Creado en: octubre 21, 2021 a las 09:35 pm.

La marcha y la mancha

Por Ricardo Riverón Rojas

Me gustaría participar en una marcha donde se reclame justicia social, respeto a los derechos humanos, condena a la represión, libertad de expresión, libertad para los presos políticos, fin de la pobreza, igualdad de oportunidades… En mi país se convocó a una para el próximo mes, pero veo que la convocatoria no valora esos conceptos de la misma manera en que los asumimos la mayoría de los cubanos (el 85.5 %), ni mide con la misma vara su posible violación. No voy a participar, pues más que marcha sería, para mi fuero interno, mancha.

“Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados”.

Quien la convoca, si leo su currículo, ha sido beneficiario, en alto grado, de la justicia social y la igualdad de oportunidades que la política educacional y cultural de la Revolución desplegó para todos los cubanos desde sus primeros días hasta hoy; nunca fue discriminado ni censurado, sino todo lo contrario. Así lo reconoció en entrevista concedida a Raquel Caballero Ruiz para el periódico Juventud Rebelde el 24 de febrero de 2012:

Desde que empecé a hacer teatro en Holguín ingresé a la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Integrarme a esa organización me ofreció la posibilidad de participar en talleres, de compartir experiencia con otros creadores, hacer encuentros y publicar mis obras. (…) Tengo todos los motivos del mundo para agradecer el apoyo brindado, porque sin la Asociación no hubiese podido hacer la mayoría de mis trabajos.[1]

No le veo sentido a marchar para reclamar lo que ya poseen quienes, como él, demostraron talento, pero sospecho que tratar de convencerlo para que desista sería en vano. En otros momentos de la conversación, el joven confiesa que publicar sus libros y estrenar una decena de textos lo convierten en “un autor afortunado”. También se refiere a sus estudios, primero en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y posteriormente en la Universidad de las Artes (ISA), de donde egresó con título de oro. Comenta asimismo las posibilidades que ha tenido como guionista para audiovisuales y para participar en eventos e intercambios allende el mar.

“La masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo”

Evidentemente, el sistema propició su formación y su obra se ha reconocido, como la de tantos. Me gustaría marchar con él si reclamara que esas mismas oportunidades se abrieran para todos en aquellos sitios del mundo capitalista donde al desarrollo de la gran mayoría no lo respaldan políticas públicas inclusivas. Como bien sabemos, en esos predios por lo general el dinero, o el azar —no siempre concurrente—, son quienes desbrozan el camino a la academia. No creo que, desdeñando la amplitud de nuestras instituciones educativas, alguien con un mínimo sentido de la justicia se aventure a afirmar que quiere para los jóvenes talentos cubanos el mismo destino que tendrían en la mayor parte de este tercer mundo al que pertenecemos. Marchar para eso sería un descomunal contrasentido.

“Me gustaría marchar con él si reclamara que esas mismas oportunidades se abrieran para todos”. Fotos: Tomadas de Pixabay

Claro, después de aquellas añejas afirmaciones, el todavía joven deriva de su visión, antes agradecida, hacia el cuestionamiento de la masificación de la cultura, uno de los proyectos más osados y generosos que en el terreno cultural ha emprendido nuestro país en lo que va de siglo. De paso, además de extraer un saldo nulo de aquella idea de Fidel, le mete caña —como le dicta una desgastada matriz peyorativa— al ideal guevarista del hombre nuevo. En otra entrevista, concedida a Alejandro Langape para la revista Árbol Invertido, el 18 de noviembre de 2020, lo afirmó. Llamo la atención sobre la autorreferencia, en ese mismo intercambio, a su obra Semen, premiada y puesta en escena dentro y fuera de Cuba. Supongo que quede claro que, al parecer, ante su puesta en escena y publicación, la cruenta censura comunista dormía o estaba entretenida con alguna que otra nimiedad.[2] Más allá de la pequeña cuota de razón que pudiera tener, sobre todo por las derivaciones no previstas con que opera el programa después de dos décadas de gestado, propongo leer un fragmento:

Para mí la Batalla de Ideas era la resurrección de aquel proyecto de hombre nuevo que pretendía, con la masificación de la cultura, atenuar los efectos de la degradación social que se percibía. La realidad, sin embargo, no muestra hoy evidencias de que seamos más cultos ni mejores (como sociedad) que en aquellos años. Semen es una reflexión en torno a esas preocupaciones. El texto fue ganador del premio Calendario, se publicó en La Habana y Buenos Aires, fue estrenado con mucho éxito por el grupo El Portazo, de Matanzas, y también ha sido llevado al cine por Juan Carlos Cremata.[3]

Yo marcharía —solo que en otros contextos— contra la censura, la falta de libertad de expresión, la existencia de presos políticos, y llevaría como ejemplo algunas de las obras más impugnadoras del dramaturgo convocante a la marcha en Cuba. El ejemplo cubano en eso de no censurar pudiera serles de utilidad, lo mismo en Madrid, pues en algunas de esas monarquías europeas contra sus majestades no se puede expresar nadie, porque la ley castiga al súbdito que se atreva. Igual podríamos marchar en Washington, o en Miami.

