Creado en: enero 4, 2022 a las 11:59 am.

Poética y dolor en los Cuadernos de apuntes de José Martí

Al asumir el tratamiento del tema del dolor en los Cuadernos de apuntes reparamos en dos cuestiones bien visibles: primero, la complejidad y trascendencia del mismo en la obra de José Martí, a tal punto, que puede considerarse como parte esencial de su poética; segundo, la necesidad de dar una idea totalizadora del mismo en estas curiosas anotaciones, después de su detenido estudio. Con tales advertencias iniciamos nuestro acápite que pretende tan sólo ubicar en su justa dimensión las ideas relacionadas con la temática en dichos cuadernos.
Nos parece que José Martí fue intuyendo poco a poco, en tenaz reflexión sobre la existencia, el aserto kantiano de que “el dolor es el aguijón de la actividad, y es en esta en la que sentimos siempre nuestra vida; sin dolor cesaría la vida”. El tema como tal aflora en numerosos poemas del escritor desde sus primeras creaciones hasta sus libros de madurez, y tuve la ocasión de estudiar su presencia en mi libro Génesis de la poesía de José Martí. Después de una lectura acuciosa de la obra del escritor se llega a comprender el gran relieve que en su filosofía de la vida y hasta en su teoría literaria tiene el dolor. “Martí le concede una doble jerarquía: moral y estética. En su concepción, el dolor purifica, enaltece y redime: por otra parte, es la máxima fuerza creadora”. En tal sentido los Cuadernos de apuntes son un lugar apreciado de pesquisas, pues podemos comprobar cómo se fue acercando a este principio, la naturaleza de sus reflexiones sobre el mismo y el camino que recorre hasta dotar al dolor de un sentido trascendente. “Los Cuadernos de apuntes recogen de igual modo estas reflexiones bajo los términos indistintamente empleados de ‘dolor’, ‘angustia’, ‘sufrimiento’, ‘pena’, ‘sacrificio’, ‘desgracia’, ‘martirio’; todos ellos como elementos de un mismo campo semántico signado como veremos de positividad. // Y es que la episteme martiana discurre por los cauces de una herencia que reconoce en la angustia o el dolor una vía de restauración existencial.”
Ya en el Cuaderno de apuntes 1 aparecen dos afirmaciones cruciales sobre este asunto que reconocen el carácter fecundante, dialéctico del dolor como forjador de espíritus, de conciencias: “Las grandes desgracias son grandes escuelas. El dolor es la única escuela que produce hombres ―¡Dichoso aquel que es desgraciado!” (CA, 1 p. 17)
En esta afirmación, a mi entender, se halla la base metafísica de la idea que se manifiesta en su poesía del verso como fruto del dolor y como alivio a él, y que será reiterada, de disímiles formas, también a lo largo de estos Cuadernos, como por ejemplo en su sentido poema “[¡Dolor! ¡Dolor! Eterna vida mía]”. (CA, 1, p. 21) “Si hubiera que escoger un texto entre los primeros poemas de Martí como botón de muestra de su más íntimo, esencial pensamiento poético no dudaría en escoger este poema. El dolor y su consiguiente transformación en elemento creativo permeará toda la poética martiana y se inaugura en este texto, donde se erige el bardo, ya con bastante claridad, en conciencia crítica del entramado social.”
Así vamos asistiendo a un curioso proceso de confesión ―convicción donde el poeta escribe primero en íntima reflexión lo que después será parte de sus excelsas ideas en poemas que van desde “Marzo” de Versos libres o “Cual incensario roto” hasta el poema “XXXV” de Versos sencillos. Desgarradora, simple y sentenciosamente reconoce en múltiples ocasiones la unidad casi indisoluble entre poesía y dolor y el carácter estoico que este último le confiere a la existencia. La que sigue es una declaración muy personal pero con implicaciones, desde cierto punto de vista, estéticas: “Yo tengo la fortaleza de la desventura; pero no tengo el arte de la felicidad.”(CA, 2, p. 75) El dolor será para él una condición natural del poeta y el fundamento de la forja de un espíritu. Tan claro lo ha entrevisto en sus meditaciones que llega a afirmar: “¡Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante!”. (CA, 6, p. 194) Con lo que reconoce el papel raigal que este sentimiento tiene en su vida, y en la de los demás como innegable redimidor del ser humano. “El dolor aparece así dotado de un valor sacrificial, del que se desprende un bien insospechable no sólo para la humanidad, sino para el entero universo, que comparte, por ley de la analogía, la misma esencia de aquella.”
