Creado en: enero 1, 2022 a las 11:36 am.

El eterno paradigma musical y patriótico

El bayamés Manuel Muñoz Cedeño es uno de los músicos más importantes del siglo XIX en Cuba. A un aniversario más de su natalicio, se le recuerda como referente en la formación de lo que llamamos Cultura Cubana y la Patria.

Es uno de los patriotas de la generación heroica de 1868 que impulsó la Revolución independentista y que desde décadas atrás vino sedimentando las columnas que sostienen la cultura con sentido de pertenencia nacional.

Se conoce más su participación como orquestador de La Bayamesa, himno patriótico compuesto por Pedro Felipe Figueredo Cisneros ( Perucho). Sin embargo, su papel fundador de instituciones culturales, agrupaciones musicales y su vital rol como conspirador son aún poco divulgados.

Violinista, compositor y director de orquesta, constituyó la primera orquesta de música culta, sacra y popular que se convirtió en la más importante de la ciudad natal.

Nace Muñoz Cedeño el 1ro de enero de 1813, en una casa que desapareció bajo las llamas en el patriótico suceso del 12 de enero de 1869. Hoy se erige allí el Museo Provincial que lleva el nombre del destacado intérprete de múltiples instrumentos musicales, si bien el violín fue su preferido, hacía buen desempeño con los de viento y percusión.

La modesta posición de la familia de pardos, llamados así por el color acartuchado de la piel y el pelo rizado, le inclina por el oficio de albañil, como su padre y es un solicitado maestro de obras en su Bayamo natal.

Es Muñoz impulsor de la escuela de música que inicia en la década de 1840 en Bayamo, de la sociedad Filarmónica, instituciones que hacen de Bayamo, junto a prácticas y tradiciones, un centro del arte en el Oriente. Funda además la Banda Municipal, en la que participan sus muchos hijos, de varios matrimonios, algunos con su apellido, otros no. La que ha legado el patrimonio musical a la actual Banda de Conciertos con una historia de más de siglo y medio de fundada, donde curiosamente se perpetúan aquellos apellidos originarios: Muñoz, Cabrera, Figueredo, Céspedes, Izaguirre, Maceo, Cedeño, Jerez, Fonseca, Aguilera, Tamayo, por solo citar los más reiterados.

Tendrá el Maestro Muñoz la osadía de interpretar la música de Perucho en la fiesta del Corpus Christi, en la peregrinación y luego en los campos insurrectos, a donde fue con sus músicos a animar a las tropas, pues la música es factor motivador y poderosa arma ideológica.

El Himno nacional de Cuba cobró vida en sus manos, así como cuerpo en las voces de aquellas doce jóvenes bayamesas que lo cantaron en el atrio de la Iglesia parroquial el 8 de noviembre de 1868, dirigidas por Manuel Muñoz.

En las memorias de José Formaris, poeta, periodista y editor bayamés, autor de la primera canción Bayamesa, reza que fue Muñoz Cedeño consultado por Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo, los músicos de la primera obra del cancionero cubano. Aunque son numerosas las piezas que el propio Manuel Muñoz compuso y se conocen a través de sus hijos de apellido Cabrera, los que heredaron instrumentos y documentos que hoy atesora el Museo Provincial.

De menudo tamaño, hablar pausado y flema en su carácter, regresó a Bayamo después de la quema, le fue perdonada la vida por los españoles y aún bajo férrea vigilancia, funge como fiel servidor a la causa y a Céspedes, al informar todo lo que acontece en materia militar dentro del Bayamo diezmado por el fuego.

Se convierte en un férreo defensor de inmuebles y sitios que van marcando la historia reciente de la Patria y participa en la discreta reconstrucción de la ciudad, que no se concretará hasta la segunda década del siglo XX.

Muere en la casa que le viera nacer, el 14 de diciembre de 1895 en plena guerra. Un día que décadas después será denominado como del trabajador de la cultura cubana, para mí no es casualidad.

Como agradecimiento a su obra artística y cultural, la escuela profesional de arte de Granma lleva con orgullo su nombre y un retrato del artista Amaury Palacio Puebla nos recuerda su fisionomía.

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