Creado en: julio 17, 2021 a las 08:07 am.

Yaki Ortiz: El privilegio de comunicar la cultura

Su nombre completo es Yakilennis Ortiz Rodríguez, pero prefiere que le digan Yaki. Se le ve inquieta, inmersa en el afán de lograr esa empatía necesaria para la labor que ejerce como comunicadora de la Filial Provincial de la Unión de Escritores y Artistas en Artemisa. Su oficio de profesional del periodismo tiene sin dudas un valor inestimable en ese empeño. Una llamada al telecentro provincial Artemisa Visión, una consulta al semanario el artemiseño, la concertación de una entrevista en la emisora Radio Artemisa y el acopio e tiempo para atender el reclamo de un asociado o la pregunta de un directivo.

Así la encuentro, luego de varios intentos fallidos de concertar una cita. Yaki sonríe. Se siente en confianza. Se trata de una colega de hace algunos años y también de una amiga. ¿Pudiera ser mañana?, pregunta. Esta vez no te me escapas.

Estamos en plena campaña por los sesenta años y no me alcanza el tiempo, me dice. La grabadora encendida la convence de que no voy a desistir de mi empeño. Sé que su trabajo es imprescindible para la vanguardia artística del territorio. Yaki no se podrá escapar esta vez.

¿Cuál es el trabajo que hace una comunicadora provincial de la UNEAC?

―Nuestro trabajo es comunicar, tanto hacia lo interno como hacia lo externo, las actividades de la organización. Hacer que la UNEAC esté presente en los medios provinciales. Visualizar los contenidos, la labor que realizan los escritores, artistas e intelectuales de vanguardia en el territorio.

― De alguna forma tienes la responsabilidad de visibilizar el trabajo de los artistas. ¿Qué valor le concedes a esa tarea?

―Es muy importante. A veces la población desconoce lo que hacen parte de los miembros de la organización. Entre los afiliados hay grandes figuras de la cultura cubana y también otros artistas que nos son tan conocidos o reconocidos. Vale la pena que el público conozca a esos artistas, que sepan qué están haciendo, a qué se dedican. De alguna forma uno va revelando a esas personas, su impronta, su estética, su discurso.

Es una responsabilidad grande, un gran desafío. Estamos en tiempos difíciles. Hoy se han reformulado muchas formas de hacer. Las plataformas digitales se han convertido en un escenario imprescindible para mostrar el trabajo. En ese sentido tenemos artistas que potencian mucho las redes sociales. Otros están aprendiendo.

El trabajo del comunicador implica llegar a todos, acercar esa posibilidad para que se comprenda la fortaleza de la organización, para mostrar lo conseguido, la esencia del arte que cohabita con nuestras comunidades. Es importante que Artemisa se vea y que la UNEAC se vea, pero no a través de algunos sino de todos. Por eso decimos que en la UNEAC está la fuerza. Esa premisa no es solo nacional. También la asumimos con convicción en las provincias.

¿Qué características debe tener un comunicador cultural? ¿Qué competencias requiere en estos tiempos de pandemia, de guerra mediática y simbólica?

―Lo primero es ser empático. Conocer el trabajo del artista, del entrevistado, del articulista… Que te hable de su labor, de sus interioridades. Es imprescindible conocer la obra y sobre todo al ser humano detrás de la obra. No se puede perder de vista que los miembros de la organización también tienen problemas, situaciones familiares y personales. Hay que aprender a crear lazos, a transmitir afecto, a ponerse en el lugar del otro. La obra de un ser humano está muy ligada a la esencia de esa persona, a la realidad que vice y a cómo la interpreta o asume. El comunicador que pierda eso de vista desnaturaliza sus funciones y pierde la batalla.

¿Qué crees que espera el pueblo artemiseño de sus artistas?

―Creo que las instituciones y organizaciones aspiran a que los artistas, y los miembros de la UNEAC en especial continúen contribuyendo a la conformación de una identidad artemiseña. Ese es el gran reto y el gran propósito. Estoy convencida de que se puede conseguir y se está consiguiendo desde la cultura.

