Creado en: septiembre 28, 2021 a las 09:17 am.

Lorenzo Linares: Un artista cubano de la plástica a la altura del tiempo

Lorenzo Linares /Foto del autor

La obra del artista de la plástica Lorenzo Linares destaca por la calidad y depurada técnica. Pinta, además, con mucha sinceridad y en cada una de sus obras existe un mensaje, «un contenido y una forma determinada».

Proyecta varios cuadros y piensa que tiene que «apurarse para estar a la altura del tiempo».

Es un gran admirador de la obra de artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y lo expresa en sus lienzos. En su hogar en la calle pintor, en la ciudad de Camagüey, conserva una Serigrafía obsequiada el 3 de diciembre de 2009 por el hijo del prestigioso creador y así certifica la autenticidad de la obra.

Obra dedicada al pintor Oswaldo Guayasamín/Foto del autor

«Por medio de la presente certifico que la Serigrafía mediana en cepia titulada CABEZA y MANO con código, JWFI 223 de 35 x 50 cm., es una obra gráfica numerada 25/175 con firma impresa del Maestro Oswaldo Guayasamín».

Firma Pablo Guayasamin

Presidente Ejecutivo

Lorenzo Linares es uno de los cientos de cubanos formados en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), donde alcanzó valiosos conocimientos académicos que lo han marcado positivamente como profesional y ser humano.

Linares, integrantes de la sección camagüeyana de Artes Plástica de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), esta considerado entre los más prestigiosos paisajistas de Cuba. Nacido el 13 de agosto de 1952, reflexionó que realmente aprendió «grandemente lo que no imaginaba que podía conocer».

Quien ha sido denominado el artista que pinta con el alma, cursó en 1984 con la máxima calificación, una maestría de seis años en la Facultad de Pintura, del Instituto Estatal de Arte de Kiev, la capital de Ucrania, de donde regresó a Cuba lleno de fuerzas, de esperanzas.

Recordó que se crió prácticamente en el campo, en la comunidad de La Vallita y que estuvo rodeado de gallos, de paisajes campestres y de la naturaleza, universo que está presente en gran parte de su obra pictórica.

Relató que cuando trabajaba en la preparación de su tesis de grado en la URSS, su profesor lo vio un poco perdido entre tantos proyectos, aunque con muchas posibilidades.

«El profesor me abrió el camino al recalcarme que cuando se desea emprender una obra grande, una obra de tesis de grado hay que pensar en el pasado… cuál fue mi pasado, cuáles fueron las circunstancias que me rodearon y en la que me formé», acentuó Linares.

Su padre era conductor de ganado en la época en la que montado a caballo se trasladaban los animales cientos de kilómetros de un lugar a otro y que entonces pensó en su finquita en La Vallita, donde se reunían cada cuatro meses decenas de peones con sus vacunos y sus caballos.

Desde niño mostró en medio del monte sus inquietudes por las artes plásticas y pintaba el mundo que lo rodeaba; dibujaba sobre el piso de su casa, en libretas o en papel de cartucho (envolver mercancías), caballos, ganado vacuno y la campiña…

«Comencé a ver en el gallo valores y aparecen reflejados en mis obras paisajísticas con una carga detrás de cada imagen. Ahí hay un mensaje de que el gallo lo entrena el hombre para lucrar con él a través de las peleas» (…) Pero en el gallo que pinto veo otros elementos: no dejarse arrebatar lo suyo bajo ningún concepto; no dejarse quitar su terreno. Los gallos que yo pinto tienen una connotación incluso ideológica, humana de gran magnitud. Están presentes, y muy concatenados, el color de sus plumas, el movimiento…»

Lorenzo Linares es de los grandes que se muestra con mucha sencillez y humildad. En cada proyecto trata de «encontrar un orden y una coherencia a lo que se crea» y conceptúo que «el arte debe ser honesto, auténtico, propio y salir de las entrañas del alma».

 «Todo lo que se haga a favor de la humanidad y por la bella profesión pienso que es válido», urgió.

En Cuba y en disimiles galerías y hogares del mundo se exhiben como reliquias las obras de Linares, quien se siente orgulloso de las influencias que lo han marcado a través de los años, sin que nadie lo pueda tildar de un pintor ucraniano, ni ruso… porque ha tenido un estilo propio con las enseñanzas de los grandes maestros.

Esas influencias positivas son innegables, de calidad y de nivel científico como consecuencia de un estudio de lo que es la forma y la figura, incluso los materiales con que se trabaja una obra artística.

«Además de la Escuela Rusa ahí me enseñaron a profundizar sobre la obra de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Francisco Goya. Tuve la posibilidad de visitar los museos, ver los originales de los grandes pintores de la humanidad», resaltó.

«Cuando voy a reflejar imágenes atrevidas del color, del movimiento y del contenido dinámico pienso en Goya, quien influyó mucho en mi carrera como pintor».

Boceto de su serie «Rodeo cubano»/ Foto: Autor

Tuvo que estudiar la obra completa del pintor español antes de emprender la tesis de grado Rodeo cubano, que salió de 47 bocetos o estudios para resumir en un cuadro la monta del toro, el derribo, el enlace de ternero, el jinete, la multitud…

«Los toros de Cuba no son iguales a los de otro país, los caballos de esta isla no se parecen a los de allá» comparó y dijo que requirió de la búsqueda de una forma en un clima donde predominaban los colores grises para tratar de dar el sol del mediodía de la isla caribeña.

El lienzo Rodeo cubano es el enfrentamiento de la fuerza bruta con el hombre y ese elemento se logró en ese cuadro de Tesis de grado, para lo cual tuvo que estudiar profundamente la anatomía del caballo cubano-árabe.

Olga Govdia, entonces jefe de la Dirección de Exposiciones Artísticas de Ucrania defendió que el lienzo del artista utiliza de forma abreviada el color saturado, sus libres combinaciones de azul, amarillo y rojo.

Abundó que en él se pueden ver, o más bien «oír» los ecos de la pintura de Francisco Goya. Pero esto es un mérito más de la obra de diploma, que habla del conocimiento del gran pintor y del poder no entregarse a la influencia de su obra, sino seguir siendo él mismo.

Dijo sentir satisfacción de emprender una obra que ayuda a vivir o ayuda a vivir a los demás. Es algo que siempre le marca y le llena de orgullo.

Precisó que tiene grandes patrones cuando quiere emprender esencias determinadas de algún movimiento y que no va directamente al Impresionismo ni a los Maestros que desarrollaron esa corriente, «porque la forma de trabajar tiene que ver con la preferencia de cada quien”.

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