Creado en: julio 10, 2024 a las 12:15 pm.

Nicolás Guillén, poesía de alto vuelo culto y popular

Tomada de Tribuna de La Habana

En Camagüey, ciudad de singular personalidad, que desconcierta a los foráneos por el entramado sinuoso de sus calles, nació el 10 de julio de 1902 Nicolás Guillén Batista. A los 15 años perdió a su padre, asesinado durante la revuelta política entre liberales y conservadores conocida popularmente con el pintoresco nombre de La Chambelona. Por él se adentraría en los secretos del periodismo, desde el oficio de tipógrafo y corrector de pruebas, hasta el de redactor de la sección “Pisto manchego” en el periódico “El Camagüeyano”. Por esos caminos encontró el joven Nicolás los primeros cauces a su creación intelectual. Optó por estudiar en la Universidad de La Habana, pero desistió por falta de motivación.

Radicado ya en la capital cubana, en 1930 lo deslumbró enormemente el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, invitado a ofrecer una serie de conferencias por la Sociedad Hispanocubana de Cultura, presidida por el gran intelectual Fernando Ortiz. Aquel mismo año conoció también al poeta negro estadounidense Langston Hughes, y forjaron desde entonces una entrañable amistad. 

Sin dudas, fue crucial 1930 para el bardo camagüeyano, pues la publicación en la sección “Ideales de una raza” del ultraconservador “Diario de la Marina” de su poemario “Motivos de son” lo ubicó en la vanguardia literaria de Cuba. Aquellos 8 poemas -“Negro bembón”, “Mulata”, “Si tú supiera…” y “Tú no sabe inglé”, entre los más recordados- sorprendieron por sus hallazgos expresivos, su léxico, su espíritu, su musicalidad. Con esos recursos, Guillén llamaba la atención sobre la honda raíz africana en la sociedad cubana, por entonces subestimada, e incluso aludía a obvias influencias estadounidenses en la cultura nacional.

Con “Motivos de son” comenzó el crecimiento poético de Nicolás Guillén, con obras marcadas por su interés en el reconocimiento del mestizaje, del “color cubano” -como él lo definió- en la identidad de nuestro pueblo, sin eludir por supuesto, la referencia a los problemas sociales subsistentes en aquella época. Después llegaría su libro: “Sóngoro cosongo: poemas mulatos”, con un lirismo más universal pero preservando el ritmo de sus anteriores versos. El sincretismo cultural, el sentido de lo popular, afloraban una vez más, como confirmación de su madurez poética. En “West Indies ltd”, de 1934, ya se advertía un sentimiento más antimperialista en el poeta, al tiempo que insistía en la necesidad de la unidad, a partir de la diversidad, para afrontar los conflictos humanos y sociales.

Fue en aquella década cuando Nicolás Guillén se vinculó a intelectuales de izquierda como Juan Marinello, quien escribió el prólogo del poemario “Cantos para soldados y sones para turistas”, con un doble mensaje válido para las naciones empobrecidas de Latinoamérica y el Caribe.

Tomada del periódico Trabajadores

En plena guerra civil española el poeta -junto a otros intelectuales cubanos- participó en el segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, realizado en Barcelona, Madrid y Valencia. Fue un viaje definitorio, como creador progresista, comprometido con las causas por la justicia social y la paz. Decidió entonces su militancia comunista, principios que defendió hasta el final de su vida.

“El son entero”, publicado en 1947, devino otro volumen antológico, como síntesis de las esencias de su obra anterior, pero enriquecida con nuevos aportes estéticos. Son poemas plenos, auténticos, al reflejar la integración de lo negro, lo blanco, lo mulato en el proceso de simbiosis cultural de la sociedad cubana.

Imposible dejar de mencionar el que se considera uno de los mejores poemas de habla hispana: la magistral “Elegía a Jesús Menéndez”. Tanto conmovió al poeta el asesinato del líder azucarero en 1948, que demoró hasta 1951 para culminar esa pieza lírica. Literatura excelsa, dolor, emoción, denuncia, se complementan en ese impactante texto dedicado al insobornable “General de las Cañas”. Esa elegía apareció en el poemario LA PALOMA DE VUELO POPULAR, publicado en Buenos Aires. Estaba Nicolás en la capital argentina cuando lo sorprendió el triunfo de la Revolución, liderada por Fidel Castro, y de inmediato regresó a la Patria, de donde había salido obligado la represión y la persecución de la dictadura batistiana a los militantes comunistas.

Tomada de Granma

El poeta -avalado por importantes lauros internacionales- retornaba a un país en ebullición transformadora. Apenas dos años después del triunfo revolucionario, ya el proceso enfrentaba una brutal campaña desestabilizadora, con una política hostil del gobierno de Estados Unidos que alentaba y financiaba a la reacción interna, con sabotajes, bandas terroristas, golpes a la economía y hasta una invasión mercenaria. Cuba vivía momentos tremendos. Estaba en pie de guerra. Pero apenas dos meses después de la victoria en Girón, Fidel sostuvo un crucial diálogo con escritores y artistas. En su discurso de clausura -que pasó a conocerse como “Palabras a los intelectuales”- los convocó sumarse a la vorágine de la Revolución para extender la cultura al pueblo, a ser actores, no espectadores. Fue un intercambio necesario para disipar recelos, esclarecer caminos, trazar estrategias, defender la libertad de creación frente a los dogmas. Allí Fidel habló de escuelas de arte, de instituciones culturales en ciernes y de la fundación de la que poco después sería la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Tomada de Radio Rebelde

El 22 de agosto de 1961 nació la UNEAC. Como presidente fue electo Nicolás Guillén, uno de los indiscutibles puntales de la cultura cubana, y quien desempeñó ese cargo hasta su fallecimiento el 16 de julio de 1989. Tal fue su autoridad, su visión de trabajo, su capacidad para unir a la vanguardia artística y literaria, y para enfrentar coyunturas e incomprensiones en tiempos muy complejos.

Guillén impregnó su sello a la organización, consciente de su función social como sustento del crecimiento espiritual de la nación. Ganó el reconocimiento como Poeta Nacional de Cuba. Y Fidel colocó en su pecho la Orden José Martí, la máxima distinción que confiere el Estado. Sumó el Premio Nacional de Literatura y la Orden Félix Varela, entre muchos otros galardones. 

Como presidente fundador de la UNEAC tuvo una activa participación en la vida cultural del país, sin abandonar su propia creación intelectual. Fueron años en los que se publicaron volúmenes como “Prosa de prisa”, una recopilación de sus textos periodísticos, crónicas y comentarios; “Poemas de amor”, “Tengo”, “El gran zoo”, “Cuatro canciones para el Che”, “La rueda dentada”, “Diario que a diario”.

Nicolás Guillén supo aunar como pocos lo culto y lo popular, para trasmitir las esencias de lo cubano, con una visión auténtica, consecuente con un pensamiento político progresista y de compromiso social. Su obra es de imprescindible estudio para entender las alegrías y sinsabores del pueblo, de ese pueblo que al corazón del amigo abre la muralla, y al veneno y al puñal cierra la muralla.

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