Los artemiseños esperan espacios para disfrutar del talento que es abundante en esta provincia. Hay mucho talento y también mucho talento escondido.         Hoy nos sorprenden las publicaciones en las redes mostrando habilidades increíbles. Desde los municipios aparecen exponentes valiosos de todas las manifestaciones. El pueblo tiene que conocer eso. Tiene que conocer a sus artistas.

Creo que el papel de los comunicadores, y más allá, el papel de los medios y de la comunicación en general, es vital en materia de procesos y hechos culturales. En ocasiones nos duele ver que un espacio no tiene la afluencia de público que pudiera, que se desaprovecha una presentación.

A veces nos falla la promoción, también adolecemos de una crítica que nos ayude a valorar nuestras propuestas y formar un criterio especializado. Eso nos hace ignorar las sombras y ser triunfalistas. El papel de los comunicadores se hace entonces más complejo, porque desde lo empírico o desde el gusto personal nos corresponde proponer y corremos el riesgo de enseñar a tocar guitarra con un instrumento desafinado.

Los comunicadores podemos incidir mucho en la creación de un consumo cultural adecuado, pero eso requiere preparación y seriedad. En el pueblo hay avidez, pero no siempre la orientación es la adecuada y se pierden espacios enriquecedores.

¿Cuáles consideras que son las fortalezas culturales de Artemisa?

―Un gran movimiento de escritores muy talentosos. Grandes figuras de la música cubana como Pancho Amat o  Erdwin Vichot. En la plástica hemos visto a Artemisa en el reciente evento internacional de humor gráfico en San Antonio de los Baños… Artemisa es una cantera de artistas y de arte. Creo que hay mucho talento con capacidad de entrar a la UNEAC.

No se logra posicionar en los medios el trabajo de la UNEAC solo con las acciones del comunicador institucional. ¿Hasta dónde consideras que esta es una tarea también de los artistas y escritores?

―Una intenta llegar a todos y promover el trabajo de todos, pero eso no siempre es suficiente. Tenemos muchos miembros y están muy dispersos geográficamente en el territorio. Quizás por la dinámica con la que se vive hoy, no todos le conceden la misma importancia a la comunicación de su obra. A veces no sabemos qué está haciendo el artista o el escritor y eso nos limita. Pero te aclaro que eso no nos detiene.

La UNEAC celebra sus sesenta años y los sesenta años del discurso de Fidel, Palabras a los Intelectuales. ¿Qué implican, para la comunicación, estas celebraciones en las actuales circunstancias de pandemia global?

―Creo que desde siempre la UNEAC ha sido protagonista de los cambios y las grandes transformaciones que ha vivido el país desde la creación misma de la organización. Eso se evidencia en los intercambios que se están realizando en el seno de la organización a propósito de sus sesenta años. Los artistas siempre han sido muy veraces y la verdad siempre es revolucionaria. Estamos en un excelente momento para mirarnos por dentro, para cambiar lo que debe cambiarse como dijo Fidel y que la cultura llegue cada día en mejores condiciones y con más calidad a nuestros públicos.   

―Según tu experiencia en esta tarea, ¿cuál es la fórmula para el éxito de un comunicador de la UNEAC?

―Hay que profundizar, aunar fuerzas, engrasar los mecanismos de trabajo, crear alianzas estratégicas y comprender la cultura como algo indispensable para nuestro crecimiento como país. Un país que pone a las ideas en primer lugar requiere poner a la cultura también en primer lugar porque la cultura es la presentación de esas ideas de una manera bella, agradable, sublime, artística. Y te aseguro que comunicar eso es un privilegio.  

Hace señas para que apague la grabadora. Yaki prefiere estar del lado del entrevistador y yo me doy por satisfecho con sus declaraciones. En su mirada hay una mezcla de reproche y complicidad. Me levanto para retirarme y ella sostiene mi brazo con fuerza. Ahora a sus ojos se asoma la amenaza. Un momento, me dice, de aquí tú no te mueves sin garantizarme un trabajo periodístico sobre lo que estamos haciendo en la campaña por los sesenta años. ¡Me lo debes!

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