Creado en: abril 29, 2022 a las 08:53 am.

Tú: un criterio muy personal

La crítica no es censura ni alabanza, sino las dos

José Martí

Con esa frase antológica de José Martí, quiero ilustrar la crónica dedicada al dramatizado (prefiero conceptuarlo así, porque la telenovela requiere llevar a la pequeña pantalla 80 o más capítulos), inspirado en una idea original del escritor Alberto Luberta Martínez, con guión de los escritores Amílcar Salatti, Yoel Infante y Eduardo Vázquez, y dirección general del cineasta Lester Hamlet; audiovisual que saliera al aire los lunes, miércoles y viernes —en horario estelar— por el Canal CubaVisión de la Televisión Nacional.

Dicho dramatizado, cuya estructura vulnera los códigos tradicionales en que se sustenta la telenovela, cuenta con un elenco de lujo (uno de sus grandes logros, al igual que la incorporación al reparto de progenitores e hijos): los primerísimos actores Daisy Granados, Premio Nacional de Cine, Patricio Wood, Fernando Hechavarría, Isabel Santos, Yailene Sierra, Luisa María y Néstor Jiménez, Edith Massola, Daisy Quintana, María Eugenia Barrios, Bárbaro Marín, Michaelis Cué y Denys Ramos, quienes se caracterizan —precisamente— por el óptimo desempeño artístico-profesional que los distingue en cualquier medio de comunicación en que han incursionado con gran éxito de público y de crítica.

Participan, además, los actores Herón Vega, Jorge Molina, Claudia Monteagudo. Leonardo Benítez, Carmen Ruiz, Yordanka Ariosa, Yasbel Rodríguez, Gretel Cazón y Roberto Águila, entre otros, así como los noveles Edgar Quintero, Alex Guerrero y Leah Bergues.

Los actores Gabriel Wood («Dr. Jean Luis») y Alicia Hechavarría («Anabel)» desempeñan los papeles protagónicos. «Dr. Jean Luis», médico especialista en Otorrinolaringología, que realiza implantes cocleares, y «Anabel», maestra de un centro de educación especial para niños con discapacidad auditiva.

Por otra parte, habría que destacar la preparación y dominio en el lenguaje de señas que posee la actriz Alicia Hechavarría, así como la naturalidad y seguridad con que se desenvuelve en el set el pre-adolescente que encarna al personaje con trastornos de la audición como secuela de una afección cerebral de patogenia viral; estelar actuación que merece —sin duda— un Premio Caricato.

tiene 56 capítulos y la trama principal gira alrededor de un tema médico muy sensible: las personas con discapacidades auditivas, los conflictos sociales que afrontan y la intervención quirúrgica para colocar el implante coclear, procedimiento que devuelve la audición a las personas con ese tipo de discapacidad.

En estrecha correspondencia con la línea temática central, trata situaciones muy complejas: la reinserción social de los sancionados y la terapéutica que reciben los pacientes con esquizofrenia; enfermedad mental crónica que deteriora la personalidad del sujeto, y es de muy difícil tratamiento socio-familiar, así como algunos problemas que atañen a las relaciones conyugales, familiares y sociales: infidelidad, traición, venganza, machismo, chantaje emocional, falacias para obtener algo o esquivar una situación embarazosa, violencia y agresividad contra niños, mujeres y hombres, entre otros no menos relevantes.

Ese contexto dramatúrgico por excelencia incluye una clase sui generis de psicopatología clínica, que va desde la psicosis esquizofrénica, los graves trastornos de la personalidad y el retraso mental hasta la agorafobia (miedo, o mejor pánico, a los espacios abiertos).

Al respecto, habría que referirse —entre otras cosas— a la magistral caracterización que hace de un paciente con esquizofrenia paranoide el carismático actor Denys Ramos, así como la convincente interpretación que hace del sujeto con psicopatía el actor Jorge Molina, quien le presta piel y alma a «Felele», individuo fría y emocionalmente encallecido, capaz de llegar hasta el homicidio (o el asesinato, si se tiene en cuenta la forma sórdida en que planeara la cruel venganza de que fuera víctima «Manolo», su contraparte; personaje que —con indiscutible profesionalidad— interpreta Herón Vega).

Otro señalamiento que no debe pasar desapercibido es la interferencia que provoca la banda sonora al dificultarles a los televidentes escuchar con nitidez los diálogos, captar su esencia y apreciar la belleza poético-literaria que identifica a los textos, ya que los diálogos devienen el punto focal o eje central de cualquier género audiovisual. En ocasiones, no se oye claramente lo que hablan los personajes, sobre todo los más jóvenes. 

Por último, ¿cuál es el mensaje ético-humanista que ese dramatizado le envía al telespectador? El director Lester Hamlet lo explica con palabras muy puntuales: « nos identifica a todos, sin protocolo alguno, en un espacio donde todos somos iguales ante la vida, sin importar la raza, el género, la discapacidad o el talento».

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