Creado en: junio 25, 2022 a las 11:58 am.
Lilia Rosa López: la radio es uno de mis grandes amores

En este año, la Radio Cubana llega a su centenario. He ahí, la motivación fundamental para conversar acerca de esa efeméride con la maestra Lilia Rosa López López-Silverio, Premio Nacional de Radio 2007, y Artista Emérita del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), una de las voces emblemáticas de la locución cubana y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas.
La cálida voz de la también miembro ilustre de la Asociación de Cine, Radio y Televisión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), acaricia las fibras íntimas de radioyentes y telespectadores, e identifica en el éter a las emisoras Radio Habana Cuba y Radio Progreso, así como al espacio Este día de la pequeña pantalla.
Con respuestas inteligentes a las preguntas que le formulara, Lilia Rosa desarrolló temas puntuales relacionados con el aniversario 100 de la Radio Cubana, así como con la profesión que —desde todo punto de vista— le ha dado pleno sentido a la existencia terrenal de esa excepcional mujer, a quien —al decir del genio martiano— «hay que hablarle de rodillas/ y con una flor en la mano».
Desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual, ¿qué relevancia usted le concede al cumpleaños 100 de la Radio Cubana?
Imagínese, querido amigo, la radio es uno de mis grandes amores, que le ha dado pleno sentido a mi vida, y por ende, me ha facilitado escribir —con letras indelebles— mi leyenda profesional y personal; esa que debo escribir yo […] y nadie más. Explicar lo que significa para mí el centenario de un medio masivo de comunicación al que me he consagrado en cuerpo, mente y alma desde mi juventud, es aceptar un reto que no puedo llevar al lenguaje escrito, ya que la emoción que desencadena ese hecho me bloquea el intelecto. No obstante, trataré de complacerlo: constituye un verdadero privilegio para mí integrar la gran familia de la radio insular, y concretamente, de Radio Habana Cuba y de Radio Progreso, donde trabajé hasta el final de mi vida laboral activa.
Por otra parte, me permitió interactuar y establecer sólidos vínculos afectivo-espirituales con personalidades de la cultura cubana, en los campos de la locución, el periodismo, las artes escénicas, las ciencias médicas y psicológicas (disciplinas que el Dr. Jorge Luis Valdés Rodríguez y usted representan dignamente en la «Onda de la Alegría»).
¿Cómo percibe la especialidad de locución en el contexto de la comunicación social?
La comunicación social es —en esencia— un medio de importancia capital que contribuye al mejoramiento humano al aportar tendencias y avances, tanto científico-técnicos, como del universo cultural (cultura en su acepción más amplia, y no restringida, única y exclusivamente, a las disciplinas artístico-literarias), que nutren el intelecto y el espíritu humanos, sin obviar el aspecto material que implica cada logro.
La locución, que es la forma de hacer llegar los mensajes de distinta índole a través de las ondas hertzianas o la imagen audiovisual, desempeña una función relevante en lo que respecta a la difusión de todo lo importante que acontece a escalas nacional e internacional.
En cada rincón del planeta, la voz de un locutor transmite información de interés, y al mismo tiempo, presenta disímiles espacios que enriquecen la mente y el alma del radioescucha o televidente.
¿Qué función desempeña el profesor de esa especialidad en la formación que debe recibir la persona que aspira a ejercer como locutor en nuestros medios masivos de comunicación?
En la etapa socio-histórica que antecedió al triunfo revolucionario no existían cursos para formar a los profesionales de la locución. En la actualidad, funcionan el Centro de Estudios para la Radio y la Televisión y departamentos de Capacitación en las distintas emisoras radiales y canales televisivos, que tienen entre sus objetivos docente-educativos organizar cursos para aspirantes a locutores, así como posgrados y diplomados de la especialidad.
Al frente de esas aulas se encuentran los profesores que imparten las clases correspondientes a las asignaturas incluidas en el currículo de estudios. Esos profesionales de la palabra hablada o del buen decir cumplen —a carta cabal— la tarea de contribuir al mejor desarrollo y la más completa preparación que deben recibir las nuevas generaciones de locutores; privilegio del que gozan los jóvenes que hoy aspiran a ejercer nuestra profesión, percibida como fuente nutricia de valores éticos, patrióticos, humanos y espirituales.
¿Qué es para usted la excelencia profesional en el campo de la locución?
Para nadie es un secreto, que un locutor debe poseer una sólida preparación cultural, académico-profesional y político-ideológica, ya que —como premisa ética— está en la obligación de respetar a su público. A él debe responder siempre con el máximo de seguridad en sí mismo y hacer gala de los conocimientos que cada momento requiere. Si a ello se añade un perfecto dominio de las distintas facetas de la locución, entonces podemos afirmar que estamos en presencia de alguien poseedor de excelencia profesional.
¿Cómo describiría el estado actual y las perspectivas de la locución en nuestro país?
Con apoyo en los loables esfuerzos del ICRT, organismo rector de las transmisiones radiales y televisivas, así como en la dedicación y preparación técnico-profesional de los profesores que imparten los cursos de locución, nuestra especialidad tiene en las nuevas generaciones una excelente representación, lo que garantizará un futuro prometedor y digno para nuestra profesión, que ha de ser paradigma de la comunicación social.
¿Algo que desee agregar para que no se le quede nada en el tintero?
Claro que sí. Algo muy importante, que —en modo alguno— se debe soslayar, es la atención y el respeto que merece el público: los oyentes y televidentes constituyen la razón de ser de nuestra labor diaria. Por otra parte, es necesario elevar —cada vez más— el nivel intelectual, cultural y político-ideológico del locutor.
No hay que creer que lo dominamos todo, porque cada día nos sorprende «algo» que no conocíamos. Como todas las profesiones, la locución requiere disciplina y dedicación, sin olvidar el amor que debemos poner en todo lo que hacemos. Si el corazón no interviene […], el final no puede ser feliz, o como diría el poeta y cantautor Silvio Rodríguez: «sólo el amor engendra la maravilla».