Creado en: noviembre 19, 2021 a las 09:53 am.

Notas falsas en Las Vegas

Tomado de Granma

Foto: Obra de Julio Alessandroni.

Se veían venir las notas falsas ayer en la jornada de la 22da. entrega de los Grammy Latinos. No podía ser de otra manera cuando desde un inicio, el momento de las nominaciones, hubo una desafinación absoluta al incluir entre los finalistas en dos categorías un panfleto producido y diseñado en función de la tentativa de golpe blando que el anterior y el actual gobierno de Estados Unidos, sus agencias federales e instituciones afines, la ultraderecha enquistada en la Florida y sus acólitos  internos urdieron para subvertir el sistema político y social adoptado por la inmensa mayoría de los cubanos.

Mientras los premiados, a medida que recibían los gramófonos dorados, agradecían a familiares y colaboradores, ponderaban la respuesta pública ante sus realizaciones, y valoraban la importancia de las músicas latinas en el imaginario popular y el mercado discográfico global, los peones que pusieron cuerpo y voz al tema y uno de sus patrocinadores trataron de llamar la atención sobre una delirante ficción que quieren hacer creer: la de una Cuba en bancarrota, ingobernable, dictatorial, urgida de una agresión supuestamente salvadora.

Obvio que detrás y delante de todo afloran intereses reconocidos desembozadamente por medios de prensa no afiliados a causas progresistas. Un influyente diario catalán es explícito al decir que «más allá de los motivos musicales, los Grammy Latinos ha querido nominarla a dos premios». Una radioemisora californiana, en su portal comentó la pasada semana: «si la tribu urbana cubana no fuera portadora de un mensaje contra el gobierno de aquel país, difícilmente hubiera calificado para hacer frente a las producciones de otros representantes del género». Un periodista mexicano, en un periódico de amplia circulación, apuntó días antes: «Sea premiada o no, se espera que la respuesta (en los círculos que la promueven) sea abrumadora, pero que los efectos reales en la situación política en Cuba sea incierta».

El show comenzó en horas de la tarde, con la ridícula puesta en escena protagonizada por uno de los intérpretes del engendro, reguetonero de poca monta, traído a última hora de Cuba y que en uno de sus primeros actos se enterneció con Luis Almagro, el impresentable secretario general de la oea, y la actriz española esposada con el miembro más activo del equipo, el mismo que busca que la administración Biden ponga en marcha su maquinaria bélica, la Unión Europea se sume al bloqueo y fluya más plata para el derrocamiento del legítimo gobierno cubano.

Por cierto, la muchacha, en un arranque folletinesco, lacrimoso, llegó a comparar a Dulce María Loynaz con Gloria Estefan. ¿Sabrá ella de qué va la poesía de la Loynaz? Luego llegó el marido de Gloria, el poderoso Don Emilio, a recoger el premio de aquella y, sin venir al caso, dedicó el lauro a una «Cuba libre» –como si no fuera libre- y a lo que «está pasando allá». Enigmática expresión esta, pues lo que pasa acá seguramente no es lo que él imagina.

Ya en la noche, el desenfreno. Pobre demostración aplaudida más en Miami que en Las Vegas, más en los círculos de los cabecillas anticubanos que entre los asistentes al acto en la mgm Green Grand Arena, que se quedaron con las ganas de que ese fuera el himno de la revuelta que nunca fue.

Por suerte hubo otra Cuba en las premiaciones. La del cha cha chá de la Aragón en las versiones renovadas de Alaín Pérez e Issac Delgado –mérito mayor cuando se sabe el trabajo que pasa un sello discográfico cubano, como Egrem, para insertarse en ese ámbito; menos mal que tuvo la colaboración de El Cerrito, proyecto de  muy fieles amigos de California-; el triunfo del jazzista Iván “Melon” Lewis, la agradable noticia de que el ingeniero santiaguero Máximo Espinosa estuvo en el colectivo de la grabación premiada de Pucho C. Tangana, El madrileño, y la contribución de otro santiaguero, el maestro Manuel Barrueco a realzar la Mejor Composición Clásica, Sonata para guitarra, del puertorriqueño Roberto Sierra.

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