Marcharía también para denunciar esas cárceles donde mantienen durante años, sin instrucción de cargos y en no pocos casos sin delito, a prisioneros que deben enfrentar las condiciones más humillantes que podamos suponer; el de la base naval de Guantánamo sería mi ejemplo emblemático.

Claro que marcharía pacíficamente. Y también, pese al riesgo, contra los abusos policiales en esos sitios donde te pueden sacar un ojo con balas de goma, barrerte con un cañón de agua, caerte a golpes, asfixiarte bocabajo contra el piso con una rodilla sobre el cuello o despacharte con una bala de material menos “noble”. Como veo que no es hacia esos territorios que se enfilan los reclamos de quienes convocan a marchar en mi país, decido que no me mancho.

“No hay herramienta más valiosa que el cambio para que la Revolución como proceso emancipador no se detenga, se defienda e insista en su apuesta por el desarrollo”.

¿Y qué ha pasado en Cuba los últimos cinco años para que algunos piensen que es legítimo marchar para pedir cambios? Claro que hay que cambiar, a los revolucionarios no hay que pedírselo, pues no hay herramienta más valiosa que el cambio para que la Revolución como proceso emancipador no se detenga, se defienda e insista en su apuesta por el desarrollo.

Muchos de los cambios en nuestra economía en poco más de una década, que no son pocos ni de pequeña naturaleza, buscan hacerla funcionar eficientemente. En su totalidad han debido responder, de una manera u otra, además de a una nueva lógica global —no siempre socialista en el sentido ortodoxo—, a la agresividad del bloqueo, nunca ausente, sino más presente y atenazador que nunca tras las 243 medidas que nos regaló el republicano Trump, al parecer sin reversión demócrata. A quienes dicen que el bloqueo no es causa de nuestros agobios, los invito a recordar cómo nos abastecíamos en el período de distensión de ayer mismo (gobierno de Barack Obama) y cómo lo hacemos después del arribo a la Casa Blanca del magnate inmobiliario.

Han transcurrido menos de cinco años desde que, en 2017, asumió la presidencia de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Desde entonces no ha parado de enfrentar adversidades de alta complejidad, timoneadas con bastante acierto, según creo. Apenas comenzaba su gestión cuando el accidente del avión de Holguín conmovió al país; acto seguido nos sorprendió el tornado en La Habana, que obligó al despliegue de cuantiosos recursos y recuperación en tiempo récord; nos fueron cayendo, en progresión creciente, las ya referidas medidas de Trump, con especial incidencia aquellas relacionadas con el abastecimiento de petróleo, las de carácter financiero y la clausura de los servicios consulares; en 2020 hizo su debut entre nosotros la pandemia, hasta la fecha de hoy combatida de manera ejemplar con vacunas y protocolos propios. Y por si fuera poco, irrumpieron los episodios de descontento inducido —con actos vandálicos y todo—, de los cuales solo sacan provecho quienes se niegan a incorporar la hostilidad de Estados Unidos en las variables de sus análisis sobre la situación de Cuba.

Para cada uno de los desafíos que menciono, el actual gobierno ha tenido una respuesta inmediata y abarcadora en la medida en que los recursos lo permiten. El actual programa de transformación de los barrios desfavorecidos (herencia del subdesarrollo y, quizás, de la no calibración, culposa y con retraso, de su magnitud) viene dando soluciones a problemas acumulados por más de una década, como el de materializar, de manera inmediata para sus habitantes, regularizaciones de diverso tipo.

Son muchos los problemas acumulados, y solo una acometida integral, priorizada y sostenida, permitirá ponerles fin. Yo estoy dispuesto a pedirles a los dirigentes cubanos, no en una marcha de dudosa inocuidad, sino en uno de los muchos espacios de diálogo que me propician, que no dejen que se pierdan la fuerza e intensidad con que trabajan hoy ante esa complejísima problemática social, sobre todo porque cuentan con el apoyo y participación de los pobladores.

Yo marcharía siempre que fuese necesario por la reivindicación de los más necesitados, pero evidentemente mis motivaciones no son las mismas de quienes pretenden hacerlo para que todo sea como es en esa buena parte de la humanidad que aún padece estatus colonial o neocolonial. A ciencia cierta, no sabemos con qué programa estos “rebeldes” se proponen gobernar mejor, con más respeto y justicia para todos. Lo que sí han dejado claro es que no quieren marchar por amor al deporte.

Notas:
[1] Yunior García Aguilera: “Escribo como si estuviera sentado en primera fila”, Juventud Rebelde, 24 de febrero de 2012. Entrevistado porRaquel Caballero Ruiz. Disponible en: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2012-02-24/escribo-como-si-estuviera-sentado-en-primera-fila].
[2] El 27 de noviembre de 2020 (según me confirman desde el Ministerio de Cultura) Yunior García Aguilera tenía cuatro obras en cartelera.
[3] Yunior García Aguilera: “El día que deje de cuestionarme, dejaría de ser yo”, Árbol Invertido, 18 de noviembre de 2020. Entrevistado por Alejandro Langape. Disponible en: https://arbolinvertido.com/entrevistas/yunior-garcia-dramaturgo-y-actor-el-dia-que-deje-de-cuestionarme-dejaria-de-ser-yo.

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