Creado en: enero 12, 2024 a las 06:05 am.

La Cultura es la Patria

Luis Morlote Rivas, presidente nacional de la UNEAC

Informe Central de la Presidencia de la UNEAC al Consejo Nacional, desarrollado este jueves 11 de enero en el Palacio de Convenciones de La Habana

Apenas nos separan unas horas de que inicie en todo el país, el amplio, democrático y participativo proceso que nos llevará dentro de cinco meses a celebrar el X Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Han pasado cuatro años y medio de que fuera clausurado el encuentro anterior; y sin embargo, muchos no hemos olvidado las emocionantes sesiones finales de aquel encuentro en el que desde una honda, crítica y comprometida reflexión colectiva, debatimos sobre los desafíos de la cultura cubana y los que enfrentamos quienes la hacemos y la defendemos, con compromiso y conciencia de la utilidad de la contribución de nuestra obra a la espiritualidad de esta nación.

En aquella tarde de junio de 2019 luego de un intenso debate, primero en Comisiones, como ocurrió en esta jornada, y después en plenario, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez, nos decía: “No dejen morir el Congreso. Trabajen por hacer realidad todo lo que entiendan que aportará al bien de la nación, a su espiritualidad, al porvenir que quieren negarnos los que no han podido destruirnos”.

Desde entonces ese ha sido un principio que ha animado a quienes integramos este Consejo Nacional de la Uneac, a su Secretariado, y a cada uno de los órganos de dirección, desde nuestras Asociaciones hasta nuestros Comités Provinciales y Municipales, Filiales y Secciones.

Ninguno de nosotros imaginaba entonces las extraordinarias tensiones económicas, materiales y sociales que habríamos de enfrentar en los meses posteriores a ese encuentro y que han incidido en la vida cultural: la singular circunstancia que nos impuso la pandemia de la Covid-19 en la que no solo nos vimos abocados a una situación inédita en lo sanitario y en lo social, sino en lo afectivo; perdimos a gente muy cercana, a familiares queridísimos, también de nuestra Uneac; la crisis económica e inflacionaria multidimensional; la violencia y las guerras genocidas como la de Israel contra el pueblo palestino; la intensificación del bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, como elemento de presión de la actual administración de Joe Biden, que mantuvo vigentes la mayoría de las más de 240 medidas que Donald Trump tomó para asfixiarnos; y las afectaciones que provoca la inclusión injustificada de nuestro país en las espurias listas de estados patrocinadores del terrorismo y de los que violan la libertad religiosa. Son estas impactantes realidades con las que convivimos, y a las que hemos tenido que sobreponernos.

En el intento por minar la unidad y socavar el consenso en torno a la Revolución Cubana, agencias federales norteamericanas, fundaciones e instituciones bajo su control, de conjunto con la extrema derecha que opera desde el Sur de la Florida y sus aliados internos, han dirigido, también, sus ataques hacia la cultura y los creadores. La estrategia ha consistido en promover la ruptura y el desacuerdo, alegando una supuesta ingobernabilidad y falta de voluntad política del Estado para resolver los problemas del pueblo. Para respaldar sus acciones, han desplegado un andamiaje propagandístico, utilizando las redes sociales como principal escenario para difundir noticias falsas, provocaciones e incitaciones al odio, al caos social y a la desesperanza. Las campañas imperiales de difamación y los intentos por desacreditar la obra revolucionaria han sido una de las estrategias empleadas para dividirnos, sembrar el desaliento y promover la restauración capitalista como una solución redentora. La manipulación y el intento de imponer una narrativa contraria a nuestra historia y nuestros ideales, constituyen una expresión de la guerra cultural que se nos hace.

No debemos menospreciar la labor sistemática de los enemigos del pueblo cubano por ofrecer una plataforma teórica al desencanto y la deslegitimación de nuestro socialismo. Publicaciones que se gestan fuera y dentro de Cuba promueven una agenda en la que se cuestionan sistemáticamente desde la aprobación en la Asamblea Nacional luego de amplias discusiones populares de leyes que significan una importante modernización de políticas públicas, hasta cada una de las medidas adoptadas por el gobierno revolucionario para enfrentar los momentos críticos que estamos viviendo; con ello intentan desacreditar el papel del Partido, el Gobierno y las entidades y organizaciones de nuestra sociedad. Esas plataformas han puesto especial énfasis en atacar nuestra política cultural, en amplificar diferencias y demostrar un enfrentamiento irreconciliable entre el sistema institucional y los escritores y artistas.

Quienes integramos la Uneac hoy, hemos denunciado tales manipulaciones y encauzado acciones que van mucho más allá de pronunciamientos y respuestas puntuales ante determinadas contingencias; porque de lo que se trata es de impulsar una agenda propia, capaz de cumplir con las expectativas de nuestra membresía, la política cultural de la Revolución y la máxima aspiración de ampliar los horizontes y la vida espiritual de los cubanos.

