Creado en: junio 5, 2022 a las 12:52 pm.
Los primeros travestis en el teatro cubano

En el teatro de hoy, se asimila como una novedad por la mayoría del público que actrices representen personajes masculinos y actores a femeninos.
El travestismo ha sido una condición natural de la actividad escénica desde sus más remotos orígenes, tanto en el Oriente –el No y el Kabuki, en Japón; los dramas Yuan en China, el drama sánscrito en la India-, como en Occidente, -Grecia y Roma-. Como casi en absoluto el ejercicio interpretativo estuvo reservado al género masculino, los personajes femeninos eran interpretados por varones. De igual manera se comportó esta práctica en el medioevo. Solo el Renacimiento propició en contados países de Europa la incorporación de mujeres a la escena. Y así podemos encontrar actrices notables de habla alemana, francesa, española, italiana e inglesa, quienes a partir del siglo XVI, en determinadas puestas en escena incorporan personajes de hombres.
En el Siglo de Oro la trama de muchas comedias, sobre todo las de enredos, obligaba a personajes femeninos a disfrazarse de varón y viceversa. Pero en centurias posteriores el travestismo no siempre se debió a una intención cómica o bufonesca. Ya en el s. XVIII comienzan a aparecer en la escena española mujeres que luchan por la reivindicación de sus derechos, lo que se puede constatar tanto en personajes como en actitudes asumidas por las propias actrices ante la onerosa discriminación de género; estas, en algunos casos, interpretaron papeles originalmente reservados a los hombres.
Un ejemplo lo da una representación de la comedia El más justo rey de Grecia, escrita hacia 1730 por Eugenio Gerardo Lobo “para hombres solos”, que finalizaba con estos versos:
Tendrá aquí dichoso fin,
siquiera por caso nuevo
de aver visto ya Comedia
sin mujeres, el suceso
del más justo rey de Grecia,
Aristómenes el Griego.
En 1757, ya fallecido el autor, un grupo de actrices asumió todos los personajes en una reposición de la obra. Es notorio que en esa misma cartelera del madrileño Teatro del Príncipe el genial Ramón de la Cruz estrenó el sainete La mujeres solas, temprana diatriba contra el machismo en el matrimonio, en el que el personaje central exclama:
Pues amigas, la experiencia
Me ha enseñado el que podemos
Intentar cualquiera cosa,
Salir de cualquier empeño
Estando nosotras solas
Sin que nos ayuden ellos.
Testigo el caso presente,
Pues en él patente vemos
Sabemos hacer de hombres
El papel mejor que ellos.
Aquellos versos finales de la comedia fueron entonces modificados para las audaces actrices:
Tendrá aquí dichoso fin,
siquiera por caso nuevo
de averse visto Comedia
que mujeres no teniendo,
dexando fuera a los hombres,
mujeres solas la hicieron
por no poder, en serviros,
estar ocioso su afecto.
En 1791 una reposición de El señorito mimado, comedia emblemática del neoclacisismo debida a la pluma de Tomás de Iriarte, fue interpretada solo por mujeres en el Teatro del Príncipe.
En Cuba, la primera noticia que tengo sobre travestismo en el teatro ocurrió en el Principal habanero el 6 de enero de 1807, cuando en la tonadilla general Los locos de Sevilla, nuestro “Panchito” Covarrubias “ejecutará el papel de una loca”.
El 10 de enero de 1811, la actriz y directora Manuela Carrillo escoge para su beneficio Armida y Reynaldo, melodrama intermediado de música de Vicente Rodríguez de Arellano e interpreta el galán.
El teatro musical también fue propicio para el disfraz del género opuesto. En 1812 hay dos muestras, ambas en el Principal: el anuncio de una reposición de la ópera bufa de Nicolas Méhul, Una travesura, nos avisa: “en la que hará el papel de Carlín la Sra. Sabatini…”. Por su parte, la diva Mariana Galino para su beneficio en el mes de diciembre, estrena la ópera bufa La dama soldado o El amor disfrazado, música de Ferdinando Orlandi, en versión española de Luciano Francisco Comella, sobre original de Caterino Mazzolà –La donna soltato. La soprano invitaba al público de esta manera:
Ilustre, amable, generosa Habana, digna de todo, todo mi respeto, y del amor conque a agradarte aspiro, por tu bondad y tu agradecimiento.
Yo que logré la honra de servirte, y la dicha de agradarte, el caro premio de la alta protección que me dispensas, y del cariño conque me envanezco: solícita, obsequiosa, agradecida, una función en el teatro ofrezco, donde yo bajo el hábito de Marte, ocultaré mi tierno amor y sexo […].
Después, la Galino salió a escena muchas veces en traje masculino. No faltaron las críticas. En 1813, el Diario Cívico formuló, en ocasión de la representación de la opereta La esclava persiana, de Dalayrac y Marsollier: “…Se desea saber por qué, vestida a la persiana, y representando su sexo natural, se presentó en la escena con calzones la Sra. Galino ¿Si será por afición o devoción al género masculino? ¿Por qué será…?”.
Ese mismo año ocurre un hecho sin precedentes en la escena criolla cuando para el beneficio de Antonia Rodríguez se estrena la versión operática de Giovanni Paisiello sobre El barbero de Sevilla. Se anuncia: “… Para la mayor ejecución de la pieza se ha encargado la señora Gamborino del interesante papel del barbero, la señora Canal y la beneficiada el de los dos pajes ridículos, y el señor Palomera el del bufo principal…”.
Que Isabel Gamborino asumiera el papel de Fígaro, y María Teresa Canal y Antonia Rodríguez los de pajes, es una novedad para Cuba, aunque El barbero… había sido cantada por un elenco de mujeres en el Teatro del Príncipe en 1787.
En 1814 vuelve a aparecer Covarrubias travestido, primero en un programa a beneficio de María Teresa Canal en el que abunda este recurso: “…Margarita Olivares, con atuendo varonil, baila el Zorongo con la beneficiada y el señor Covarrubias ejecutará, solo, una comedia con sainete y tonadilla, vestido de maja”; este unipersonal, luego conocido como La brevedad sin sustancia, fue muchas veces representado por Covarrubias. Unos meses después, el primero de nuestros graciosos protagoniza, disfrazado de mujer, la comedia La casualidad contra el cuidado o La disputa sobre los bigotes del moro, refundición de Félix Enciso Castrillón sobre El celoso extremeño del dramaturgo calderoniano Antonio Coello.
Y ese año, de nuevo Una travesura propicia el disfraz de género cuando la Galino interpreta al protagonista Floribal, edecán y capitán de húsares y Carlín, su criado, es asumido por Teresa Canal.
El espacio no me permitir entrar en más detalles, pero hasta el fin del primer cuarto del s. XIX encontré una decena de representaciones con personajes travestidos, en comedias, sainetes y tonadillas, donde aparecen en esos roles Galino, Canal, Manuela García Gamborino, María Sabatini, Covarrubias y el gallego Santiago Candamo.