Creado en: febrero 12, 2021 a las 08:14 am.

Canciones para enamorados

El autor de la canción es el portavoz de una comunidad, el corifeo de la tribu, el mensajero de un país. En la Grecia antigua esa tarea la efectuaban los rapsodas, aedas y bardos. En el África, los griot, que, además eran como bibliotecas ambulantes, de una memoria asombrosa.

La lírica tradicional o lírica popular amorosa es el conjunto de textos poéticos que se ha transmitido oralmente de generación en generación y cuyos autores nunca han sido conocidos o se han olvidado con el transcurso del tiempo. Comprende las manifestaciones orales anónimas y en verso del género literario lírico que se dan en la fase más primitiva del desarrollo de una cultura: el folclore producido colectivamente por el pueblo.

La canción amorosa es un arte prehistórico, el especialista Francisco Rives, escribió que “quizás la canción de amor, entre todas las manifestaciones colectivas sea la que mejor refleja el modo de ser de un pueblo. No sólo porque ha salido de él, sino porque, aun ciñéndose a los cambios históricos, nunca perdió su esencia”. 1

Ramón Menéndez Pidal refrenda esta conclusión al escribir que “la lírica popular brota como expresión espontanea. Posee una amplia variedad de motivos, esa mayor sensibilidad, es una de las riquezas principales de la música popular y justifica que sea ella la tradicional de un pueblo. Como contrapartida está la lírica demasiado intelectual rígida, indiferente”. 2

Friedrich Hersfeld en su libro Tú y la música, dedica unas letras a los lieder populares y considera que “ofrecen una descripción musical pródiga en idilios. El mozo que va de viaje. Los temas de amor. Los cantos populares en lejanos tiempos giraban en torno a estas cosas. Esas canciones no deben ser criticadas. En muchas late una cálida y auténtica sensibilidad, por más que a nosotros dejen de conmover las muchas lágrimas que hicieron derramar. Esas canciones, las más de las veces, presentan sufrimientos y tristezas que dejan en el hombre una huella muy honda…Con destino a las serenatas de la feliz Viena del rococó Haydn y Mozart compusieron a fines del siglo XVIII canciones y divertimentos que hoy calificaríamos de música de salón o recreativa”. 3

El oficio de escribir canciones populares maravillosas tiene su misterio. Alejo Carpentier contaba que George Aurie, compositor de la melodía de Moulin rouge, famosa canción que le conquistó una verdadera fortuna, tenía su mérito “en haber compuesto espontáneamente, sin tanto afán de elaboraciones complejas que le quitaran el carácter. Aurie desconfiaba de la canción intelectual, sabía que lo importante de una canción consistía en la excelencia de la factura y la gracia del contenido, como las creaciones de George Gershwin”.  4

“Precisamente es en la espontaneidad donde está el encanto de la música popular. El inmenso valor de la música y la canción de amor reside en su sinceridad, sencillez y profunda creación”. (Musicólogo LeopoldStokowski)

“Lo que necesito es que me adormezcan, que me arrullen, y en mi Homero los he encontrado en abundancia”. (Las cuitas del joven Werter/ Goethe)

“y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, del cisne del amanecer, corazón mío son sin duda la poética elemental e imprescindible”. (Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, 1971)

“Es tarde supe que, si no fuera escritor, hubiese querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, sólo para que los enamorados se quieran”. (Premio Nobel de Literatura, 1982, Gabriel García Márquez, entrevista de A. López en Revista Opina, oct. 1985, pp. 2-3)

NOTAS:

1-Francisco Rives (Selección y notas), Canciones populares de España y de América, Santillana, Madrid, 1969, p. 5

2-Ramón Menéndez Pidal cuenta con un clásico libro titulado Poesía juglaresca y juglares, Espasa-Calpe Argentina, 3ª. edición, 1949).

3- Friedrich Hersfeld en su libro Tú y la música, Ed. Labor, Barcelona, 1964, p. 273.

4- Alejo Carpentier, Ese músico que llevo dentro, (T. III), Letras Cubanas, la Habana, 1980, p. 229

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