas, Ediciones Angria, Caracas, 1995, p. 5.

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