Sin dudas la convocatoria al X Congreso de la Uneac, el pasado 27 de junio en la anterior sesión plenaria de este Consejo Nacional, ha significado una motivación muy especial para los escritores y artistas que integramos la Organización en todo el país; entre ellos los centenares de nuevos miembros que se nos unieron en el Crecimiento “Aniversario 60” y que con compromiso y entrega han venido a fortalecer y renovar la Unión creada por Guillén, Fidel y una pléyade de intelectuales de primera línea en 1961.

En la convocatoria a nuestra cita del venidero junio, dijimos: “La ruta hacia el X Congreso de la Uneac nos llevará a profundizar nuestros debates, a actualizar el modo de encarar problemas aún no resueltos, y anticipar y proponer soluciones que redunden en el fortalecimiento de nuestros principios y esencias…. En el seno de las asociaciones, sus filiales y secciones, los comités provinciales y municipales, abordaremos una agenda que debe conducirnos a nuevas perspectivas para sostener y ensanchar los afluentes para la creación y promoción de la obra artística y literaria”. –fin de la cita.

Apenas unas semanas después de nuestro encuentro en la Casa de las Américas, comenzamos a materializar esa aspiración. Las sesiones de constitución de nuestras Comisiones Organizadoras en todas las provincias y en el Municipio Especial Isla de la Juventud durante el mes de septiembre, constituyeron espacios de diálogo y reflexión que, en un clima propositivo y plural, nos permitieron mirarnos por dentro de manera autocrítica y pensar la ruta hacia el X Congreso a partir de hacer más participativa y protagónica a la Organización en cada espacio donde existe.

Esos encuentros, a los que asistieron relevantes intelectuales miembros de la Uneac, ratificaron la vocación participativa del movimiento artístico e intelectual con el ánimo de contribuir a desarrollar consensos para la salvaguarda de la soberanía y la autodeterminación. Se refrendó el papel de la cultura en el enfrentamiento a las vulnerabilidades sociales y se reflexionó sobre el perfeccionamiento de la institucionalidad cultural. Se habló de cuánto más podemos hacer para comunicar con efectividad nuestras verdades, contribuir al establecimiento de jerarquías artísticas y en el combate contra la colonización cultural.

En esos intercambios defendimos la idea de que el único modo cierto de hacer el Congreso que demanda la cultura y la sociedad cubanas en la hora actual, es que sus propuestas, sus temas y la ruta de trabajo fuera pensada, diseñada, articulada y desarrollada desde la sección, la filial y el comité municipal como espacios raigales de vida de la Uneac. Es allí fundamentalmente donde se concentra el activismo de nuestra membresía y desde donde pueden surgir soluciones transgresoras y creativas a los problemas del momento.

Unos días más tarde, en el mes de octubre, el Secretariado de la Uneac, y la Comisión Organizadora del X Congreso que aprobamos en este órgano de gobierno en junio pasado, recibió centenares de planteamientos, ideas, sugerencias. Podemos decir que con ese ejercicio se comenzó a construir la agenda del venidero conclave. Impresionante para quienes procesamos ese volumen de información, fue, también, comprobar lo que ha sido una máxima en el trabajo de la Uneac y en la conducta del movimiento artístico e intelectual cubano: cada idea, cada planteamiento, cada sugerencia está encaminada a un mayor aporte de la vanguardia artística a la espiritualidad de nuestro pueblo.

Ese temario, al que incorporaremos lo que se discuta y acuerde en las Asambleas que inician este 22 de enero y que culminan con la celebración de los Congresos provinciales en el mes de abril, será el centro de los debates de las sesiones del encuentro de junio; pero más importante que eso: de él saldrán las prioridades de trabajo de la Uneac en cada territorio para un nuevo periodo.

Esos análisis no han impedido que también en esta etapa, los órganos de gobierno de la Uneac hayan dado seguimiento a los acuerdos y planteamientos el IX Congreso de la organización en permanente intercambio con las instituciones culturales, educativas, gubernamentales y el sistema de la Radio y la Televisión. Es responsabilidad de esos órganos de gobierno y de la Comisión Organizadora de este encuentro, a todos los niveles, continuar desarrollando vías de información e intercambio más expeditas con los miembros, que coadyuven al conocimiento, la argumentación y explicación de cada uno de los asuntos que se ventilan en el seno de la organización y a recoger y atender preocupaciones, dudas, inquietudes, iniciativas y propuestas.

