Creado en: noviembre 21, 2022 a las 09:47 am.

Teatro Andante pone en escena «Esto no tiene nombre»

En cartelera «Esto no tiene nombre» de Teatro Andante, obra de escritura colectiva, resultado de dos años de vivencias inenarrables para muchos, se pone este fin de semana en la casa Verde de la esperanza, sede de la agrupación en Bayamo, capital de la provincia Granma.

Fiel a la filosofía grupal de Andante: desafiar formalismos, romper esquemas, la obra, estrenada hace un año en el XI Festival de Teatro Callejero de Matanzas regresa a escena como necesidad de brindar a sus seguidores una puesta de teatro contemporáneo, experiencia que atrae y atrapa por la temática, sea cual fuere, si en ella nos vemos reflejados los transeúntes de la avenida de la existencia más apegada a los vaivenes del destino.

Al decir de su director Juan González Fiffe, el teatro no desiste, no quiere quedarse rezagado en estos momentos tan importantes para Cuba y desde el teatro se permite la síntesis, el contar eso difícil que sientes desde la piel hasta las vísceras.

Como novedad, se estrena Yudexi de la Torre, la Nidia de la telenovela «Los hijos de Pandora». Orgullo para los granmenses.

No hay un personaje principal en la obra, es un diálogo polifónico con el espectador, diseñada para teatro de calle, la columna vertebral de Andante en cuanto a técnica y estética, aunque se mueven en un amplio rango, nada del arte como de lo humano, les es ajeno.

En cuanto a dramaturgia, temáticas y otros ganchos, bien merece ser vista por mayor número de personas, porque exploran la realidad como consecuencia de la sacudida que al mundo da un virus, capaz de dar vuelcos a todos en mayor y menor medida.

Música en vivo, con guitarra y acordeón, los actores cantan y bailan, y se dejan escuchar temas cubanos y universales como ambiente sonoro, cuando el momento dramático lo amerita.

Estructurada en tres cuadros llamados Despedida, Blucle y Primavera, es puro teatro de calle, para disfrutar y pensar, llorar y reír que Andante pone en su sede aún sin terminar, pero van dándole valor de uso al patio y otros espacios ya edificados.

El primer acto:  Despedida, es catártico, va del dolor por las pérdidas a la reflexión acerca de la existencia. Los actores Dailin Anaya, Luis Carlos y Manuel Alejandro Pérez Cedeño, Mileidys Jiménez, Marilys Aguilar, Adis Nuvia Martí comparten sus vivencias al perder de manera súbita a padres, abuelos, colegas, vecinos, amigos. El teatro no deja que olvidemos lo pasado reciente.

Bucles: el segundo acto, activa el diálogo polifónico de actores con público y mucho movimiento, pasan de ese dolor profundo, el llanto y la tristeza manifiesta a un estado consciente de superviviente. Las transiciones colectivas sorprenden por la ductilidad con que desaparecen las lágrimas y les domina el instinto de supervivencia.

En bucles cada quién defiende personajes: un estudiante universitario que vende pizzas para mantener a su familia, una enfermera cercana a la jubilación con sus dolores, un profesor de filosofía que en las tardes vende lo que le cae en mano para sobrevivir ante lo áspera que está la vida y sin aceptar una recarga del exterior trazando el camino como Céspedes, apostando por la virtud.

También una empresaria que ascendió con talento y hoy se debate en sostener a toda costa un discurso de resistencia mientras vive a otro nivel, doble moral. Una actriz debatida entre la concentración que requiere la autopreparación para el ansiado personaje y la subsistencia diaria detrás de la alimentación y lo que implica luchar en colas, con la escasez y los altos precios. Otra artista, una bailarina se debate en el existencial conflicto entre dar prioridad a bailar o hacer las tareas cotidianas cómo la escogida del arroz.

Otra actriz encarna a Carmen, una cartomántica que imprime humor de doble sentido a la trama, e interactúa con el público, distendiendo la seriedad de los problemas abordados.

Sátira, drama, comedia musical, difícil de encasillar en un género a «Esto no tiene nombre», porque reserva, pinceladas de todo género, o casi todos.

El cierre tipo monólogo de cada actor va cerrando heridas, deudas emocionales, perdonando, decretando el amor como regla, y a la Libertad como algo vivo. Termina la obra con un coro cantado y a instrumentos que certifican: «lo imposible se puede lograr que la tristeza se irá y se puede lograr lo soñado».

Dos días en cartelera no será suficiente, la preparación que asumen para más de una hora de espectáculo donde predominan los textos y las secuencias de acciones que les sirven de compañía, bien merecen ¡Fuego! como diría alguien en el argot popular para anunciar algo que debe repetirse con frecuencia.

Para sellar las noches de «Esto no tiene nombre», varios actores inician el proyecto de Emprendedores en la gastronomía cultural: «Perro Huevero», espacio para la tertulia y el compartir entre y con artistas, amigos y público, un complemento para la sede, necesario, como el teatro mismo.

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