Es inevitable, a la hora de tratar este tema, hacer alusión a unas anotaciones que sobre Schopenhauer Martí recoge en el Cuaderno de apuntes 3 (pp. 113-114). Luego de su lectura nos percatamos de que nuestro escritor entabla un diálogo con el filósofo alemán y sus convicciones, acaso vertidas en su libro El mundo como voluntad y representación (1819), donde a diferencia de aquel no considera al dolor perenne, sino la causa del dolor, y para fundamentarlo utiliza el mismo argumento del pensador sobre la voluntad como substrato de los fenómenos y de la representación del mundo en la conciencia. Es curioso en estas líneas ver cómo establece una diferencia entre el dolor de los pensadores y poetas, a los que llama “ultrahombres” y el dolor del común de los humanos. Con lo que sigue perfilando sus ideas sobre este concepto, abordando sus aristas metafísicas. O aquellas que parecen misteriosas cuando son en realidad reveladoras de esencias: le hacen ver claro el sentido, la razón de su vida y de la vida de los grandes hombres. El dolor es lo que incita, estimula el pensamiento del genio, y al cobijarlo lo vuelve grave, sereno, grandioso. (CA, 8, p. 241) A diferencia de Schopenhauer y su concepción pesimista de la existencia con base en el dolor, este para Martí es el que permite dotar a la vida de un sentido trascendente, y es el fundamento insustituible para la creación artística.
Y a lo largo de los Cuadernos proliferan las declaraciones expresas, las generalizaciones sobre el particular, y el testimonio de una experiencia en ideas claras donde se reconoce al verso, y por extensión a la obra creativa, como fruto, cetro y superación del dolor: “Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una copa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles.―Jamás he entrado en una gran labor sin que alguna profunda pena haya venido a perturbarme en el comienzo.—Y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda.”(CA, 5, p. 161) Muchos de estos planteos constituyen preámbulos a la irrupción escritural de sus poemarios con sus respectivos paratextos. Pero también se hace referencia a este asunto en formulaciones bien metafísicas como la siguiente que conforma su doctrina poética: “El verso no ha de andar por tierra, como la hormiga, sino por sobre ella, como las aves. // El verso ha de ir cantando, saltando, rebotando, como cascada de aguas lujosas sobre las piedras del abismo.”(CA, 9, p. 253. El énfasis es mío) Para él la poesía es sinónimo de lo elevado y lo sagrado.
Maybel Mesa reconoce que la idea del sufrimiento en Martí se refleja como una actividad del espíritu estrechamente vinculada con el conocimiento, y apunta que en el fragmento referido del Cuaderno 5 aparece explícitamente plasmada la relación del dolor con la escritura, que ella considera una forma privilegiada en que este conocimiento toma lugar, una vez que el individuo se encuentra ante la experiencia de la angustia. A veces la anotación es sencilla, esencialmente atributiva, pero refiere lo mismo: su experiencia concreta y el reconocimiento de que el dolor debe anteceder cualquier instinto creativo. Antes de su dedicatoria de Ismaelillo en estos apuntes refiere: “El canto es luego: hoy es el tono llanto”. Otras, con las imágenes analógicas que tanto prefería: “Yo soy como aquellos llanos de Siberia, que dan fruto abundante en medio del frío.―Del dolor, flores.”(CA, 6, pp. 182 y 185) Por eso afirmaba un poco antes que en ellos los temas se ofrecen unidos, imbricados: el tema del dolor y los aspectos paratextuales dentro de los elementos de poética. . Todo formando parte de un círculo concéntrico en que se constituye la escritura y la genialidad literaria de José Martí. En este Cuaderno de apuntes 6 que contiene, como ya hemos dicho, los manuscritos de Polvo de alas de mariposa, no faltan tampoco poemas de aquel libro donde se reconoce propiamente dentro de la escritura creativa.
Por este camino ha llegado de la intuición a la certeza cuando escribe: “La poesía es la lengua de lo subjetivo permanente.―Dolor o amor consignado en prosa―vuela!―En verso sincero y sobrio,―queda!”. (CA, 7, p. 222) Nos entrega aquí un ángulo invertido del análisis: de la poesía al dolor, pero se llega a las mismas conclusiones. Estamos ante un originalísimo concepto sobre aquella ―noción sin dudas moderna― donde la reconoce como lenguaje en el que prevalecen la trascendencia y la singularidad, y donde se encuentra el “mayor componente irracional y por tanto la máxima individualidad creadora”. Hay una aparente contradicción en dicho concepto, pero esto es lo que hace mantenerlo vivo y mantener viva a la poesía. El papel del dolor en la misma es preponderante, así como de las ideas que emanan de él. Martí lo reconoce como un vehículo hacia lo sagrado y elevado del pensamiento. Es ya la sabiduría que emana de la experiencia y puede ser volcada en versos tan intensos como los siguientes, pertenecientes a Versos libres, y que aparecen manuscritos en el Cuaderno 18:

De forma en forma (y) de astro en astro vengo:
Viejo nací: ¿Quién soy? Lo sé. (Soy todos) (todo):—
[…]
Y (el) bestia soy: me place el sacrificio
Más que el gozo común: con esto sólo
Sé ya quien soy: ya siento do mi mano
Ceder las puertas fúlgidas del cielo.
(CA, 18, pp. 384-385)

Si antes en nuestro ensayo habíamos referido que Martí a través de poemas y afirmaciones intuye poco a poco que el dolor le hace ver claro el sentido y la razón de su vida, ahora podemos afirmar que ha llegado al íntimo reconocimiento de tal verdad, pues es capaz de expresarlo con mucho acierto en una de sus prosas poéticas que dejó en sus apuntes, curiosamente en la misma hoja que se recogen los versos anteriormente citados. Se produce el salto de lo reflexivo a lo creativo por excelencia. El dolor es parte consustancial de aquella:
Acurrucado: se quedó en esqueleto: se consumió sin morir: se le cayeron los ojos: le queda pelo en las cejas, y un tufo sobre la frente en el cráneo mondado: se le conoce que vive en que tiembla: a retazos caído el vestido: lacras de huesos por entre el vestido podrido: omóplato desnudo. Vivo que no pudo amar. ¿Por qué está así? Le quieren arrancar a la fuerza su secreto. Se defiende con los huesos, se aprieta con las manos el lugar del corazón. De entre los huesos empolvados sale el amor, con un cuchillo de plata fina, un cuchillo diminuto, cabeza de mujer, hoja de lengua, que lo atraviesa de parte a parte, y cuando le arrancan el dolor, rueda por tierra, muerto. (CA, 18, p. 385)
El dolor es y ha sido su secreto, y uno de sus acicates, el amor, como aquí reconoce. Como bien afirman González y Schulman, Martí fue un gran sufridor, y el más genial y acrisolado estoico que la raza ha producido. Pero la aridez desolada y desoladora del estoicismo clásico se atenúa en él y se compensa por la trascendencia que al amor concede. Según Mañach, en Martí amor y dolor se funden y complementan en su ideación, y en la medida que el amor melifica el dolor, su concepción supera y hasta se desvía de y rectifica la noción estoica.
En tal sentido el dolor y el amor están dialécticamente vinculados en la ética y la estética martianas y alcanza su punto cumbre en los Cuadernos en la prosa poética citada, pues, según refiere Carlos Javier Morales, si la misión sagrada del hombre es el amor, acto por el que consigue superar las contradicciones aparentes que el mundo nos ofrece, el ejercicio de esa misión amorosa conlleva una dosis ineludible de dolor. El dolor reviste así un valor eminentemente positivo, porque el dolor es la única arma de que dispone el hombre para contrarrestar las fuerzas del mal, las fuerzas destructoras de la armonía cósmica.
Son ampliamente conocidas por los estudiosos de la obra martiana la idea aquí comentada del verso como fruto del dolor y como alivio a él, y aquella en la que expresa que el dolor no debe mostrarse, que debe permanecer en lo oscuro. En la base de estos razonamientos bien tamizadas se hallan las siguientes afirmaciones de Coleridge, que el poeta recoge en el Cuaderno 18:

“A grief without a pang, void, dark and drear”.
Coleridge

“Work without hope draws nectar.
And hope without an object cannot live”
Coleridge
(CA, 18, p. 403)

