Creado en: febrero 5, 2021 a las 08:32 am.

Camagüey: Leyendas y anécdotas de «El Tinajón»

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El Tinajón constituye, por excelencia, uno de los principales símbolos que identifica la legendaria y heroica ciudad de Camagüey, ubicada a más de 573 kilómetros al este de La Habana. Es fuente de inspiración de artistas de la plástica, diseñadores, artesanos, músicos y escritores, tanto cubanos como extranjeros.

La prestigiosa escritora y poetisa Aurelia Castillo evocando los tinajones de su niñez, en su casona de la calle Cristo, escribió: «Agua santa de este suelo/en el que se meció mi cuna, / agua grata cual ninguna, / que bajas pura del cielo. /Yo te beso con anhelo, /casi con mística unción, /pues creo que tus gotas son /de mi madre el tierno llanto/al ver que te quiero tanto, /Camagüey, tu corazón»

El Tinajón es una vasija de barro cocido que se utiliza para almacenar agua. Entre las leyendas de la añeja Villa de Santa María de Puerto del Príncipe (fundada el 2 de febrero de 1514), la más conocida en Cuba como en el extranjero advierte: «Del tinajón salían las aguas que tomaban lugareños y visitantes. Decía la tradición que el forastero que las bebiera siempre volvería al territorio».

Según el libro Cuba: Una Excursión del tiempo (2020), llegaron a existir a principios del siglo XX en la añeja comarca de pastores y sombreros del Poeta Nacional Nicolás Guillén, alrededor de 16 mil de esos artefactos (hoy apenas quedan unos 2 500 de los originales), los cuales se elaboraron masivamente a partir del siglo XVII, del barro rojo de la Sierra de Cubitas.

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Precisamente Camagüey (cuyo segmento más antiguo es Patrimonio Cultural de la Humanidad) también es conocida como la Ciudad de los Tinajones debido a la proliferación de esa pieza, que tiene sus antecedentes en la vasija andaluza. De acuerdo con la historia, «los alfareros procedentes del sur de España utilizaban grandes recipientes para almacenar granos, aceites, arroz, líquidos».

El portal https://www.ecured.cu publica: «… en 1875 un soldado mambí visitaba a su hijo enfermo en la ciudad, cerca de la histórica Plaza San Juan de Dios. Fue delatado y pudo salvarse de ser capturado por los guardias civiles españoles que lo buscaban, escondiéndose dentro de un voluminoso tinajón».

«El agua contenida dentro de las frescas paredes era empleada para beber y cocinar, y se hicieron brindis acostumbrados a las visitas de propios y extraños. Muchos de estos terminaban casándose aquí. Por ello antaño y aún hoy suele decirse, en noviazgos y bodas semejantes al galán: «- ¡Ese tomó agua de tinajón!».

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