Creado en: septiembre 6, 2021 a las 08:09 am.

Marta Valdés: el arte de escuchar ( + Video)

FOTO MARTA VALDÉS

Marta Valdés se levanta temprano y cuela café. Almacena agua, porque en su edificio habanero de Playa, ese es un bien escaso. Lee un capítulo del Tao y lo aplica en el diario. Su lectura de hoy dice «El que trae consigo la verdad, viaja sin dejar rastro, habla sin lastimar y da sin esperar nada a cambio». A sus 86 años es una lectora voraz, que se impone estudiar. Le molesta que la llamen cuando cocina y necesita el silencio para crear.

Esa gran mujer llegó a la vida musical cubana hace 65 años de la mano de «Palabras», su primera canción. Al principio era una muchacha tímida y con los años se ha dado cuenta de que no componía para sí misma, sino para los demás.

La ambición de todo creador es que su obra le gane al tiempo y el sueño de Marta siempre fue que, al menos, una de sus canciones quedara en la historia de la música.  Aquella joven no imaginaba que sus primeros pasos como compositora, basados en el instinto, se convertirían en su pase a la inmortalidad.

Ese día ensayaba lejos de casa y al regresar, la musa la visitó en medio del tedio del transporte público. Sentada en la  guagua comenzó a tararear «Palabras, quisiste con palabras engañarme…» La euforia de la creación le invadió por primera vez y supo que no se detendría hasta parirla.

Pasó la noche entre melodías y letras, fijando todo para no olvidar, porque no sabía anotar música. Por suerte, recordó un método de su maestra de guitarra, en el que usaba fracciones matemáticas, donde el numerador era la nota y el denominador era el traste o la cuerda. Cuando terminó, se dijo a sí misma «Dios mío, hice una canción» y desde entonces, no ha parado de crear.

Con la ruptura que supuso la década de los sesenta en la música cubana, llegó una segunda promoción de cultores del feeling, en la que emerge la voz de Marta Valdés como referente, junto a cantoras como Teresita Fernández. Era una joven en constante aprendizaje, que habitó una época y un país donde se revolucionaba en el ámbito social y creativo. En 1963 participó en el Forum del Feeling, espacio en el que el escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier dictó una conferencia trascendental sobre esta forma de abordar la canción.

Desde su entrada en el mundo de la música, su mayor temor fue repetirse. Cada diciembre desechaba las canciones que se le parecían a otras obras. En aquellos tiempos de explosión creativa las canciones debían decir algo inédito, que nadie se atrevería a repetir.

«Después de los años 60 la gente empezó a querer parecerse», confiesa que entonces los cantautores querían entrar en la onda del artista del momento y ella siempre se resistió, porque no valía la pena redundar. Aún tiene la costumbre de volver sobre su creación, buscando la novedad.

«Yo pienso mucho cada nota, por eso soy tan exigente con quienes cantan mis canciones. Muchos de los temas que deseché, no habían cuajado. No tenían un buen final, por ejemplo».

El camino de la belleza

En 1964 Valdés comienza a trabajar en el Grupo Teatro Estudio, como asesora musical, allí adquirió la conciencia dramática que aplicó en sus letras.

 «Algunas de mis canciones son conflictos, peleas y siento que si al interpretarlas les ponen mucha voz, no dan la talla. La actitud del que interpreta el Feeling  parte de la concentración y de que no se cante lo mismo dos veces, pero siempre hay una melodía».

La particular forma en que Marta Valdés maneja las tonalidades en sus composiciones, sello que la distingue del resto de los creadores de su época, es el resultado de su forma de escuchar. «Lo más importante de la música es escuchar, no querer cantar enseguida. El placer más grande que da la música es ese. Si eres intérprete, tienes que tener un canto, no basta con la voz. No hago nada con una voz que está para lucirse. Hay cosas que suceden en el momento de componer, señales que indican por dónde conducir la canción. Yo me voy por el camino donde encuentro más belleza».

Cuando Marta compone, el texto y la música llegan juntos. La primera frase llega a su cabeza y «a partir de ese momento hay algo que te arrastra y es un misterio».

Donde vive la música

Marta Valdés ha explorado su faceta de crítica musical y escritora. En el periódico habanero «Revolución» mantuvo  la columna “Discos/Show/Éxitos”, donde firmaba como M. Elevé. Además, comenzó a escribir en 1979 para la revista «Cuba Internacional», en un espacio regular llamado «Nota musical».

Colaboró con «La Gaceta de Cuba» y muchos de estos textos están compilados en su libro «Donde vive la música». Ha escrito también para Cubadebate, etapa que aparece recogida en el libro «Palabras», un volumen que bajo el sello Unión, recoge 59 trabajos publicados entre los años 2009 y 2012, en su columna dominical.

El arte de escuchar

En un día cualquiera, esta leyenda de la música cubana se sienta frente al televisor buscando nuevas voces, porque uno de sus mayores placeres es ser sorprendida por el talento de otros. En varias ocasiones ha contactado a esos cantautores casi anónimos, para decirles que tocaron su sensibilidad, porque insiste en que ese es el fin último del que compone, más allá de hacer discos. Marta aboga porque se creen más espacios televisivos para mostrar el talento de los creadores. Para ella es sagrado el momento en que un intérprete toca el alma de cualquier ser.

Nadie imaginaría escuchar a una cultora del feeling nacida en la primera mitad del siglo pasado decir:

«Hay muchas cosas que me seducen del rap desde el punto de vista de la letra. El otro día vi en televisión a un joven rapero que luego no pude encontrar en redes sociales y qué poesía tan maravillosa había en su obra. Si le dicen que lo estoy buscando se va a reír de mí».

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.