Las alusiones sutiles en la segunda cita del escritor inglés a la escritura y al sufrimiento, que inevitablemente fructifica, fueron captadas por nuestro escritor, y constituye una pequeña muestra de la impronta de la concepción del dolor romántico que recibe Martí. Podemos afirmar igualmente que las ideas de Martí sobre el dolor en forma general, y en particular las que se muestran en los Cuadernos de apuntes, evidencian el carácter dialéctico de su pensamiento: si primero se nos muestra la oposición entre lo hermoso y lo árido, seguidamente se nos dice, se nos prueba que de lo árido nace lo hermoso. El dolor crea el verso, provoca su irrupción e irradiación.
Las formas que toman el concepto del dolor y del amor en la obra de Martí son prueba de la presencia de la dialéctica analogía–ironía, esencial en su cosmovisión. Como bien afirma Carlos Javier Morales ambos polos se conocen con los términos analogía (estado armónico final) e ironía (conciencia de la diversidad y la fragmentación inmediata).
Ya veremos cómo Martí se basará en el mismo dolor para recobrar la armonía ausente. El dolor, ya en los románticos, se establece como el único sendero para superar las contradicciones aparentes del universo, puesto que todo intento por conciliar lo contradictorio en una síntesis armónica se muestra necesariamente doloroso. Toda actividad del hombre dirigida a reconstruir lo que la maldad humana ha fragmentado ha de pasar por el camino insoslayable del dolor. Sin él no es posible reconstruir la armonía en el mundo terreno, ni contemplarla en su esencia más profunda e ideal.
Como han afirmado los estudiosos que, de alguna manera, han tratado el tema, esta insólita exaltación del dolor en Martí, tan contraria al epicureismo del hombre tropical tiene su raíz filosófica más remota en
los estoicos Epicteto, Marco Aurelio y, sobre todo, Séneca. Acaso sus tempranas lecturas de la Biblia y de los Evangelios contribuyeron también a desarrollar en él estas ideas. Una posible tercera influencia es la lectura de los escritores y poetas románticos. Martí fue el último gran romántico de la lengua y dada esta afinidad es posible que alguna huella hayan dejado en él los que con mayor sinceridad exaltaron este sentimiento: un Leopardi, un Schopenhauer, un Hartman… Pero el dolor romántico es con frecuencia libresco, inventado y mera “pose”, en tanto que la doctrina martiana es una vivencia, una agonía y una filosofía personalísima.
El dolor considerado como fuerza artística es lo que singulariza la visión y el concepto de Martí. Y de ello se dan pruebas innumerables en estos Cuadernos de apuntes.
Aunque esta doctrina se acentuará en los últimos diez años de su vida, como señalan Schulman y González, aparece ya diáfana no sólo en El presidio político en Cuba sino también en tempranas anotaciones de estos Cuadernos (1-5). Creemos, según expresan dichos estudiosos, que aunque en las obras citadas el dolor tiene sólo una dimensión ética y espiritual, es a partir de 1880 cuando se perfila el contenido estético y la trascendencia creadora que al dolor le concede Martí (véanse cuidadosamente las ideas que sobre él aparecen en los Cuadernos del 6 al 18). “En su diario y en su vida este sentimiento adquiere importancia definidora y le concede un rango único. Sólo su acendrado concepto de la dignidad del individuo rivaliza en su escala de valores con la jerarquía purificadora, redentora y hasta creadora que al dolor confiere.”
La naturaleza entrañable, espiritual y singularísima de este concepto en Martí, íntimamente relacionada con su misión libertadora y apostólica le permite al escritor trascender la postura estoica, la bíblica y la romántica. El hecho de que el dolor anteceda como condición sine qua non a la escritura, y este se convierta en una forma privilegiada de conocimiento, despoja de carácter negativo a esta noción y explica los numerosos razonamientos de naturaleza encomiástica que le dispensa. “Dolor en Martí es fuente de inspiración para la escritura, si se entiende por inspiración el ser transportado hacia la experiencia poética, para recibir allí, en el suelo fértil de la palabra poetizante, aquella visión que, paradójicamente, no puede quedar contenida en el verbo humano. // Queda signada, pues toda su obra por esta relación ‘escritura–dolor’.”
Carlos Javier Morales parece que ha dado con el apelativo justo cuando se refiere al concepto como fragua, ya sea para la acción fecunda y heroica o para la genialidad poética, y refiere que este principio se halla también en el Fausto de Goethe. Si la vida es el objeto de la creación literaria, como ha apuntado en muy diversas y numerosas partes de su obra, con marcado énfasis en estos Cuadernos, el dolor y el afán de superarlo permiten al poeta el logro de la excelencia artística.
Ese acto creativo en que concluye el dolor, ese carácter trascendente que se le da a dicha noción es lo que diferencia a Martí del resto de los románticos hispanoamericanos, como bien afirma el importante estudioso Oscar Rivero–Rodas, quien considera que para Martí el poeta es una manifestación plena del dolor, es la presencia del dolor, concebido como un sentimiento cósmico, que brinda la posibilidad del perfeccionamiento para lograr una identificación total con el universo.

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