Creado en: enero 4, 2022 a las 12:05 pm.

Gina Cabrera, un boleto a la eternidad

Archivo de Granma

Bastaba con que quisiera conseguir algo un tanto difícil y para ello llorara o fingiera hacerlo. Pronto llegaban aquellas palabras de la boca de mi abuela: –Miren a Gina Cabrera. No fui la única niña a la que, en idénticas circunstancias, le lanzaron ese apelativo, que se ajustó también a alguna vehemente demostración de razones, emprendida por una mujer, tuviera la edad que tuviera. El histrionismo de esta dama, cuyo nombre prestigia a la Cultura Cubana, hizo posible que el pueblo creara una frase que la encarnaba, en tanto le reconocía su excepcional talento.

La actriz de impresionante belleza; de palabra suave, aunque cuajada; de mirada dulce y sonrisa delatora de bondades, fundadora de la Televisión Cubana, se ha ido ayer del mundo, a los 93 años, y un sobrecogimiento embarga a quienes lo hemos sabido.

De algún modo llevaremos por siempre en el corazón los efectos de su entrega artística, la que la hizo merecedora del Premio Nacional de Televisión en 2003. Unos la perpetuarán en programas televisivos como Miércoles de amor Palmolive y Soraya, una flor en la tormenta; en dramatizados como el de la rebelde Juana Azurduy; otros guardarán a la Gina del cine, en filmes como La rosa blanca y Frente al pecado de ayer; no pocos la recordaremos en Tía Tata cuenta cuentos, un espacio infantil engalanado con su grata voz.

De su entereza, su férrea autoexigencia, y sus gestos limpios dan fe personas que la tuvieron cerca. No olvidemos que en 1961 se desempeñó como la Jefa de la Campaña de Alfabetización en CMQ Radio y Televisión, y desde allí organizaba los grupos de alfabetizadores que debían partir a la misión. La recientemente fallecida Fela Jar aseguró en una ocasión que fueron juntas a convencer a los vecinos del barrio de las Yaguas, en Luyanó, para que se alfabetizaran. «Visitamos casucha por casucha y logramos que se alfabetizaran, pero lo hicieron porque Gina se los pidió», aseguró.

El deceso de Luisa Georgina Cabrera Parada habla de destinos definitivos, sin embargo, ¿podrá escurrirse el nombre de esta mujer, reconocida por su pueblo y sus instituciones, cuando se hable de los grandes de la escena cubana? ¿Cómo podría morir para siempre, si de algún modo todas hemos sido, alguna vez, ella? ¿Si, además, cuando pasen muchos años, a las niñas que «dramaticen» algún acto común, sin dudas, se les dirá: «¡Estás como Gina Cabrera!»?

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