Para el análisis de los acuerdos del pasado Congreso, los planteamientos de los anteriores Consejo Nacionales, y los problemas que frenan el despliegue de las potencialidades creadoras y la plenitud de la vida cultural, hemos desarrollado, además, un grupo de intercambios entre los ejecutivos de las Asociaciones con presidentes y directivos de las instituciones culturales, y otras entidades del estado.

Los encuentros del Presidente Díaz-Canel, el miembro del Secretariado Rogelio Polanco, la Vice Primera Ministra Inés María Chapman y otros representantes del Partido, el Estado y del Gobierno, con la Uneac, para abordar problemas planteados en aquel Congreso y otros que han ido surgiendo, definen una línea de acción muy precisa y han facilitado de conjunto el hallazgo de soluciones. En varias provincias, de acuerdo con las realidades territoriales, las direcciones partidistas y gubernamentales han prestado atención a las preocupaciones de los escritores y artistas. Contradicciones ha habido y habrá, pues buena parte de los asuntos tratados pasan por las complejas aristas que confluyen en el funcionamiento institucional, los presupuestos, recursos materiales, el apoyo y estímulo a la creación y la diferencia de criterios a la hora de concebir la programación cultural.

Rica y profunda ha sido la discusión de esta mañana en cada una de las cinco Comisiones que sesionaron. Con la exposición de lo avanzado y lo no logrado en cada una de las manifestaciones artísticas que corresponden a las Asociaciones de nuestra Unión, se inició un diálogo que de seguro tendrá continuidad en el más de un centenar de asambleas de filiales y sesiones que hasta el 25 de marzo realizaremos en toda Cuba. En ellas se habló de problemas, de soluciones, de desafíos, de aspiraciones y de sueños; y del modo en que los escritores y artistas agrupados en la Uneac podemos ayudar a nuestro país a superar las coyunturas más desafiantes; y de la necesidad impostergable de contribuir de manera más activa al perfeccionamiento de nuestra política cultural y de las instituciones que tienen la responsabilidad de materializarla y atender y dialogar con los creadores; de la utilidad de promover la participación protagónica de la población. Se habló de relacionar cada vez más las transformaciones materiales con el fomento de la espiritualidad y de dinamizar procesos que den lugar a una elevación constante del nivel y las expectativas de vida de los ciudadanos desde su comunidad; de la urgencia de combatir con mayor eficacia los intentos por dividirnos y el impacto de la oleada globalizadora neoliberal en nuestra sociedad. También se reflexionó sobre cómo hacer frente a la seducción de los medios hegemónicos que persisten en la inoculación de antivalores culturales de la ideología y las industrias culturales foráneas. Esta mañana se hicieron, además, propuestas que apuntan a la conquista de nuevos espacios para el fortalecimiento y crecimiento del tejido espiritual de la nación.

Conocedor de que la supervivencia de nuestro proyecto social pasa hoy por reactivar la economía, vencer el cerco implacable de los enemigos; pero también por ratificar el papel decisivo de la cultura como en otros momentos cruciales que hemos vivido. En el reciente pleno del Comité Central del Partido, su Primer Secretario, compañero Díaz-Canel, hizo un llamado a “Desatar las fuerzas productivas, y también las fuerzas espirituales de la Revolución”. La Uneac tiene mucho que aportar en ese sentido; con la obra de sus miembros, con la reflexión lúcida y el accionar comprometido de quienes hacen la cultura.

Compañeras y compañeros:

Ya estamos en Congreso. Con este Consejo Nacional se cierra un periodo de trabajo de casi cinco años desafiantes y hermosos. Agradezco en nombre de la Presidencia de la Organización a todos los que desde el 2019 han formado parte de nuestros Órganos de Gobierno, y que concluyen sus mandatos en las reuniones que inician la semana próxima. Agradezco a los miembros de este Consejo Nacional, también, por sus aportes individuales; a ustedes, todos, que han hecho de la Uneac una organización viva, beligerante, activa, aportadora, comprometida, necesaria.

Con este Consejo Nacional se abren, también, los debates del X Congreso y con ellos las ideas y propuestas que marcarán los derroteros de la Uneac para otros cinco años de trabajo.

No hemos dejado morir el Congreso, como nos pidió el Presidente Díaz-Canel al clausurar aquel foro en 2019. Tenemos siempre presentes las ideas de Fidel en sus Palabras a los Intelectuales, de las cuales celebraremos, justo en la jornada final del décimo congreso, 63 años. No olvidamos la exhortación que nos hiciera el General de Ejército Raúl Castro en ocasión del aniversario 55 de la Uneac de “encarar con valentía, compromiso e inteligencia los complejos desafíos del presente”. Nos anima la certeza expresada por el sabio cubano Fernando Ortiz, que ya preside nuestros debates, de que “la Cultura es la Patria”.

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